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DECLARACIONES COMO LA DEL DECENIO INTERNACIONAL PARA LOS AFRODESCENDIENTES SÓLO BENEFICIAN A QUIENES ESTÁN EN EL TOP DEL MOVIMIENTO Y SUS FAMILIAS: EXPERTO

Marcelo Paixão. Crítica. [Foto: Nadia Alvarado]

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El movimiento por el reconocimiento constitucional de los afrodescendientes en América Latina, a partir de actos declaratorios de organismos como la ONU, están produciendo una élite política que se ha beneciado con ello, al igual que sus familias, de acuerdo con análisis hechos por expertos en el tema, como el colombiano Carlos Viafara; además, otros expertos aseguran que es necesario que los movimientos tengan su propia agenda, al margen de la oficial; y, para el caso de México, se hace evidente que, hasta la administración anterior, el Estado no había intentado siquiera realizar las acciones del organismo internacional.

 

La declaración del Decenio:
algunas valoraciones positivas

 

En 2015, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas proclamó el Decenio Internacional para los Afrodescendientes (su duración va del año 2015 al 2024), cuyos objetivos versan en torno a temas como reconocimiento, justicia y desarrollo de los afrodescendientes del mundo; y los Estados que firmaron esta declaración se comprometieron a realizar acciones que mejoren las condiciones de vida de dicha población en sus respectivos países.

Han transcurrido ya tres años desde entonces, y para reflexionar sobre los objetivos e impactos que esta declaración internacional ha tenido, activistas y académicos afrodescendientes de algunos países de América Latina expusieron sus puntos de vista en una mesa de diálogo que tuvo lugar en el marco de la conferencia «Entre la identidad y la clasificación: desigualdad racial en las Américas», realizada en Ciudad de México, del 18 al 20 de junio de este año; ahora, Trinchera retoma esas discusiones y algunas de sus conclusiones por la importancia que revisten para nuestros lectores y para la población de nuestro estado.

Al hablar de los aspectos que observa como positivos en la declaración del Decenio Afrodescendiente, Carlos Viáfara, académico e investigador de la Universidad del Valle en Cali, Colombia, comentó: «Lo que uno pudiera leer entre líneas en ese documento, es que hay una noción de acción afirmativa que enfatiza en el desarrollo humano como una herramienta fundamental para mejorar las condiciones de vida, las posibilidades de elección de la población afrodescendiente, y me parece que en países como México (donde evidentemente no existe legislación y el debate era todavía incipiente) el efecto simbólico del decenio puede ser mucho más grande que en un país como Brasil, que tiene una larga tradición, digamos, en torno de políticas de acción afirmativa, o un país como Colombia, donde se han promulgado políticas de acción afirmativa y, sin embargo, no se aplican. Entonces, allí sí podemos tener un efecto diferenciado».

En ese sentido, Tobyanne Ledesma, de la asociación Ciudadanía Activa MX, habló de la ventaja que significó en el ámbito local una declaración internacional como ésa, para hacer un trabajo que incidiera en la Constitución política de la Ciudad de México, que vio la luz por primera vez en el año 2016: «Este proceso era una oportunidad única de incidencia legislativa, y el tema del reconocimiento de las personas afrodescendientes o afromexicanas no podía quedar fuera de esta discusión. La participación de las organizaciones fue determinante para empezar a trabajar en un texto que pudiera reflejar las demandas de un movimiento nacional, aunque estuviera en él sólo este documento de Ciudad de México… sentar un antecedente y obligar al Estado mexicano a avanzar en el reconocimiento. El gran problema que tenemos en el Estado mexicano es que no tenemos todo el andamiaje legislativo necesario para lograrlo, y el Decenio de las personas afrodescendientes fue justo ese empuje que necesitábamos. Debemos recordar que la reforma al artículo primero de la Constitución federal obliga al Estado mexicano a reconocer todos los convenios internacionales como parte de nuestra estructura jurídica, por eso es que tomamos esta coyuntura internacional para lograrlo».

 

Hay que cuestionar el modelo de desarrollo
desde la dinámica de los movimientos afro e indígena

 

El brasileño Marcelo Paixão, académico e investigador de la Universidad de Texas, manifestó que le preocupa la desigualdad que se vive en los países de América Latina, resultado de un modelo de desarrollo implementado desde los años ochenta en esta región: «¿Cómo hacer para que el decenio afrodescendiente pueda llevarnos a una situación diferente a donde estamos ahora? Porque mismo Brasil, con todos los avances recientes en términos de la legislación antidiscriminatoria, las acciones afirmativas, las realidades de las desigualdades raciales, en Brasil es muy mala por diferentes razones; entre otras, porque estamos viviendo un momento ahora en todo el mundo, que es un movimiento de un avance que es considerable del conservadurismo, y eso cuando no, del fascismo».

Pero no sólo eso, sino que el movimiento por la defensa de los derechos de los afrodescendientes, así como otros movimientos sociales, ocurre en «un tiempo histórico», aseguró. Y agregó: «Ya lo hizo tener en cuenta Brasil, donde hay un candidato llamado Jair Bolsonaro, que tiene un discurso abiertamente homofóbico, racista, en la defensa de la dictadura militar… y, lo que pasa es que los movimientos que se han sido generando en la región, el crecimiento de los movimientos indígenas, el crecimiento de los movimientos afrodescendiente, están involucrados a un tiempo histórico…. Estamos ahora trabajando en un momento donde esas contradicciones son visiblemente mayores de lo que estaban hace algunos años atrás. Mi lugar, desde donde hablo, está relacionado no sólo con lo que piensen hacer, pero, también, en qué escenario histórico esas acciones van a ser implementadas. Creo que ésa debe ser una de las cosas que debemos tener en consideración cuando pensamos en el decenio».

 

El Decenio, mero acto declaratorio

 

Respecto a las críticas a la declaración del  Decenio afrodescendiente, Carlos Viáfara cuestionó: «Yo creo que ya hemos tenido el año de los afrodescendientes, pero parece que ese año no bastó y ahora tenemos el decenio de los afrodescendientes; posiblemente tengamos el siglo de los afrodescendientes… algo así, seguro… de esta magnitud. Aunque esto es una declaración de las Naciones Unidas, yo no creo que se haya calculado lo que esa declaración implicaba; esto, pensando por ejemplo en declaraciones como los objetivos del desarrollo sostenible, objetivos del desarrollo del milenio. Lo que estoy diciendo es que no pasa de ser una declaración de las Naciones Unidas, sin medir evidentemente los compromisos que esa declaración implicaba en términos de políticas de inclusión, de igualdad, para la mayoría de los países del mundo».

Dijo que en su país fue parte de un equipo de trabajo que elaboró un plan de acción para implementar las medidas del Decenio y ese plan iba a estar coordinado con el Plan Nacional de Desarrollo; sin embargo, eso no sucedió, y enfatizó: «Entonces, desde mi perspectiva, es como una fachada para decirte que realmente el gobierno colombiano está comprometido con el Decenio, de que evidentemente lo firmó, de que, inclusive, ya hay unos estudios, ya hay un plan de acción, pero si eso no se integra a la política local, básicamente no va a pasar absolutamente nada. Por lo menos, en el caso colombiano, no deja de ser una declaración decorativa, evidentemente, como muchas que se han dado para mejorar las condiciones de vida de la población afrodescendiente, sin ningún impacto hasta ahora, efectivamente, en esas condiciones de vida que se quieren mejorar».

 

México: falta de compromiso del Estado

 

Uno de los ejemplos de la falta de compromiso del Estado mexicano es la falta de recursos económicos, de acuerdo con Tobyane Ledesma: «No hay presupuestos específicos, que eso es uno de los temas fundamentales. Podemos tener reconocimientos, legislaciones, pero si en nuestros estados no hay presupuestos y no empieza a haber una lucha para que existan etiquetas específicas para políticas públicas, entonces, vamos a avanzar muy poco, porque seguirá siendo una lucha de agenda desde las organizaciones, pero sin este compromiso del Estado, que se ve a partir de la inversión que hace en la educación, en cultura, en emprendimiento. No está la visión intercultural en nuestros presupuestos; entonces, creo que ese es uno muy importante. Segundo, en el caso mexicano tenemos, yo creo, estas grandes legislaciones, pero que las llevamos poco a la acción. Podemos incluso llegar al reconocimiento nacional, y tenerlo en la Constitución, pero no hemos avanzado a nivel social y cultural sobre el racismo y la discriminación».

Desde la mirada de Marcelo Paixão, hay otras resistencias que considerar a escala mundial: «Hoy estamos mirando que la globalización está también medida por una nueva lógica, donde el fortalecimiento del Estado-nación se pasa por la peor manera posible, a través de la xenofobia, del racismo, a través de todos esos movimientos. Supongamos que las Naciones Unidas está haciendo efectivamente el ordenamiento de las relaciones internacionales… también pasa que los diplomáticos tienen sus acuerdos… hay una diferencia entre la Conferencia de Durban, Sudáfrica, en el 2001, contra el racismo, la discriminación racial y la xenofobia y la conferencia de examen de Durban, celebrada en Ginebra en 2009. En esta última supimos de la resistencia de los estados nacionales que estaban presentes por todos los países del mundo para la incorporación de la legislación antidiscriminatoria: el contenido de los acuerdos de Ginebra han sido mucho más reducidos en la generación de lo que ha pasado en el 2001, aunque, en cierto sentido, en la región latinoamericana hubo algunas consecuencias prácticas. Si México hoy debate las estadísticas raciales en parte es por cuenta de los acuerdos que México ha firmado con la comunidad internacional. Es una cosa muy buena».

Pese a ello, llamó a realizar acciones más allá de estas declaraciones internacionales: «Creo que es un buen momento de asumirnos. Puede ser un decenio, un  quinquenio, un milenio afrodescendiente, esto está en nuestras manos, y no esperar que los estados nacionales lo hagan, porque no lo hacen... Buscar la articulación, aprovechar las pocas brechas. Ahí sí, el decenio puede ser importante para nosotros: aprovechar las pequeñas brechas que están presentes para incursionarnos… nuestra capacidad como nación y a nivel internacional, nuestro empoderamiento, de tal suerte que en 10 años seamos muchas las personas que estamos haciendo este trabajo de fortalecimiento de organizaciones, de capacidad de influenciar modelos de desarrollo mucho más que simplemente de las políticas compensatorias. Creo que –como Carlos Viáfara ha dicho– nosotros debemos tener nuestra propia agenda de decenio afrodescendiente, de tal suerte que nosotros podamos hacer una comparación a más de 10 años con los objetivos que hemos establecidos para nosotros mismos».

 

Sin recursos del Estado,
no hay empoderamiento de los movimientos

 

Este economista también hizo una precisión respecto al tema de los recursos o fondos que se demandan para el tema afrodescendiente, los cuales son necesarios, pero entrañan peligro. «Esa cuestión del fondo sería muy importante; sin eso no hay empoderamiento, si no tenemos eso estamos haciendo poesías efectivamente, pero también creo que en esos fondos… muchas veces escucho de ello… hay muchas cosas que están involucradas cuando hablamos de recursos… porque aquí, ahora somos todos hermanos, no tenemos fondo alguno; pero, empezamos a tener algún fondo, y empezaremos a tener serias discusiones, porque va a estar involucrado el poder económico, que relaciona con poder político, etcétera. Entonces, mientras no tenemos los fondos, ¿cuáles serían las cuestiones?, ¿fondos para ONG o movimientos sociales? No necesariamente. ¿Cuáles serían los niveles de las prioridades? ¿Fondos, fondos perdidos? ¿Cómo serían esos fondos? ¿Cómo son llamadas las propuestas?», planteó.

Acerca del tema de los recursos, Carlos Viáfara expuso otras consideraciones: «Supongamos que exista el fondo en los gobiernos de América Latina… inclusive en un país como lo es Colombia… realmente no existe una metodología de cómo articular la política nacional con las políticas locales, y eso me parece que es muy problemático para la población afrodescendiente. Es decir, los gobiernos locales no están obligados básicamente a seguir las políticas del gobierno nacional y eso va a complejizar la aplicación de este tipo de políticas en ese mismo sentido. Inclusive si los gobiernos locales llegan a tener esos recursos, pues lo que yo he visto o lo que viví cuando estuve en la alcaldía, es que no existe ninguna metodología de esos municipios, de esos entes municipales, para involucrar la variable de autoreconocimiento étnico racial.

»¿Qué es eso? ¿Cómo se involucra? ¿Tenemos los datos suficientes para saber qué tanto vamos a repartir aquí? Eso no existe. Y eso, evidentemente, habría que construirlo; en ese mismo sentido, claro, se requeriría mucho más investigación. O sea: ¿qué vamos a aplicar? Acciones afirmativas, en ese sentido, para, efectivamente, podríamos decir, morigerar la discriminación o algún tipo de política, de acción preferencial, si no encontramos discriminación, pero descubrimos que de todas maneras es un grupo que ha estado sometido a una desventaja histórica. Entonces, definir ese tipo de cuestiones desde el punto de vista técnico es importante, y la mayoría de los gobiernos locales no lo tienen en cuenta o no saben de qué se está hablando».

 

El top del movimiento afro,
alejado de la población

 

«Otra cuestión que me parece importante es que ahí sí se necesita una mayor coordinación del movimiento afrodescendiente a nivel internacional, nacional-local; pero también hay que evitar la burocratización de ese movimiento. Yo, lo que digo, que en este momento realmente los únicos que se están beneficiando de todo este tipo de declaraciones son los que están en el top del movimiento y eso no llega básicamente a las poblaciones. El movimiento tiene que trabajar para las poblaciones a las cuales representen y no trabajar para ellos y sus familias, que es lo que estoy viendo que está pasando hoy en día, por ejemplo, en Colombia. Se requiere una mayor coordinación entre la academia y las organizaciones. Evidentemente se necesita un empoderamiento desde abajo que supere de alguna u otra manera todo este tipo de declaraciones que hacen estos organismos multilaterales y que realmente no sabemos evidentemente cuál sea su finalidad o su intención».

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