S U P L E M E N T O

Número 64. Año 2. 3 de diciembre de 2018. Cuajinicuilapa de Santamaría, Gro.

Suplemento de antropofagia cultural, etnicitaria para afroindios y
no-afroindios de Guerrero y de Oaxaca, y de todo el universo oscuro.

EL ABOLENGO NEGRO AFROMEXICANO NACIONAL [5/10]

La vida inútil de Pito Pérez:
en busca del aporte africano al sentido del humor picaresco mexicano

Marco Polo Hernández Cuevas

Se trata de importante sector de la sociedad anónima mexicana cuyos ancestros africanos arribaron en comandita mediante mercado negro controlado. Herederos que arrancados de la amada y casi desconocida madre lejana, de alguna manera estamparon huella profunda en el linaje y cultura del occidente mexicano, en jal-mich y en el noroeste de la misma entidad michoacana.

Álvaro Ochoa Serrano

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La historia de México, examinada bajo el lente africanohispanoamericano, revela que el mestizaje es el resultado de la mezcla de gente de casi todos los puntos cardinales del planeta. Los tres troncos primordiales de la mezcla que produce al mexicano actual provienen principalmente de las primeras naciones originarias precolombinas, de gente de un cinturón de cuatrocientos kilómetros del África negra occidental y de los no menos diversos y coloridos españoles. Actualmente, el linaje negro africano del mexicano empieza a ser reconocido en los círculos académicos, pero, por lo general es desconocido o negado en México y en el extranjero. Hasta hace poco la versión oficial ha insistido que el mestizaje mexicano es el resultado de la mezcla exclusiva entre españoles y originarios. Las instituciones educativas desde la primaria hasta la universidad profesan esta visión. Sin embargo, este discurso empieza a ser refutado, cuando menos entre los estudiosos del tema.

Hoy ya existe información que verifica el abolengo africano del mexicano, empero, las revelaciones emergentes confrontan algunos problemas: mientras se reconoce el linaje africano de lo mexicano se le entiende como un legado, en el sentido de ser algo del pasado, y toda cuestión relacionada con lo africano es percibida desde un punto de vista eurocéntrico al insistirse que ya ha sido integrado, hasta su desaparición, dentro del mestizaje. Una de las pruebas presentadas para apoyar este punto de vista es que, en lo que concierne a la cultura, lo que se ha escrito está en español. Esto es como decir que toda la música tocada en guitarra es árabe dado el origen del instrumento. El lenguaje ha sido un instrumento para expresar experiencias y los sentimientos emanados de éstas.

El abolengo africano del mexicano, además de un legado, es presencia. Lo africano, traído por los esclavizados negros, que literalmente floreció en el nuevo ambiente, integró en parte fundamental lo mexicano. Lo negro africano de lo mexicano se encuentra grabado y palpita en el ritmo de sus sones, pulsa y le regala una nueva tonalidad al lenguaje español con la incorporación de maneras alternas de ver y sentir expresadas en piezas de poesía popular, como el vocablo chingar. Sin considerar lo africano como uno de los elementos vivos del mexicano, no se puede hablar con sensibilidad acerca de lo mexicano. El abolengo africano de lo mexicano es corroborado con los cinco sentidos, puede verse, escucharse, tocarse, olerse y saborearse. Donde quiera que uno ande en México, para la persona informada, se harán obvias varias características que manifiestan la participación africana en la construcción de la nación moderna.

Más poderosa que el calimbo de fuego con que fueron marcados los esclavizados negros, que las designaciones de castas que nos hicieron infames y que los mitos de corte criollo que estigmatizan la negritud y niegan su profundo legado, en el México popular actual se puede apreciar la marca africana, indeleble en el ser, que perforó un camino propio hasta el alma nacional para conformar parte primordial de lo mexicano. Esto se confirma en las cosmovisiones, en las comidas, en las músicas, en los lenguajes y, particularmente, en el sentido del humor irreverente de los afromexicanos, desde siempre vapuleados y negados que, sin embargo, son la mayoría de los mexicanos hoy.

La vida inútil de Pito Pérez (1938), de José Rubén Romero (1890-1952), desde esta perspectiva, cobra una dimensión adicional, sobre todo al considerarse el origen del vago, mezcla, broza, chinaco, pelado, lépero o pícaro que será bosquejado después de un breve repaso del enfoque crítico en el que se apoya este estudio, y de un preámbulo sucinto sobre la difusión, estructura, argumento y el género de la novela.

La vida inútil de Pito Pérez es una crítica tenaz hacia el gobierno mexicano, sus instituciones, el clero y la élite criolla. Es una burla y condena del populacho, el cual, de acuerdo al protagonista, Pito Pérez , permanece esclavizado por sus creencias e inercia. Esta novela es un testamento de desprecio contra un destino que sólo le permite a los Pitos Pérez mexicanos desarrollar un sentido distorsionado del amor, un deseo total, plagado de erotismo, por la muerte misma. A pesar de esto, bajo un análisis detallado se descubre que la novela se apega a una estética blanca.

Richard L. Jackson ha destacado que la fobia al negro y la estética blanca son constantes en parte considerable de la literatura latinoamericana que se refiere a los negros y a sus descendientes. La belleza, la moralidad, la civilidad, la galantería, la bravura, las proezas, la diligencia, el control, la sinceridad, la intelectualidad, la bonanza, y el amor a la vida, entre otras virtudes, son medidas de acuerdo a qué tan blanca se vea una persona; en suma: entre más blanco sea alguien, es más virtuoso. Esta cosmovisión, de acuerdo con James Snead, realimenta estereotipos de la gente que no es blanca. Una vez que llega a los canales de persuasión y penetra a las masas, a través de medios como la novela de distribución masiva, reintroduce, repite y refuerza estereotipos, desarrollando así códigos que deforman la memoria nacional y confunden la percepción que los sujetos desarrollan de sí. Con relación al proceso de persuasión de masas, en The Medium is the Massage: An inventory of Effects (1967) (El medio es el que modela: un inventario de efectos), Marshall McLuhan aclara que el medio es el que forma.

La vida inútil de Pito Pérez es un culebrón o novela de psicoanálisis. Es una obra que introduce al lector a la sicología del teporocho Pito Pérez, quien observa la situación de su tiempo y lugar: las acciones que se desarrollan en Michoacán y Guanajuato en las primeras décadas del siglo xx, durante el nacimiento de la nación moderna. La tesis del pícaro-borracho en La vida inútil de Pito Pérez hace eco al juicio del pelado mexicano, publicado unos años antes por Samuel Ramos en su análisis psicológico del pueblo mexicano intitulado El perfil del hombre y la cultura de México, en donde el pelado o lépero, una cantidad obvia de la población para ese entonces, es un ser patético carente de valor alguno, que vale un pito, la encarnación misma de todos los males, la carga extra que impide la modernización de México.

Ante esta situación surgen una serie de interrogantes sobre el entorno de La vida inútil de Pito Pérez: ¿Qué pasó en México después de la Revolución? ¿Qué sucedió con las instituciones que se habían venido reestructurando durante los casi cien años después de la Independencia? ¿Qué pasó con las masas multiétnicas y pluriculturales? ¿Cómo era la vida en el Bajío durante las primeras cuatro décadas del siglo xx por donde vaga y filosofa Pito? ¿Cuál era el sentir general?  ¿Qué comían? ¿Qué música escuchaban? ¿Qué otra cosa fue lograda además de la muerte de una décima parte de la población nacional (cerca de un millón) cuya mayoría eran morenos, prietos, negros, pintos, etc? ¿Sobre qué bases se narraba a la nación moderna?

Una respuesta completa a todas estas preguntas se extendería fuera de los parámetros de este apartado. Sin embargo, una lectura a la novela inclusiva de una respuesta parcial sí es posible bajo el entendimiento que John Brushwood concibe respecto al género. Para él, la novela es capaz de expresar la situación de una nación dada su habilidad para cubrir tanto lo visible como los elementos imperceptibles a simple vista. En su cúspide, la novela examina la realidad interna, que es una parte más profunda de las condiciones existentes, y también los sueños, que trascienden lo manifiesto en una dirección distinta. Es capaz de indagar en ambas direcciones acerca de las circunstancias aparentes sin menguar su conciencia ni la del lector.

La vida inútil de Pito Pérez fue publicada por primera vez en 1938. Desde esa fecha, se han hecho películas en blanco y negro y a color, y adaptaciones teatrales populares basadas en la obra. Existen docenas de artículos críticos sobre la novela en revistas académicas de prestigio internacional. En 1970 aparecieron 5 mil copias de la séptima edición. Para 1995 había sido impresa 36 veces. La edición utilizada para este estudio (1995) fue de 10 mil ejemplares.

La vida inútil de Pito Pérez consta de 232 páginas, divididas en tres partes. Las primeras dos están numeradas I y II y la tercera se intitula “Algunas cosillas de Pito Pérez que se me quedaron el tintero”. La parte I está dividida en ocho segmentos sin número, cada uno de los cuales es una anécdota de los desamores de Pito. La parte II está dividida en cuatro segmentos, también sin número, en donde otras circunstancias de la existencia de Pito son narradas. La tercera y última parte, escrita a manera de posdata, está dividida en cinco capítulos numerados, que contienen más anécdotas.

La narración describe las experiencias sucedidas a un pícaro teporocho, quien se las cuenta a su vecino bajo los humos del alcohol, poco antes de perderse abruptamente por años. El vecino narra la historia al lector. Es un aspirante de poeta que ha escuchado las anécdotas de las andanzas de Pito. El vecino tiene que pagar con vino por escuchar a Pito en el campanario de la iglesia de Santa Clara del Cobre, un pueblo michoacano.

La primera parte de la novela refiere algo sucedido antes de 1910 (cuando la fase armada de la Revolución Mexicana estalló). Son relatos acerca de la vida ambulante de Pito y sus encuentros con diferentes personas y situaciones de la región. Son un tipo de aventuras pintadas de memoria sobre paisajes bucólicos del Bajío mexicano. Se refiere a la percepción que Pito posee de la vida, quizá resultada de sus sufrimientos. Aquí el lector se entera de su preferencia por los productos autóctonos: comida, bebidas nacionales y gente morena. Al mismo tiempo, el lector se da cuenta de que Pito posee amor a la verdad y odio por las castas privilegiadas y por “el compendio de todo un mundo social, lleno de injusticias y desigualdades”; un mundo en donde los controladores prefieren lo europeo. Pito esboza el estado de algunas instituciones con anterioridad a 1910. Narra su niñez y analiza las circunstancias que lo hacen aparecer ante el mundo como un verdadero loco y que lo han aislado socialmente; circunstancias como el irónico “robo” de la alcancía de la iglesia cuando era un monaguillo.

La segunda parte de la novela está conformada por otra serie de relatos acerca de la vida de Pito. El narrador, inesperadamente, se vuelve a encontrar con el protagonista en Morelia, la capital de Michoacán, diez años más tarde, después de 1920, al concluir la fase armada de la Revolución.  Esta parte de la novela describe una cruda realidad social que parece ficción. Pito está subempleado vendiendo trinquetes.  Cuando el narrador le reprocha el haberse ido sin decir adiós, Pito contesta que tenía que irse para seguir viviendo y «tener de que hablar». En esta segunda parte, mediante una alucinación sufrida por Pito, las creencias religiosas son puestas a juicio porque aun en el cielo se hacen diferencias de acuerdo al color de la piel. El idilio de Pito con La Caneca, una calaca, es revelado, e informa al lector de que Pito es hallado muerto «sobre un montón de basura, con la melena en desorden, llena de lodo, la boca contraída por un rictus de amargura, y los ojos muy abiertos mirando con altivez desafiadora al firmamento».

La tercera parte de la novela está formada por relatos sobre la vida de Pito, que son revelados después de su muerte.  Esta sección es una oda a la desgraciada existencia de Pito y es utilizada para acabar la descripción del personaje central, un pelado, un lépero, un prototipo del mestizo o mezcla, y nos pone al tanto de un lugar que se encuentra sitiado por extranjeros e intereses ajenos. ¿Qué no puede decirse acerca de un vago muerto? El narrador extiende una elegía:

 

Hay truhanes de buena suerte a quienes todo les sale bien, y pícaros sin fortuna como nuestro amigo Jesús Pérez Gaona, que no dijo mentiras y nadie creyó en su palabra; que no mató a bicho viviente y todos huyeron de él como de un asesino; que se ingenió para comer y no pasó de ser un muerto de hambre; que buscó el calor de un cariño y halló el desprecio de todos y la indiferencia de todas, al grado de decir con ironía: mi mano será mi propia viuda.

 

La última parte de la novela narra que Pito nunca fue amigo de la autoridad civil o eclesiástica, porque ambas ofrecen castigo en esta vida y en la otra, y ninguna le ofreció «un pedazo de pan».

La vida inútil de Pito Pérez es una historia sobre la lucha desigual entre un pelado y su circunstancia. Pito y la sociedad mexicana de poco antes de la Revolución y de las primeras décadas del siglo xx son los actores centrales. Los personajes secundarios sirven como telón de fondo y cobran vida al vérseles como comunidad. Ninguno es fraguado como individuo, sería más preciso decir que son presentados como una masa de características. Como un herrero que forja una obra, el autor forma imágenes reconocibles a partir de la masa anónima. Romero le presta vida y color a parte de la gente borrada mediante la ideología del mestizaje. El autor parece reírse de sí mismo y nos hace reírnos de nosotros mismos, mientras bebe y nos hace beber poco a poco el amargo contenido del cáliz de la verdad, una realidad que, trago a trago, quema hasta el alma. La pluma de Romero saca chispas mientras compone poesía popular: la sátira que emana del espíritu de un pueblo cuya imagen carece de reflejo en el espejo nacional: un pueblo capaz de reírse hasta las lágrimas (aun ante la paradoja de existir y no poder encontrarse reflejado) dado un sentido del humor que se desprende de caminar desde su origen asido de la mano de la muerte, un pueblo de esclavizados (y sus hijos) que, como parte de la vida diaria, ha olido la carne violada, un pueblo que sin desmayo ha luchado una batalla dispar, siquiera para poder continuar muriendo con dignidad, un pueblo cuyo conflicto interno no surge del choque entre dos raíces, ni de su incapacidad de reconciliar tres o más, sino que resulta del terror físico y mental al que ha estado sujeto.

La vida inútil de Pito Pérez hace eco a la obra anónima La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (1554), un libro que para Joaquín Aguirre Bellver continúa rodeado de misterio porque todavía presenta tres enigmas:  autor, fecha en que fuera escrito y significado de la historia. La vida de Lazarillo de Tormes es considerada como uno de los trabajos en prosa más importantes de la lengua española.  Describe las experiencias de un pícaro que encuentra hambre y miseria al obtener empleos como guía de un ciego, como monaguillo y como paje de un hidalgo. De allí desarrolla una visión mordaz, tanto de la vida en general como de las circunstancias propias. La vida de Lazarillo de Tormes describe la sociedad en la que existe el personaje central que es el Lazarillo. Esta obra es la primera novela picaresca en español. Aunque La vida inútil de Pito Pérez no sea nada nuevo para el género picaresco, cuando menos dos puntos fundamentales la diferencian de La vida de Lazarillo: en La vida inútil el autor es conocido, e introduce un sentido del humor que posee nuevos colores. La vida inútil informa al lector que el narrador es el autor y que es él quien juzga a la sociedad debido a la muerte, o a la desafortunada vida de Pito, cuando expresa «la miseria no engendra alegrías y la risa de los pobres, cuando de tarde en tarde se ríen, parece mueca de dolor».

El sentido del humor reflejado en La vida inútil de Pito Pérez es primordialmente un producto de la experiencia de las y los originarios, negros, y españoles. Es resultado de la amalgama entre todos y cada uno. El sentido del humor en La vida inútil de Pito Pérez se encuentra muy lejos de ser un simple transplante. La cultura popular africanohispano-americana, aunque empieza a gestarse en el siglo xvi, adquiere carácter político en el xviii debido a su poder de expresión, y juega un papel fundamental en el desarrollo del sentido del humor mexicano.

Antonio García de León subraya que por lo regular cuando se menciona el barroco dentro de sus varias manifestaciones, se olvida la circularidad e interdependencia entre la cultura popular y la cultura académica escrita, particularmente en el territorio intangible de la literatura y la música. El sentido del humor en México adquiere dimensiones adicionales bajo la luz de la trata transatlántica de esclavizados y la subyugación y esclavización de negros, originarios y asiáticos. La vida inútil de Pito Pérez, con el lente de este análisis, permite observar que el sentido del humor contenido es producto de una experiencia inclusiva del abolengo africano.

Pablo González Casanova identifica las primeras danzas y cantos profanos (sones, jarabes, etc.) como las raíces de la sátira popular mexicana. Insiste que estas danzas y canciones son únicas, no sólo porque fueran perseguidas por la Inquisición, sino porque a partir de éstas las costumbres, las ceremonias, la educación, las autoridades, la forma de orar, la muerte y hasta Dios adquirieron un significado diferente.  Según González Casanova, a consecuencia de la controversia entre los pícaros anónimos y la iglesia, la crítica del sistema madura durante el siglo xviii y «una vigorosa conciencia política es adquirida». Observa que de allí nace una opinión pública que, más allá de referirse a las diferencias personales, a las instituciones y al Estado, se convierte en una posición crítica de alcance político que presagia el advenimiento del movimiento de independencia a principio del siglo xix, que para 1821 concluiría con el rompimiento de la colonia con España.

El periodista independiente José Joaquín Fernández de Lizardi es quizá uno de los más conocidos escritores de folletines satíricos hasta fines de la tercera década del siglo xix.  Ante el clima político y social heredado del periodo colonial, escribió y criticó bajo el seudónimo El pensador mexicano.  Fernández de Lizardi inicia la tradición novelística mexicana (y quizá la hispanoaméricana). Salvador Bueno, en El negro en El periquillo sarniento: antirracismo de Lizardi, expone la posibilidad de que El pensador mexicano haya escrito la primera novela anti-esclavista en el Nuevo Mundo. En 1816, Fernández de Lizardi publicó El periquillo sarniento, una obra que sigue la estructura picaresca de la novela española.  Sin embargo, difiere de ésta al denunciar la inhumanidad, la crueldad y la irracionalidad de la esclavitud. Consiguientemente, lleva al género picaresco a dimensiones desconocidas por sus antecesores. Carmen Ruiz Barrionuevo apunta que Lizardi supo aprovechar el molde picaresco heredado de España y lo utilizó para servir a sus propósitos y así le dio una talla nueva (40).

El debate acerca de que si El periquillo es una obra picaresca, sugiere que, si fuera picaresca, entonces no posee originalidad. Éste es el mismo problema enfrentado por La vida inútil de Pito Pérez, escrita más de cien años después. Pese a que una respuesta exhaustiva queda fuera de los parámetros establecidos, lo que sí se puede deducir es que ambas novelas están basadas en una experiencia inclusiva de la de los derrotados, y que ambas, como lo señala Ruiz Barrionuevo, están escritas para confrontar el dolor, los errores y las fallas de cada quien y cada cual. Desde la perspectiva de este análisis, ambas novelas son creativas y originales. En el caso de El periquillo sarniento, la voz se opone a la ideología colonial. En La vida inútil de Pito Pérez, la ideología decimonónica, cuando menos en parte, es atacada. Ambos autores utilizan la lengua española y la estructura picaresca como vehículos, pero las renuevan y les otorgan la capacidad de expresar realidades que, más allá de ser simples extensiones de lo español, poseen dimensiones propias. 

Gonzalo Aguirre Beltrán revela que las mezclas, hijos de los originarios, africanos negros y españoles, debido a una legislación inepta y una economía injusta, se vieron forzados a valerse del ingenio para sobrevivir. Sin «medios ni útiles»se dedicaron al robo y a la truhanería por todo el país. Alcanzaron tal número que provocaron «la decadencia de la esclavitud, al tornar incosteable la producción sustentada en el trabajo del esclavo». Estos plebeyos en las ciudades y transeúntes en las haciendas han sido caracterizados bajo un sinfín de nombres despreciativos: chinacos, léperos, pelados, teporochos, vagos, plebe, brosa, nacos, mugrosos, etcétera.  Han recibido nombres acordes a la necesidad histórica; un buen ejemplo de esto es el apelativo de chinaco. Paradójicamente, todas estas denominaciones peyorativas son las que nos permiten rastrear el linaje del pícaro mexicano y establecer las conexiones para sustanciar lo que aquí se dice.

Manuel Payno describe a los léperos y las chinas que observó en un palenque de Puebla en 1843. Asimismo, manifiesta que la existencia del lépero es singular y que, aún con todos los cambios culturales del país, se ha conservado intacta. Narra que el lépero, hijo de padres artesanos y madres sirvientas domésticas, normalmente vive en la holgazanería.  Añade que aunque el lépero no es muy estudioso, es astuto en las cosas mundanas, y ya que no hay nadie que se encargue de él en casa, se pasa toda la vida en la calle aventando piedras o revolcándose en el lodo con otros niños o jalando papalotes. Denuncia que, por lo regular, sus padres son crueles en exceso para corregirle faltas pequeñas, mientras que le toleran cosas graves como el uso obsceno del lenguaje y los pequeños robos que comete en el vecindario. Conforme a la reflexión de Payno, los vagos de los siglos pasados ahora se encuentran subempleados y sus hijos han heredado algunas de sus características como: el habla lépera, la vagancia, la inclinación a lo mundano y una actitud retadora, en particular contra la iglesia católica, que es el principal censor de la época.

 

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