OPINIóN #945

En efecto, como lo han mencionado muchos especialistas, la seguridad pública es un problema complejo y multifactorial. Es decir, lo componen un conjunto de causas que hacen difícil desenredarlo y, en consecuencia, obtener resultados inmediatos. Éste es, por tanto, el reto al que se enfrentan el nuevo gobierno federal encabezado por Andrés López Obrador y el actual gobierno estatal de Héctor Astudillo Flores.
En alguna parte, decía Goethe: «La esperanza es la segunda alma de los infelices». Y en México, donde sigue habiendo una desigualdad brutal, los infelices –los marginados– esperaron por tres décadas para poder ver materializada su esperanza diferida: la de poder ganar una elección con un candidato a quien una y otra vez se le había negado la victoria. La primera vez fue avasallado por todo el aparato del poder del Estado y las élites política y económicamente dominantes...

En agosto de 2017, los cultivadores de amapola resintieron una caída terminante en el precio del kilo de goma de opio, la substancia base para la elaboración de heroína que constituía uno de los negocios millonarios de los traficantes de droga.

Sucedió que otra droga, el fentanilo –de bajo precio y efectos mortales entre sus consumidores– invadió el mercado negro norteamericano con el consecuente impacto en las ventas de heroína, una droga dura y cara que disfrutaba de un mercado cautivo en la Unión Americana, hasta el año pasado.

Propugnar por el reconocimiento de los afromexicanos en la constitución federal, como hacen varios grupos, organizaciones y personajes –tanto de Guerrero como de Oaxaca–, es equivalente a traicionar a don José María Morelos, a don Vicente Guerrero, a don Juan Álvarez y a la hueste que los acompañó en esa gran guerra de castas que ahora conocemos como la de Independencia. En esa larga guerra civil, los dos bandos se enfrentaron violentamente durante once años para imponer su modelo de país...

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