S U P L E M E N T O

Número 39. Año I. 23 de abril de 2018. Cuajinicuilapa de Santamaría, Gro.

Suplemento de antropofagia cultural, etnicitaria para afroindios y
no-afroindios de Guerrero y de Oaxaca, y de todo el universo oscuro.

EL BARCO AFROMEXICANO: MEMORIA Y RESISTENCIA

Paul Raoul Mvengou Cruzmerino

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Pensar las identidades afroamericanas necesita un enfoque comparativo y un análisis de los procesos sociales e históricos de formación de estas identidades. En este sentido, nuestro trabajo se concentra en el análisis del contexto afromexicano, apoyándonos en un trabajo de investigación de campo antropológico. México cuenta, como todos los países latinoamericanos, con una población afrodescendiente. Esta población ha aportado su contribución cultural, política y económica a la construcción del país desde tiempo coloniales hasta la actualidad.

Entre las regiones donde se observa mayor concentración demográfica de afromexicanos se encuentra la región de Costa Chica. Las comunidades afro de esta zona del país afirman que son descendientes de personas naufragadas que vinieron en barcos. Nuestro trabajo, por tanto, irá dirigido hacia el análisis de estos relatos y de su contribución al proceso de configuración de la identidad afromexicana.

Primero, hemos creído necesario presentar algunos elementos de contextualización de la situación política de los afromexicanos en México, luego, describimos la etnografía de los relatos de los barcos hundidos desde la Costa Chica y, por último, propondremos una lectura de estos relatos como una narrativa de resistencia y de memoria.

 

DE LA INVISIBILIDAD EN LA NARRATIVA NACIONAL

La exclusión de los afromexicanos de la narrativa nacional es el resultado de largos procesos históricos y políticos, (situación colonial, Independencia, Revolución mexicana). Estos procesos han forjado un imaginario y un sujeto nacional mexicano mestizo, es decir, producto de un mestizaje cultural y biológico entre indígenas e españoles. Haciendo una arqueología del nacionalismo mexicano apoyándonos sobre el trabajo de Brading, se podría establecer que el nacionalismo mexicano presenta como lejanos orígenes al patriotismo criollo en tiempos novohispanos (siglo XVII). Éste organiza un discurso intelectual, político y cultural que defiende una identidad particular americana, criolla, y un pasado indígena, contra una dominación colonial española. Así, por ejemplo, el termino México aparece en 1604 con la publicación de Grandeza mexicana, del criollo Balbuena. Según López Cámara, este discurso se construyó con fines ideológicos para responder a la presencia colonial española que presionaba económicamente y políticamente a los criollos.

La mayoría de los intelectuales que defendieron esta particularidad eran miembros del clero. Por ejemplo, los precursores fueron Sor Juana de la Cruz y Sigüenza. Sor Juana desarrolló la temática de la belleza de América, de su orgullo de haber nacido en este territorio, de la crítica hacia la dominación española, hacia los indios y los esclavizados en sus versos. Intenta, desde una perspectiva crítica, entender los modos de pensar de los pueblos indios. Sigüenza toma una postura nacionalista defendiendo a los pueblos americanos (los considera como víctimas del colonialismo), describiendo la gran historia y la civilización indígena previa a la colonia (estudios de códices). Estas dos referencias plantean un cierto pre-nacionalismo en la medida en que critican una supuesta superioridad europea, al tiempo que piensan las realidades americanas (de las poblaciones indígenas) apoyándose sobre un incipiente conocimiento científico. El patriotismo criollo utilizó dos grandes mitos sincréticos para solidificar una identidad nacional: la figura de Quetzalcóatl y la de la virgen de Guadalupe. Lafaye nos mostró que Quetzalcóatl, divinidad azteca, es interpretado como equivalente a San Tomás, y que la virgen de Guadalupe es una reinterpretación indígena y mexicana del culto hispánico de la Inmaculada Concepción. El mismo autor señala que la figura de la virgen de Guadalupe fue primero una creencia muy fuerte entre los indios y después se convirtió, en los siglos XVII y XVIII, en un símbolo destacadísimo de la nación mexicana.

En este contexto de construcción de discursos sobre la identidad y la forma nacional, es pertinente señalar la mención a la presencia negra en la comunidad nacional por parte del jesuita y cronista Javier Xavier Clavijero (1731-1787). La obra de Clavijero fue principalmente caracterizada por una perspectiva historiográfica y una defensa humanista de la experiencia indígena. En su trabajo, Clavijero expresa su crítica y desprecio hacia los grupos de esclavizados negros en México, oponiéndolos a los indígenas naturales. Su trabajo se enfoca en tres dimensiones: estética, económica y política. Primero, rechaza la condición negra desde una posición meramente estética, pues, según él «la belleza» no puede ser vista en un cuerpo negro:

 

puede imaginarse un conjunto más opuesto a la idea general que tenemos de la belleza y de la perfección de un cuerpo humano que un hombre fétido cuya piel es negra como la tinta, la cabeza cubierta de lana negra en lugar de cabello […] los labios gruesos y negruzcos y la nariz aplastada?

 

Luego, desde una perspectiva económica, afirma que el peso económico de las poblaciones esclavizadas negras es mucho menor en comparación al trabajo desarrollado por las comunidades indias:

 

Los Negros, que el inmenso territorio mexicano son poquísimos en comparación de los naturales, se emplean en la cultura del tabaco y de la caña y en las elaboraciones de la azúcar: pero el terreno destinado al cultivo, no está, con respeto a la tierra cultivada ni en la proporción de 1 a 2. Los americanos son los verdaderos labradores

 

Desde un enfoque político y ético, Clavijero culpa a los esclavizados negros de haber sido responsables de la pérdida del pueblo mexicano, del pueblo indígena por sus malos tratos y su mestizaje. De nuevo, según Clavijero,

 

los mexicanos con todas las naciones que contribuyeron a su ruina, quedaron, a pesar de las cristianas y humanísimas disposiciones de los reyes Católicos, abandonados a la miseria, a la opresión y al desprecio, so solo de los Españoles, sino también de los más viles esclavos africanos y de sus infames descendientes

 

En otro orden de cosas, hay que tener presente que, a nivel político, tal como lo observa Brading, durante las Cortes de 1810 se plantearon los derechos políticos de los indígenas. Estos fueron reconocidos como sujetos de pleno derecho, teniendo un estatus político igualitario. En cambio, la situación de los negros no se mejoró. De hecho, las Cortes han denegado la posibilidad de darle un sufragio representativo a cualquier persona de ascendencia africana. Así, Scarlett O’Phelan Godoy describe que el debate sobre la igualdad entre americanos y españoles durante las Cortes concernía únicamente a los indígenas e españoles, y a descendientes de ambos, los negros eran excluidos, siguiendo la convicción de que eran sujetos subalternos sin posibilidad de ser sujetos de derechos. Se puede observar desde luego que las premisas de la noción de ciudadanía y de mexicanidad excluyen o menosprecian a los negros por ser de ascendencia africana y ser esclavizados.

En 1821 México obtiene la Independencia tras múltiples luchas, en las cuales también participaron las poblaciones negras y mulatas del país. Los mayores cambios que trajo la nueva situación fueron el final de la institución esclavista y de las castas raciales. Según varios historiadores estos cambios provocaron una desaparición en los documentos oficiales de los negros/afrodescendientes. De manera más analítica, diríamos que la eliminación formal de las castas conllevó la necesidad de formar una unidad social frente a una diversidad cultural e étnica. Por otra parte, esta eliminación de las castas no hizo desaparecer los discursos raciales, racistas y etno-biologicos. Los primeros símbolos políticos del nuevo Estado serían expresiones de la valoración de un pasado indígena menospreciado por los colonos.

A partir de la Independencia surge una reflexión política e intelectual sobre la identidad mexicana frente a la historia. Debido a los retos del nuevo Estado independiente (guerras contra el vecino norteamericano, contra países europeos, violencias internas, inestabilidad política), el planteamiento de la homogeneidad y de la pluralidad étnica del país fue un tema de preocupación intelectual y político. Así, a partir de los años 1830, un conjunto de autores como Francisco Pimentel, Riva Palacio y Justo Sierra analizan al sujeto mestizo como mexicano y como motor de la historia mexicana. Francisco Pimentel evalúa los problemas de las poblaciones indígenas y propone una fusión cultural, una transformación con una inmigración europea como solución. Describe los caracteres positivos del sujeto mestizo (fuerza, valentía) y defiende una unión entre los dos grandes componentes de la sociedad mexicana: «el hecho de que existen dos razas en México, y hemos creído que el único medio de salvar los inconvenientes que resultan es la unión».

El historiador y novelista Riva Palacio, por ejemplo, en su obra general sobre la historia de México señala que el «atavismo indígena» se pierde con el mestizaje con el español para dar el resultado de un ser mestizo y mexicano. En su obra México, a través los siglos, estudia y narra el pasado mexicano, como a la vez pasado prehispánico y pasado colonial. Es un contexto marcado por la llegada de ideas del pensamiento evolucionista y positivista europeo. Así, durante el Porfiriato (1876-1910), se elaboró una doctrina llamada “mestizofilia” cuyo representante fue Enrique Molina. Dicha doctrina se refería a una alta idealización del mestizaje entre europeos e indígenas. Este mestizaje se concibió como una forma de mejorar la población. Molina define al sujeto mestizo como el grupo más fuerte (por su mestizaje), el más numeroso y el más patriota, por lo cual se debe mantener en el poder y seguir controlando la evolución del país. Por lo tanto, Molina reconoce la presencia de los afromexicanos en la Nación, pero reduce enormemente su importancia: «[…] esos elementos son el indígena, el criollo y el mestizo, el negro es insignificante». Se observa entonces la exclusión de las poblaciones de ascendencias africanas en el mestizaje. éste es orientado hacia dos sujetos, el indígena y el español. Lo africano, es visto, o como relevante de lo extranjero, o como de lo más vil.

El segundo momento de los procesos de invisibilizacion de las poblaciones afromexicanos en la Nación es el de la Revolución mexicana de 1910 por dos razones. La primera está relacionada con la narrativa de la consolidación de un sujeto mexicano mestizo nacional, y, la segunda, con el lugar importante del otro indígena. El Porfiriato se caracterizó por tener un proyecto hegemónico de Nación positivista y centrado en lo europeo: el recurso a la inmigración europea, la voluntad de diluir la diferencia étnica, la violencia hacia las comunidades indígenas y la permanencia de una axiología colonial y de un racismo. La revolución mexicana promovió un cambio de paradigma. El mestizaje siguió siendo una especificidad mexicana, pero ya con el interés de entender la alteridad indígena vista como el otro interno de la sociedad mexicana. Además, las poblaciones indígenas fueron pensadas como las principales víctimas del dominio social y político de la economía del Porfiriato. Así, la Revolución mexicana conllevó un fuerte interés discursivo e intelectual hacia la alteridad indígena. La forma activa de este interés fue el “Indigenismo” como política y practica intelectual sobre el otro indígena, que intentó controlar la aculturación y los modos de “integración” y de interacciones de las poblaciones indígenas. De hecho, el nacimiento de la antropología mexicana se debe al Indigenismo, porque esta ciencia va a concentrarse sobre las lenguas, las culturas y los efectos de la “modernidad” sobre las poblaciones indígenas, con el fin de proponer soluciones a la marginalización de los indígenas. Esta situación excluye de los debates nacionales, intelectuales y políticos a las minorías afromexicanas. Por un lado, no son pensadas como elementos del mestizaje mexicano, y, por el otro, no son vistas como un otro interno. Estas dimensiones tienen consecuencias epistemológicas, es decir, que estas exclusiones establecen una relación de dominio de las minorías afromexicanas en los relatos de la Nación y del propio conocimiento científico. Ni tuvieron un papel definido en los relatos de la Nación, ni tampoco fueron “lo suficiente” interesantes para ser estudiadas durante un cierto tiempo. Estas exclusiones tienen consecuencias sobre el propio conocimiento de estas minorías afromexicanas, de sus trayectorias y produjeron un méconnaissance de larga escala y de largo espacio de los otros mexicanos hacia los afromexicanos.

Ahora bien, esta invisibilizacion política al nivel de los relatos de la nación, como hemos comentado, es consecuencia de largos procesos sociales, históricos y políticos. Pero, en los espacios académicos se produjeron dos momentos llamativos en el tratamiento de la alteridad afromexicana . El primero fue en los años 80-90 con los programas de la Tercera Raíz, que trataron de enfocarse exclusivamente sobre los afromestizos (con varias disciplinas: historia, antropología, etc.), con el objetivo de visibilizar a las poblaciones de origen y descendencia africana. Se podrían mencionar los trabajos de Modeano, Gutiérrez y Montiel. El segundo momento es el de los años 2000, con el auge de los movimientos políticos afro y con las luchas para el reconocimiento de estos pueblos después de la Conferencia de Durban de 2001. Las investigaciones tienden a ser más una sociología política de los movimientos políticos, cuyo objetivo es estudiar los mecanismos de movilización política de los sujetos afromexicanos, como lo hacen Lara y Hoffmann. Por otra parte, los colectivos y organizaciones políticas afromexicanas se han creado durante estos dos momentos, expresando una búsqueda de un reconocimiento constitucional de las minorías afromexicanas, lo que señala indudablemente una toma de conciencia política propia.

 

 

SONETO CXXVI

 

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso.

No hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste,  humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso.

Huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño.

Creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño,
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Lope de Vega

 

DIFINICIÓN DE AMOR

 

Rogarla, desdeñarme; amarla, huirme;
seguirla, defenderse; asirla, airarse;
querer y no querer dejar tocarse
y a persuasiones mil mostrarse firme;

tenerla bien, probar a desasirme;
luchar entre mis brazos y enojarse;
besarla a su pesar y ella agraviarse;
probar, y no  poder, a despedirme;

decirme agravios, reprenderme el gusto
y, en fin, a baterías de mi prisa,
dejar el ceño, no mostrar disgusto,

consentir en que le aparte la camisa,
hallarlo limpio y encajarlo justo:
esto es amor y lo demás es risa.

Francisco de Quevedo

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