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Zihuatanejo:

LAS CONSECUENCIAS DEL ABANDONO GUBERNAMENTAL

Héctor Astudillo. Reproche. [Foto: Redes Sociales]

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El jueves 19 de abril, el gobernador Héctor Astudillo Flores, aparentemente se veía molesto y resuelto a ir con todo contra el crimen organizado. Tres días antes, en un ataque sorpresivo, una banda criminal había atacado y matado a seis policías estatales en Las Mesillas, cerca de Zihuatanejo, y ese 19 de abril, los representantes de los tres poderes ofrecían un homenaje a los caídos «en cumplimiento de su deber», y por quienes transitan «fuera de la ley y en un acto cobarde y alevoso», dijo Astudillo en su discurso.

En efecto, en muchas partes del estado, las bandas criminales transitan con total libertad por los caminos y carreteras y cometen actos de barbarie cobardes y alevosos, no solamente contra policías, sino contra la población inerme. El gobierno lo sabe, lo permite y lo tolera, por negligencia o complicidad, hasta que le toca a uno de los suyos.

El caso de la banda criminal que atacó a los policías es un ejemplo.

En julio del año pasado, ganaderos y comerciantes de siete ejidos del municipio de Zihuatanejo denunciaron la grave situación de violencia que estaban viviendo: extorsiones, cobro de cuotas, robos, asaltos, secuestros y asesinatos. Demandaron, entonces, al gobernador Astudillo que interviniera el Ejército, la Marina y la Policía Estatal y actuaran en contra de esta gavilla de unos 50 miembros que los mantenía a raya.

Sus llamados fueron inútiles: del gobierno estatal nunca tuvieron respuesta; y el grave problema de violencia que vivían los obligó a crear entre el 10 y el 15 de julio del 2017 su grupo de autodefensa que denominaron Guardia Rural de Ejidos Unidos de Guerrero, integrado por comunidades de Río Frío de los Fresnos, Juntas de Río Frío, El Ciruelo, Zihuaquio, Real de Guadalupe, Cundancito y Vallecitos de Zaragoza, en donde establecieron su base, muy cerca de Las Mesillas, en donde el 17 de abril el grupo criminal atacó a los policías estatales.

Fue hasta cuando los pobladores crearon su grupo de autodefensa, que elementos del Ejército mexicano acudieron a reunirse con ellos para enterarse de la situación y realizaron algunos patrullajes de rutina, permanecieron algunas semanas por la zona y después se retiraron dejando solos a los pueblos asediados por los delincuentes que sólo se habían replegado cuando llegó el Ejército. Después volvieron a salir.

Artemio Sánchez Sánchez, uno de los promotores de la Guardia Rural, se quejó entonces del abandono del gobierno estatal y de la falta de respuesta del gobernador Héctor Astudillo al grave problema de inseguridad y violencia al que se enfrentaban, destacó que sólo habían logrado atraer la atención de mandos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y de la Marina, con quienes se reunieron dos días después de la conformación de la Guardia Rural, pero nadie del gobierno estatal estuvo.

El gobernador, quien durante el homenaje a los seis policías masacrados, se quejó de la inacción de las policías municipales, cuando dijo: «no es posible que siempre llega la Policía del Estado; también tienen que llegar las policías municipales, tienen que responder a su responsabilidad constitucional en el 115 de la Constitución General de la República». Hace un año, tampoco respondió al llamado de los pobladores que, enfrentaron solos el problema de la violencia.

El 19 de abril pasado el gobernador reprochó que la Policía del Estado ha dado mucho, y ha dado vidas, «pero también corresponde atender los problemas las policías municipales».

En el contexto de violencia que vive Guerrero, el problema es que la Policía Estatal solamente sirve para entregar las vidas de sus elementos en episodios de violencia absurdos, o para contar los cadáveres y apoyar en su levantamiento, no para prevenirlos, como es su responsabilidad constitucional.

El gobierno estatal sabía del proceder violento, cruel y sanguinario del grupo criminal que se mueve en la zona donde fueron atacados los seis policías. Los líderes, autoridades agrarias y municipales de los pueblos se lo hicieron saber antes de que conformaran su Guardia Rural, y nunca obtuvieron respuesta.

El 20 de julio del 2017, unos 200 integrantes de la Guardia Rural de Ejidos Unidos de Guerrero tuvieron su primer enfrentamiento con la gavilla de delincuentes. En el tiroteo, uno de los integrantes de la Guardia resultó herido, mientras que los aproximadamente 40 hombres armados con los que se enfrentaron escaparon después de casi una hora de refriega, informó esa vez el promotor de la autodefensa, Artemio Sánchez.

El enfrentamiento ocurrió cerca de Las Mesillas, donde el 17 de abril pasado fueron atacados los policías, muy cerca de Zihuatanejo, pero hace un año la Policía Estatal no llegó, al menos en el momento oportuno para apoyar a los pobladores que se debatían solos contra los maleantes. Los soldados y policías estatales llegaron horas después, cuando los facinerosos se habían ido.

Los integrantes de la Guardia Rural volvieron a pedir el respaldo del gobierno del estado para actuar en contra de la gavilla de delincuentes que desde entonces asolaba a los pueblos de siete ejidos de los municipios de Zihuatanejo.

En respuesta al llamado, el gobernador Astudillo Flores declaró que estaba enterado de la conformación del grupo de autodefensa integrado por ganaderos y comerciantes y que el enfrentamiento que habían tenido con la banda criminal fue en uno de los lugares «más alejados de Guerrero».

Artemio Sánchez declaró al respecto al día siguiente: «Por eso los seguimos esperando, no sabemos cuánto tiempo se tarden en llegar, pero estamos esperando la respuesta de ellos, nada más, estamos esperando que nos visiten. Nosotros estamos prestos, sólo esperamos el respaldo del gobierno del estado», declaró esa vez el promotor de la autodefensa.

Pero la respuesta llegó tarde, casi un año después, cuando el grupo criminal se había fortalecido, al grado de atacar al grupo de seis policías, y después filmar la dantesca escena, para mandar la advertencia. «Esto es para que sepan, hijos de su puta madre, que aquí con El Cuarenta El chivo loco nadie se mete, bola de perros, aquí con nuestro cartel y a nuestros compañeros no se van a morir en vano. Y cuando entren, van a entrar a como salieron, hijos de su puta madre», dijo quien se paseaba en medio de los cadáveres de los policías inermes, regados junto a la patrulla 0048.

La falta de respuesta de las autoridades estatales y federales a los llamados de los pobladores son frecuentes. En los pueblos de la Sierra como Pueblo Viejo, Polixtepec, Puerto la Guitarra, Chicahuales, Las juntas, Las Tejas y Yerbasanta, han resuelto mejor abandonar la zona.

Las irrupciones de los grupos criminales en esas comunidades se vienen dando desde hace un año. Las víctimas han señalado quien es la gente que viene actuando y donde están, pero no han encontrado la reacción del Gobierno.

En la misma situación se encuentran los pueblos de Chilapa y Zitlala, de éste segundo municipio Quetzalcoatlán de las Palmas es un ejemplo. El 6 de enero del 2016 irrumpieron hombres armados y mataron a seis, desde entonces los familiares de las víctimas han pedido la detención del grupo criminal que los sigue agrediendo, amenazando y les impide el paso por Tlaltempanapa donde se encuentran atrincherados, pero la respuesta ha sido nula. El Gobierno los ha dejado solos.

Por eso no se vale la queja del gobernador Astudillo en contra de las autoridades municipales. La omisión, negligencia y responsabilidad de que los grupos criminales “que  transitan fuera de la ley” y cometen actos “cobardes y alevosos”, es de los tres órdenes de Gobierno, pero como justificación a la violencia que crece en cifras y en crueldad, la salida ha sido echarse la bolita unos a otros.

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