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Prevalece el
vacío de poder

 

Zacarías Cervantes

 

 

 

Gabinete sin astudillistas. [Foto de Internet]

 

 

 

 

En esta etapa históricamente difícil por la que atraviesa Guerrero, Héctor Astudillo Flores debe sentirse solo, acotado e imposibilitado para tomar decisiones que cambien una realidad que de seguro ni siquiera imaginaba cuando buscó la gubernatura.

Así lo refleja en sus discursos. “Yo estoy concentrado todos los días en tratar de poner mi parte, y voy a hacer todos los días mi parte para que Guerrero salga adelante. Pero solo no puedo, Guerrero nos necesita a todos”, dijo, casi suplicante, el viernes 11 de diciembre en el Hospital del Niño y la Madre Guerrerense, a donde fue a entregar equipo. Ese día cumplía 45 días al frente de la gubernatura.

Mientras tanto, Guerrero está sumido en la violencia que generan las bandas del crimen organizado; en actos de corrupción cometidos en administraciones pasadas que arrojan un déficit superior a los 18 mil millones de pesos –según dio a conocer el secretario de Finanzas y Administración, Héctor Apreza Patrón, el 9 de diciembre, al comparecer ante el Congreso local–; también se manifiesta lo que queda del movimiento social, magisterial y estudiantil que reclama la presentación con vida de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa.

Frente a todo esto, el gobernador Astudillo Flores tiene que trabajar con un gabinete sin astudillistas en las principales área de su gobierno, pues la mayoría se los impusieron los grupos que lo apoyaron en su campaña o el gobierno federal.

Así, sus llamados deben ser estériles al interior de su gobierno. “Tenemos que sumar brazo con brazo, mano con mano, para que Guerrero transite de un momento difícil y complicado históricamente y muy fuerte a un estado que trabaje y vaya avanzando”, les pidió a sus funcionarios el mismo 11 de diciembre.

Pero cómo. El gobierno de Héctor Astudillo tiene como secretario general de Gobierno al expriista y expanista Florencio Salazar Adame, un funcionario que se cree autosuficiente y que cree que las mejores decisiones son las que toma él mismo. Dentro de la misma dependencia que encabeza se ha comenzado a filtrar que el funcionario no atiende ni escucha a nadie, aun cuando se trata de la dependencia que debe salir al frente para atender la conflictiva social, que es mucha en Guerrero.

Otra de las dependencia clave para los momentos de violencia que vive Guerrero es la Secretaría de Seguridad Pública. Ahí el gobernador ratificó al general brigadier del Ejército mexicano Pedro Almazán Cervantes, por indicaciones de la Secretaría de Gobernación, lo cual resulta una contradicción, pues el secretario Miguel Ángel Osorio Chong ha venido declarando que los exgobernadores Ángel Aguirre Rivero y Rogelio Ortega Martínez desatendieron la petición del gobierno federal para integrar una policía confiable, pero como secretario de Seguridad Pública con Ortega Martínez, el general Almazán fue quien debió cumplir con esa instrucción, pero aun así fue ratificado.

Recomendado por el gobierno federal, el secretario de Seguridad Pública no responde entonces a las indicaciones del gobernador, sino a las del gobierno federal. Ha trascendido que debido a ello se han comenzado a dar algunos desencuentros entre el gobernador y el secretario.

Simultáneamente Almazán Cervantes, ha comenzado a ser cuestionado desde dentro de la dependencia por efectivos de la Fuerza Estatal que lo acusan de dar protección a crimen organizado.

El 25 de noviembre, efectivos de la Fuerza Estatal circularon mediante las redes sociales un parte informativo mediante el cual acusan al secretario de Seguridad Pública y al coordinador de la región Centro de la Fuerza Estatal, Tomás Hernández Martínez, de brindar protección a un nuevo grupo delincuencial que llegó a operar en la zona centro del estado.

El reporte, del cual tienen copia algunos periodistas, dice que ese día por medio del C-4 “se reportó la incursión de cinco camionetas hacia Chilpancingo con gente armada procedentes de algún lugar”.

Los agentes agregan: “por lo cual se activaron los grupos que andaban de recorrido por la capital para dar con la localización de dichas unidades. Posteriormente se localizaron dichas camionetas y de la cual bajo un tipo con porte sierreño, el cual nos dijo que cual era el problema que ya tenían órdenes del general Pedro Almazan Cervantes de incursionar en Guerrero”.

Entonces, según el reporte, los efectivos policiacos dieron aviso a su coordinador de la región Centro, Tomás Hernández, quien les dio la orden de dejarlos pasar “por orden del maravilloso general y secretario de Seguridad Pública”, dice el escrito.

En la secretaría de Finanzas y Administración está el excoordinador parlamentario del PRI, Héctor Apreza Patrón, del grupo del exgobernador y actual senador René Juárez Cisneros. En esa misma dependencia Astudillo logró colocar a un hombre de su confianza: Tulio Pérez Calvo, quien se supone podría hacer contrapeso a la influencia renejuarista. Sin embargo, no se han visto los resultados.

En otra de las dependencias importantes, la Secretaría de Desarrollo Social, está al frente la renejuarista Alicia Zamora Villalba, mientras que en la Secretaría de Salud está al frente el médico Carlos de la Peña Pintos, que también ocupó ese mismo cargo en el gobierno de René Juárez Cisneros.

La Secretaría de Educación (SEG) quedó a cargo de otro recomendado del gobierno federal, José Luís Gonzales de la Vega, quien ocupó el mismo cargo en el Gobierno de Zeferino Torreblanca Galindo.

El resto de las dependencias se encuentran distribuidas mayoritariamente entre gente de los grupos políticos del exgobernador René Juárez Cisneros y del exalcalde de Acapulco, Manuel Añorve Baños.

Pero al margen de tener un gabinete con gente que no es de su confianza y que no le responden a él, sino a quienes los recomendaron, se nota en Astudillo Flores a un hombre extraviado; evidencia que carece de un proyecto definido, y por ningún lado asoman las políticas públicas para resolver de fondo, por ejemplo, el problema de la violencia que debería ser la prioridad al inicio de la nueva administración.

En estas circunstancias, por mucho que el gobernador tenga buenas intenciones, se vislumbra lejos el cambio que ofreció en su campaña.

“Quiero que este estado vuelva a ser normal; estoy seguro que es la aspiración de muchos hombres y mujeres. Yo no quiero un estado que en todos los lugares donde me presento me digan: no quisiera yo estar en sus zapatos, señor gobernador”, dijo Astudillo al cumplir 45 días al frente del gobierno.

Agregó que “a esos” les dice que “no se preocupen; éste es un asunto de resistencia, de consistencia y de persistencia; van a ver cómo vamos a salir”.

Y dijo: “Yo no quiero que Guerrero siga siendo el del bloqueo, el de la confrontación, el de quebrar vidrios en los edificios, aventar bombas molotov. Tampoco quiero que Guerrero vuelva a ser el caso Iguala con los jóvenes de Ayotzinapa. No queremos que todos esos hechos se vuelvan a presentar y tenemos que trabajar juntos”.

Sin embargo, después de los 45 días de su gobierno, existe la percepción de que ante la falta de un equipo que le responda directamente al gobernador, y la ausencia de políticas públicas y proyectos definidos del mismo Astudillo Flores, seguirá en la entidad el vacío de poder que ha generado la inestabilidad en los últimos cuatro años, y que será el gobierno federal el que venga a resolver los problemas.

Por lo menos ya se está viendo con el problema de la violencia.

 

 

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