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Después de Iguala

BAJÓ LA MATRÍCULA

La generación de los 43. Fin de la carrera [Foto: Kau Sirenio]

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Jueves 20, 8:00 de la mañana. Decenas de alumnos de la Normal se alistan para desayunar porque saldrán rumbo a la capital del estado, pues dentro de su jornada de lucha a días de cumplirse cuatro años de la desaparición de sus compañeros, protestarán en diferentes puntos. En esta ocasión toca ir a la Ciudad Judicial.

El director de escuela, Víctor Gerardo Díaz, comienza sus labores como todos los días. Con un año y medio en el cargo, sabe que una de las actividades principales de la institución es luchar para buscar justicia.

La matrícula de 140 alumnos de nuevo ingreso a la Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa, siempre estuvo peleada, incluso hasta entre mil aspirantes.

Pero luego de la desaparición de los 43 normalistas en Iguala hace cuatro años, el interés por ingresar a la escuela decayó. En los siguientes ciclos, las fichas para ingresar no llegaron ni siquiera a los 140 que tienen asegurado su lugar. Fue hasta este ciclo escolar que se repuso.

El 26 de septiembre del 2014 marcó el rumbo de Ayotzinapa, un camino de lucha para los alumnos y padres de los 43 desaparecidos, con la esperanza de encontrar respuesta y localizar con vida a sus hijos.

La disminución del número de aspirantes, a consecuencia de lo ocurrido en Iguala, puso en riesgo la permanencia del resto de normalistas.

A la par de la lucha por la presentación con vida de los 43 desaparecidos, la comunidad normalista de Ayotzinapa, tuvo que buscar una estrategia para que los alumnos de los diferentes grados permanecieran en el plantel y, por lo menos, se completara la matrícula de la institución, o se buscara fuera la más cercana a los 140 alumnos que tiene como cupo la institución para los de nuevo ingreso.

En entrevista con Trinchera, el directivo reconoce que le ha costado a la escuela mantener su matrícula y el ingreso de nuevos alumnos, luego de los hechos del 2014 en Iguala. «He visto una transición en cuestión de la matrícula, de la demanda que nosotros tenemos; por ejemplo, en el año 2014 que sucedieron los hechos, tuvimos muchísima deserción, nos bajó la matrícula consideradamente, de los que ya estaban dentro. En ese entonces eran las 140 que es la matricula que se acepta (de nuevo ingreso) … por el temor se retiraron».

–¿De cuántos se componía la población total de los alumnos en el 2014?

– De 522 alumnos.

–¿Cuántos se fueron?

–No tengo el dato preciso, pero se fueron alrededor de unos 80 de todos los grados, de diferentes semestres; entonces, ya que habían sucedido los hechos en el 2014, la nueva generación que entra, pues, no se llega a completar la matrícula: lograron entrar 110 alumnos; pero se tuvo que generar una nueva convocatoria para poder completar la matrícula, pero también hay que decirlo así: ese fenómeno no se presentó solo en Ayotzinapa, también se presentó en la diferentes Escuelas Normales.

«Luego de la desaparición de los normalistas, no sólo Ayotzinapa estuvo afectada para el nuevo ingreso de alumnos; el resto de las Normales vivieron ese fenómeno, no completar la matrícula permitida».

Aunado a la desaparición de los normalistas, durante estos tres años, el conflicto generado por la imposición de la llamada reforma educativa, también impactó en las Normales en lo referente a mantener o acrecentar el ingreso de alumnos.

El director deduce que con estos dos conflictos se emitía un mensaje claro a quienes quisieran estudiar en las Normales: «Como para qué soy maestro si ya no voy a tener un empleo».

Después de asumir la dirección, Víctor Gerardo recibe a la generación 2017-2018, y  fue un alivio para él saber que se rebasó la entrega de fichas, pues se entregaron 141, de 140 que es la matrícula.

Sin embargo, aunque se completaron las solicitudes de ingreso, hubo alumnos que no acudieron a presentar el examen o ya no presentaron a inscribirse, por lo que la matrícula que ingresó quedó en 135 aproximadamente.

«Antes de los 43 (desaparecidos), siempre quedaba mucha gente fuera; entonces, en una negociación… permitimos otra convocatoria para completar, y sí se completó. Pero, pues, todas las escuelas tienen deserción; es normal. Y hoy, este año, pues este año sí completamos las 140 matrículas e incluso rebasamos (la entrega) de fichas. Ahora sí entregamos más fichas que otro año, entregamos 168 fichas. Ya entraron 140 (alumnos)».

Satisfecho del logro en el ingreso de nuevos alumnos; Gerardo Díaz dice que en esta ocasión se tuvo menos dificultad, además de que hubo una nueva estrategia para convencer a más jóvenes de entrar a la Normal de Ayotzinapa.

Explica que anteriormente había prácticas que se desempeñaban en la Normal con los alumnos de nuevo ingreso, como es el caso de la semana de adaptación, también conocida como semana de prueba; sin embargo, se tomó nuevo rumbo como informar del desempeño académico que se realiza en la institución.

«Una de las estrategias es que se han quitado muchas cuestiones negativas de la escuela, en coordinación con los alumnos. Tuvo que haber un diálogo, y siempre coordinación con ellos. Por ejemplo, empezamos a mostrar el lado que no se publica de la escuela Normal: cómo bailan los alumnos, el club de danza, cómo tocan y cantan los alumnos del club de rondalla; el taller de carpintería, una exposición que hemos hecho en diferentes lugares. Igual también la parte académica, reactivarla», explica el director.

Remarca que que tiene «muy claro» que la búsqueda de los 43 y exigencia de justicia tienen que seguir, eso sí, sin desatender la vida académica de la Normal, como participación en congresos, ponencias.

Otro elemento que caracteriza a la vida de la Normal Rural es el altruismo con la sociedad, que es parte de su formación política de cada alumno que ingresa a Ayotzinapa, y que difícilmente se encuentra en otra institución.

Tan sólo en el 2013, tras el paso de los fenómenos meteorológicos Ingrid y Manuel, Tixtla sufrió una de las peores inundaciones que se ha vivido en el lugar, que provocó que gente e incluso animales quedaran atrapados, y ante la nula presencia de las autoridades para auxiliar fueron los normalistas quienes sin importar los riesgos ayudaron a la población.

También en los terremotos de septiembre del año pasado, los normalistas recolectaron víveres para llevar a los lugares donde era urgente atender, además de acudir a remover escombros y así auxiliar a las familias.

El académico asegura que la Normal va mejorando, aunque acepta que ha sido complicado, pero seguirá buscando a los 43, y  que los padres entenderán que se deben seguir con los quehaceres de la escuela.

«Yo no soy un director que le vino a quitar la esencia política a Ayotzinapa. Yo soy un director que respeta la esencia política de Ayotzinapa, pero que también sabe que Ayotzinapa tiene mucho que dar en cuestión académica y que siempre ha sido un baluarte del estado de Guerrero y que ha sido pionera en la formación de docentes», remarca.

En la escuela Normal de Ayotzinapa ingresan, principalmente, alumnos de distintas regiones de Guerrero, pero también de otros estados. De donde más se reciben alumnos es de la zona de influencia, Tixtla, así como también de la Montaña, pues el atractivo es la licenciatura de Intercultural Bilingüe. Además, hay alumnos de Chiapas, Oaxaca, Puebla, Morelos, Chihuahua, Michoacán y Veracruz, que es lo que enriquece a Ayotzinapa, considera el director.

–¿Qué se piensa hacer para el siguiente ciclo escolar para tener afluencia de normalistas? –se le cuestiona al director.

–Yo creo que vamos a ir congelando matrículas de los alumnos que por una otra cuestión tienen que salir de la escuela, a veces por problemas familiares, por salud… entonces, esa matrícula la congelamos y  vamos a pedir que esa matrícula se reactive el otro año, si nos permiten agarrar cinco matrículas en el ingreso sean 145.

«Tenemos otra estrategia que no te la voy a decir, es una estrategia también de difusión de la escuela, vamos a difundir la escuela. Ya más o menos hemos platicado con el comité estudiantil, ya se está planeando cómo vamos a darle esa proyección que esa sociedad busca… los que son detractores de Ayotzinapa hablan mal de Ayotzinapa, o tal vez porque hemos dado pie a que se sepa lo negativo, pero también tenemos que mostrar lo que se hace, lo que los alumnos pueden hacer aquí, es bastantísimo, si usted viera cuánta gente, cuántas habilidades hay aquí».

 Para el director, el papel de la prensa es importante para posicionar a la escuela en base a sus cualidades y no solamente con «la mala noticia» que se genere, sino también con las tantas que son buenas.

 

***

 

Se escucha el sonido de los autobuses que están a punto de partir rumbo a Chilpancingo. La jornada de lucha sigue, pues el 26 de septiembre se cumplen cuatro años de no saber del paradero de 43 alumnos, de los que sus padres no descansan en su búsqueda.

Este día necesitan ir a Ciudad Judicial, y exigir justicia para sus familias, para sus hijos, necesitan saber dónde están.

El comité estudiantil de la Normal se apresura a organizar a los jóvenes, algunos salen del comedor y tienen que alistarse para partir.

Los integrantes del comité saben que además de estudiar tienen que luchar, como aquella consigna que se ha vuelto baluarte para ellos: «¡Mis padres me dijeron: te vas a estudiar, pero si hay problemas, te pones a luchar!», por lo que regresando de su jornada tienen que ponerse al corriente con sus clases y sus tareas, pues tienen el compromiso de que en un futuro no lejano serán quienes guíen en su vida académica a cientos de niños.

Un joven de estatura media, robusto y de tez blanca, con mochila en hombros platicó que hay normalistas egresados que les platican que antes de la desaparición de los 43, la demanda de alumnos por ingresar llegó a ser hasta de mil, de los cuales sólo se aceptaban 140, pero después de los hechos de Iguala, ni siquiera se completó la entrega de fichas de la matrícula permitida.

Agregan que parte de su trabajo es ir a otras instituciones dentro y fuera del estado, con la fiel idea de difundir el trabajo académico que desempeñan los alumnos dentro de la institución, para convencer de que no sólo es esa cara negativa por la cual los llegan a  tachar de delincuentes, sino que son estudiantes que luchan por dignificar a la escuela, y que saben del compromiso que adquirirán con la sociedad al graduarse.

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