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A cuatro años:

PERSISTEN LAS MENTIRAS DE LA PGR

Organismos de derechos humanos. Solidaridad. [Foto: Yener Santos]

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Hasta el 12 de marzo de este año, Erick Uriel Sandoval Rodríguez era un modesto y desconocido profesor de educación física que vivía en una vivienda humilde en el centro de Apipiluco, municipio de Cocula. A partir de esa fecha, su nombre se conoció dentro del país y fuera de él, asociado a los alias de La Rana o El Guereque. Agentes de la PGR lo detuvieron, ese día, como presunto implicado en la desaparición de los estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa.

El caso de Erick Uriel resulta emblemático porque ejemplifica cómo la Procuraduría General de la República (PGR) puede afectar el derecho a la verdad e institucionalizar la impunidad, puesto que hay un presunto responsable de la detención y desaparición de los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa fuera de la cárcel y de las investigaciones, y un inocente dentro de ella.

Las irregularidades de la detención de Erick Uriel, a quien la PGR ubica como La Rana o el Guereque, presunto implicado en la desaparición de los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, se encuentran documentadas en el cuarto reporte que sobre el caso Ayotzinapa emitió la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) el 18 de junio de este año, en el que establece que este asunto «entraña graves violaciones a derechos humanos».

El caso de la detención equivoca de Erick Uriel Sandoval Rodríguez, tiene un gran significado porque demuestra cómo la PGR alteró la verdad en el caso Iguala, y es un elemento más que prueba cómo se apuntaló con mentiras la llamada «verdad histórica», según la cual, los estudiantes fueron trasladados al basurero de Cocula, asesinados e incinerados allí.

La CNDH y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) se han referido al caso en sus respectivos informes y coinciden en que Erik Uriel Sandoval Rodríguez fue confundido con Edgar, alias La Rana o el Guereque, integrante del grupo criminal que participó en la detención y desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa.

El 12 de marzo pasado, el gobierno federal informó de la detención de Erik Uriel Sandoval Rodríguez, a quien identificó como La Rana, presunto partícipe de la desaparición de los normalistas. Entonces, la PGR dijo que Erik Uriel era una «pieza clave» en las investigaciones del caso Ayotzinapa.

Sin embargo, el detenido presentó queja ante la CNDH y alegó que su detención se debió a una confusión y a un grave error de la PGR. Erik Uriel Sandoval aseguró que no es la persona a la que los acusados de la desaparición de los normalistas se refirieron en sus declaraciones.

En efecto, la CNDH detectó que los acusados en sus respectivas declaraciones sólo refieren el apodo de su cómplice, es decir, se referían a La Rana o el Guereque, pero no mencionaron nombre alguno, mucho menos el de Erik Uriel Sandoval Rodríguez.

La CNDH constató en sus investigaciones que en ninguno de esos documentos existe evidencia alguna que demuestre que La Rana o el Guereque es Erik Uriel Sandoval Rodríguez.

Según el organismo de derechos humanos, este nombre aparece por primera vez en el expediente «de la nada» en el primer pliego de consignación, pero refiere que en ninguna parte del expediente consta como se determinó el nombre de la persona a la que los perpetradores identificaron como La Rana o el Guereque.

Ante esto, la CNDH pidió a la PGR que respondiera a tres cuestionamientos. 1. De qué elementos probatorios dispuso para determinar que Erik Uriel Sandoval Rodríguez es la persona que participó en los hechos. 2. Qué elementos probatorios indican que a Erik Uriel Sandoval Rodríguez le apodan La Rana el Guereque. 3. De dónde surge el nombre de Erik Uriel Sandoval Rodríguez en sus investigaciones relacionándolo con los hechos. Sin embargo, la PGR evadió responder a estos cuestionamientos.

Según el reporte elaborado por la CNDH, las características personales y señas particulares referidas por los acusados para identificar a La Rana o el Guereque no corresponden con las de Erik Uriel Sandoval Rodríguez, como los tatuajes, entre éstos una rana en el lado superior de la espalda.

Refiere que el juez de la causa y los visitadores adjuntos de la CNDH en sus respectivas diligencias dieron fe e hicieron constatar la inexistencia de los tatuajes en cuestión en el cuerpo de Erik Uriel Sandoval Rodríguez.

Incluso, ante la duda del juez de que el detenido pudiera haberse borrado los tatuajes, la CNDH practicó examen médico pericial al detenido y determinó que no existe indicio alguno que indique que la persona haya modificado o eliminado algún tatuaje en su cuerpo.

Pero lo que con mayor contundencia demuestra que Erick Uriel Sandoval no es La Rana o el Guereque, son datos obtenidos por la CNDH sobre el nombre y la ubicación de la persona realmente involucrada en los hechos de Iguala; es decir, de la persona con la que Erik Uriel fue confundida.

El nombre de quien realmente participó en los hechos de Iguala es Edgar, y sus datos, según la CNDH, los tenía la PGR desde octubre del 2017, cinco meses antes de que detuvieran a Erik Uriel. Es decir, cinco meses antes se conocía el nombre de la persona presuntamente participante en la detención y desaparición de los estudiantes, y aun así se consignó a Erick Uriel, el profesor de educación física.

De acuerdo al expediente de la CNDH, las características físicas de Edgar sí coinciden con las que proporcionaron los sicarios al perito de la PGR al momento de que éste elaboró el retrato hablado de La Rana o el Guereque. Es decir, cuando el perito hace el dibujo de quien le están refiriendo las características, coinciden en que se trata de Edgar, y no de Erik.

Además, la CNDH recabó diversa documentación e información relacionada con el presunto responsable (el que sí es), como actas de nacimiento, acta de matrimonio, la CURP y fotografías. De igual forma realizó tres entrevistas y todos los testigos identificaron fotográficamente a quien presuntamente sí es el que debería estar en lugar de Erick Uriel. Incluso, lo ubicaron como amigo y parte del grupo que formaron los ahora coacusados participes en la desaparición de los normalistas y lo identificaban, a él sí, como La Rana o el Guereque, su cómplice.

Asimismo, las referencias a los miembros de este grupo fueron que «andaba en malos pasos» y que «se dedicaba a actividades ilícitas». En contraste, varios de los entrevistados refirieron a Erik Uriel Sandoval Rodríguez como un profesor de educación física y como una persona de trabajo.

La CNDH logró ubicar a una persona cercana a quien identifican como Edgar, quien constató que Edgar sí tiene el referido tatuaje de una figura de rana, y, asimismo, que era parte de un grupo de amigos de los ahora coacusados, y desvinculó de ellos al profesor Erik Uriel.

La CNDH también logró contactar a quien dibujó el tatuaje a Edgar y éste reprodujo en una hoja la figura de la rana que tatuó al Guereque.

Desde el pasado 23 de mayo, la CNDH entregó a la PGR de manera confidencial y reservada (para que no se fuera a acusar que entorpecían las investigaciones), una carpeta que contiene copias certificadas de todas las evidencias obtenidas por el organismo. Las constancias se entregaron en sigilo, y en la secrecía que el caso ameritaba.

En concordancia con las evidencias, la CNDH planteó a la PGR que en el ámbito de su competencia y conforme a sus atribuciones y términos de ley, actuara en consecuencia para que, por una parte, fuera resuelta la situación de Erik Uriel, y por la otra procediera en contra de Edgar, La Rana o el Guereque, presunto participe de los hechos de Iguala la noche del 26 y 27 de septiembre del 2014.

Sin embargo, este 3 de septiembre, cuando los integrantes del Mecanismo de Seguimiento de la CIDH presentaron el informe preliminar de sus investigaciones en las instalaciones de la Normal de Ayotzinapa, el presidente de la CNDH, Luis Raúl González Pérez, lamentó que habiendo puesto en conocimiento de la PGR el caso de Erik Uriel Sandoval y de haber solicitado medidas cautelares para la salvaguarda del detenido y de sus familiares y testigos, la instancia ministerial no haya dado respuesta al planteamiento formulado, «en contravención a lo dispuesto por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que obliga a todas las autoridades a proteger y garantizar los derechos humanos».

También denunció que agentes de la autoridad se negaron a emitir las medidas precautorias solicitas aduciendo «irracionalmente» que dichas medidas deberían de ser planteadas ante el juez que sigue el caso del ilegalmente detenido Erick Uriel Sandoval Rodríguez.

El presidente de la CNDH dijo ese 3 de septiembre que más allá del despropósito de la PGR, al señalar que el ilegalmente detenido Erik Sandoval estuvo en actitud de desvirtuar su identidad, la institución no objetó ninguna de las evidencias ni contravino ninguno de los argumentos que expuso la CNDH.

Más aún –agregó–, de la respuesta que dio a la CNDH puede inferirse  que implícitamente reconoce su desacierto en la detención de Erik Uriel, pues únicamente se limitó a decir que el detenido estuvo en la actitud de desvirtuar su identidad atendiendo al derecho de defensa que le asiste y que del 2015 a la fecha de su detención no se recibió amparo o recurso alguno mediante el cual se acreditara algún excluyente de responsabilidad, o se ofreciera algún tipo de prueba en contrario.

«El reconocimiento de su error termina por completarse con la pretendida justificación de que se encuentra jurídica y materialmente imposibilitada a dar respuesta, aduciendo que actualmente la persona se encuentra sujeta a proceso en virtud de habérsele dictado en su contra auto de formal prisión», refirió Luis Raúl González.

Pero a pesar de las contundentes evidencias que la CNDH le entregó, lo que la PGR está exigiendo al detenido es que sea él quien demuestre que no es la persona a la que se refirieron los autores de la desaparición de los normalistas como su cómplice.

Para el presidente de la CNDH, la PGR pretende «injustamente» trasladar la carga de la prueba al imputado, no obstante que la PGR es la instancia que debiera proceder mediante mecanismos legales correspondientes.

Añade que ante esta  situación, hasta el 3 de septiembre pasado no le habían informado haber desencadenado acción alguna ante el juzgador para corregir esta «injusticia» a pesar de que implícitamente la PGR pareciera reconocerla.

«En lugar de proceder a realizar las diligencias pertinentes para remediar la irregularidad que ella misma produjo y aun cuando tiene a la persona equivocada en prisión, la autoridad ministerial federal hizo uso del tiempo que con prudencia esperó la CNDH para dar a conocer a la opinión pública este asunto, con la finalidad de no entorpecer las investigaciones oficiales, para estar buscando evidencias que hasta el día de hoy (3 de septiembre) no han aparecido para imputar al detenido Erik Uriel Sandoval, lo cual desde cualquier punto de vista es inaceptable», denunció González Pérez.

Debido a las irregularidades, la CNDH presentó un escrito Amicus Curiae (Amigos de la Corte) ante los tribunales federales que conocen del caso, con el fin de que se haga justicia y la situación legal de Erick Uriel se resuelva conforme a derecho. Lo anterior ante el silencio e inacción de la PGR para que conforme a sus atribuciones y mediante los mecanismos legales atienda el caso.

Mediante ese escrito se pusieron a consideración de las autoridades judiciales los documentos y elementos probatorios que la CNDH obtuvo en su investigación con los cuales, a su criterio, se establece que el Ministerio Público atribuyó de manera equívoca a la persona mencionada la identidad de otra persona a quien se imputa la participación en los hechos de desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa y se le identifica con el sobrenombre de La Rana o el Guereque.

Además, la CNDH dio vista del caso ante la Secretaría de la Función Pública (SFP) y a la visitadora general de la PGR para los efectos de la investigación a que haya lugar. También lo expuso ante el Alto Comisionado de las Naciones Unidas y ante la CIDH.

Sin embargo, ninguna reacción de parte de las autoridades había obtenido el organismo, evidenciando que contra el poder del Estado nada se puede, pues el caso de Erick Uriel Sandoval es una mentira más que apuntala la «verdad histórica» que avaló el presidente Enrique Peña Nieto, ya en el ocaso de su gobierno, y que, según la cual, los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, fueron asesinados e incinerados en el basurero de Cocula.

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