OPINIóN #961

La «reforma educativa» más reciente fue la que impulsó el presidente Enrique Peña Nieto y su secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño Mayer, que tuvo el gran defecto de cargarse hacia los derechos laborales de los trabajadores, en lugar de darle mayor peso al mejoramiento de la educación. Las circunstancias en las que se dio esta iniciativa fueron sumamente complejas. Por un lado, se intentó restarle poder político a la presidenta vitalicia del SNTE, Gordillo Morales, que había anticipado su negativa a la reforma educativa que se estaba diseñando en el gobierno federal...
El caso de Guerrero fue patético, porque las autoridades de la secretaría de educación en el estado y la sección XIV del SNTE, la convirtieron en agencia de colocaciones y legitimaron de la manera más grotesca la herencia de plazas y, en algunos casos, algunos funcionarios de la SEG se asignaron plazas de tiempo completo con las categorías más altas, y así se jubilaron, sin haber impartido un sólo curso en la Universidad. Nada pudo hacerse frente a esto pese a todas las denuncias. Hoy todavía se permiten asignarse los recursos destinados a la beca al desempeño docente sin ser docentes.

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