Bala perdida #961

Álvaro Carrillo:

ESE NEGRO TOSCO QUE LE DIO TERNURA AL ALMA MEXICANA

Ya no tiene vanidad, dice. Ni arrogante, que lo haya sido; ni presuntuoso, que tal vez lo fue; ni fatuo, ya es. Ya no es. Ahora es el amante tierno, el que abraza (a la ausente), el que conversa (con sus recuerdos). Ahora es el necesitado, pero en condición de humilde, del que se tira al suelo a esperar que ella lo levante, que su amor lo incorpore, le regrese a su cuerpo, metido en su cuerpo, el de ella.

LA TORRE Y EL CARACOL

Los poemas de Sor Juana nos revelan lo que nos esconden sus retratos: la realidad no es la representación teatral –la erudición, el ingenio, la fama, el mundo– sino la soledad y sus torcedores. Después de verse en la admiración de los otros, Narciso se ve en el momento de mirarse a sí mismo y se aborrece. En Sor Juana ese aborrecimiento no llega a la destrucción. No rompe el espejo: contempla con melancolía su imagen y acaba por mofarse de ella.

ANTÁRTIDA

Jugaremos ajedrez
oyendo a Mozart y a Sinatra,
enloqueciendo un poco
bajo los focos iguales,

y escucharemos Neblina morada
de Jimy Hendrix
como se escucha
una canción romántica.

PARA ESCRIBIR

Haz ejercicios para la espalda. El dolor es una distracción.

VIDA

Con su mano derecha, el viejo mago tomó una lágrima que escurría del rostro del padre, la depósito en una pequeña caja de terciopelo azul que luego cubrió con sus manos, cerró los ojos. Por un momento, el silencio llegó a ser tal, que no se escuchaba ni los breves latidos de la pequeña. Nada. Era ese tipo de silencio que recuerda a la muerte.

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