O P I N I ó N

EL FORO PARA EL PLAN DE DESARROLLO NACIONAL EN GUERRERO Y LA EDUCACIÓN

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En esta primera semana de marzo, en Guerrero se convocó a la ciudadanía para participar en un foro organizado por el gobierno federal para hacer propuestas con el fin de incorporarlas al Plan de Desarrollo Nacional. La convocatoria contemplaba tres grandes ejes para recuperar las propuestas ciudadanas y, en lo particular, me interesó la Mesa II, denominada «Sobre el bienestar», porque en ésa estaba contemplada la educación, y dada mi condición de educador, considere pertinente hacer una serie de propuestas en ese ámbito. No obstante que sabía que este tipo de eventos están, desde hace mucho, altamente desprestigiados, porque los planes gubernamentales casi siempre son planes sin planificar, y nunca se concretan en la práctica política, porque prevalece una estructura del poder que poco o nada tiene que ver con lo que algunos llaman «planeación democrática». No obstante, ponderando esos inconvenientes, era, en mi opinión, importante asistir al evento y hacer una serie de propuestas que en realidad se sintetizaban en tres puntos:

 

1. Pugnar por una política educativa de Estado, pues la educación no sólo trasciende los marcos sexenales, sino que, es en esencia, el único de todos los campos de la administración gubernamental que tiene que ver con el futuro del país.

2. Hacer un nuevo acuerdo por la educación, entre los tres niveles de gobierno, los maestros y los padres de familia, para mejorar sustancialmente la calidad de los servicios educativos que se ofrecen, y romper con la visión escolarizante que se tiene de la educación y asumir entre todos, la tarea de educar con alto sentido de responsabilidad social.

3. Instrumentar un programas de reconvención de la educación, teniendo como prioridad la de asegurar la permanencia de los alumnos en las escuelas, de tal forma que se garantice que quien ingrese al primer grado de la primaria, termine hasta el sexto grado y también ingrese a la secundaria. De esta forma, se iría atendiendo el enorme rezago que tenemos, calculado entre treinta o cuarenta millones de mexicanos que no han concluido sus estudios primarios, que abandonaron la secundaria o que son analfabetas.

 

Alrededor de esos tres ejes, pensaba concretizarlas en puntos más simples: como, por ejemplo, que todas las escuelas firmaran acuerdos con los maestros, las autoridades comunitarias y padres de familia de no faltar un solo día a la escuela –excepto en casos excepcionales– y programar los actos de protesta, cuidando como la más alta prioridad la de proteger el derecho que tienen los niños y los jóvenes a recibir una buena educación.

Ésa era la idea que tenía del foro, pero la realidad fue muy diferente y me parece que se desperdició una gran oportunidad para abrir un diálogo sobre los temas emergentes de Guerrero, y que tanta falta hace, en un contexto lleno de incertidumbres.

Por eso me permití hacer a un lado mi ponencia original, porque me pareció que era una falta de respeto la enorme improvisación con la que se organizó el foro, y no se entendió que se iba a tratar un tema crucial como lo es el de la crisis por la que atraviesa la escuela pública, que es, el espacio más sensible de nuestras sociedades y casi ya la única alternativa que nos queda –al lado de la cultura– para resolver los problemas emergentes del Estado y del país. Nada de eso parecieron entender los que convocaron al evento.

Por eso dije que tenemos el sistema educativo estatal más corrupto del país, donde todavía se heredan, se compran y se venden plazas. Ese lastre que permea todos los rincones de la Secretaria de Educación Guerrero es la causa principal del desastre educativo que tenemos.

Por el contrario, la organización del foro no se diferenció en nada de los que organizaba el antiguo régimen priista. El formato era el mismo y la actitud de los nuevos burócratas gubernamentales –que aspiran a gobernar Guerrero– es igualmente similar a la de sus antecesores en el poder: «Ni los veo ni los oigo». Pero lo más preocupante de estas actitudes, es que parecieran hacerse desde el concilio de la militancia, lo cual difiere radicalmente de la mirada de los ciudadanos en torno a los problemas, porque habitamos mundos axiológicos distintos. Esa mirada burocrática confirma lo que de alguna forma se sabía, pero que no se quería reconocer: la llamada consulta ciudadana sólo tiene como fin legitimar lo que, de una o de otra manera ya está decidido.

Reitero que yo tenía la idea de que el formato realmente iba a propiciar la participación ciudadana y que todas las voces serían escuchadas. Por ahora, no se pudo hacer eso y por eso también les comparto algunos párrafos de la ponencia original.

«Las instituciones de educación superior –nuestras universidades en el estado– siguen encerradas en paradigmas teóricos anglosajones y eurocéntricos, que hacen ilegible la problemática actual; y la clase política gobernante está intelectual y moralmente incapacitada para poder hacer una lectura contextual de los desafíos que se viven. Por supuesto, lo más preocupante es que se sigan repitiendo discursos viejos y totalmente alejados del contexto en el que vivimos. Ejemplos sobran de ese tipo de discursos políticos que nada tienen que ver con nuestra realidad. Por eso, repensar a Guerrero supone hacerlo desde la raíz, para empezar a comprender la naturaleza económica, política, social y cultural de los rezagos que nos siguen atormentando. Sin embargo, para emprender la tarea de repensar a Guerrero, hace falta aprender realmente a mirarse por dentro para poder apreciar su verdadera riqueza: la de su pueblo. Es decir, hace falta cambiar la mirada y tener la voluntad –la decisión– de romper con la ortodoxia existente, para entender que lo que hay que fortalecer es una organización que privilegie el diseño de propuestas inéditas a los problemas que tenemos, porque tal vez sea la estrategia más viable para sobrevivir en este mundo de capitalismo neoliberal».

Si es verdad lo que afirmaba José Saramago, en el sentido de que «la alternativa al neoliberalismo se llama conciencia», y la conciencia social sólo será posible desarrollarla con un proyecto educador, es claro que en Guerrero, la educación es lo último que les importa a la nueva élite política local, y más bien, exhibe un desprecio frente a cualquier iniciativa que tenga como fin la tarea de educar.

Por lo menos, ésa fue su actitud en el foro que ellos mismos convocaron.

Todavía no entienden que no entienden que la escuela tiene como tarea fundamental la de enseñar a pensar a los educandos; esto supone un debate permanente de ideas y no la repetición de consignas ya sin ningún significado trascendente. Por supuesto, las estructuras verticales de organización de maestros y estudiantes, inhibe el intercambio de ideas y no ayuda para plantear alternativas a los grandes rezagos educativos que tenemos. Es imprescindible pasar de la organización burocrática a la gestión académica. Sólo así será posible crear conciencia social. 

Solo entonces dejaremos de tener una clase política sin conciencia que se vuelve ciega, sorda y muda.

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