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DE INDIOS Y NEGROS, EL SER Y EL LENGUAJE DE ÁLVARO CARRILLO: EDUARDO AÑORVE

Eduardo Añorve, durante la conferencia. [Foto: Nadia Alvarado]

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Alvaro Carrillo, «en su persona y su obra representa la mezcla entre culturas que poblaron mayoritariamente este región, la de los pueblos originarios, y la de los africanos traídos como siervos o esclavos por los españoes», definió el periodista Eduardo Añorve.

Ante un público conformado por representantes de colonias populares y de organizaciones sociales, reunidos en Acapulco el 2 de marzo en la conferencia «De indios y negros, la lengua y el ser de Álvaro Carrillo», el también cronista de Cuajinicuilapa ahondó en la historia y el contexto de la región de la Costa Chica que comparten los estados de Guerrero y Oaxaca, la misma que vio nacer al músico y compositor Álvaro Carrillo.

Recurriendo a la vida de personajes como Juan del Carmen (originario de Rancho Cuanichinicha, municipio de Tlacoachistlahuaca, quien fue mano derecha de Vicente Guerrero, en la lucha por la independencia de México), explicó que aunque la mayoría de los historiadores lo presentan como indígena, por la zona donde nació, al describirlo físicamente destacan de Juan del Carmen sus rasgos físicos atribuidos a los afrodescendientes: moreno, fuerte, de pelo crespo y nariz chata.

Lo mismo, prosiguió, sucede con otros héroes regionales como Francisco Atilano Santa María y Juan Bruno, a quien le decían El Africano y quien anduvo peleando con Guerrero durante la guerra de Independencia.

En referencia concreta a Álvaro Carrillo, Eduardo Añorve especificó que su genealogía es similar: «Su mamá era de Juchitán, Guerrero, y se apellidaba Morales, y se dice que era negritilla; su papá era de Cacahuatepec, zona de mezcla de pueblos originarios; y él fue a nacer en un pueblito que se llamaba El Camalote, que se refiere al zacat. Curiosamente, Camalote es una palabra náhuatl; es decir, desde que nace Álvaro Carrillo está marcado también no sólo por el color y el fenotipo afro, sino también porque vive en una zona cultural indígena».

De ahí se desprende, según Añorve Zapata, que esta condición de zona de mezcla de la Costa Chica perdura hasta nuestros días, y nosotros «estamos tan mezclados… yo creo que es muy difícil decir aquí empieza lo indígena y aquí empieza lo negro. Yo creo que estamos tan mezclados que no nos damos cuenta de ello; además, porque no nos han enseñado a verlo, y eso nos debilita porque, entonces, nos dividimos: los amuzgos pa’ allá, los negros pa’ acá, los mixtecos para allá. Entonces, tenemos que empezar a ver más allá de lo físico, de lo de afuera, porque lo de afuera a veces nos divide, pero la cultura nos une», como en el caso de Álvaro Carrillo, «ese negro tosco que le dio ternura al alma mexicana».

Y en ese sentido, el conferencista dio algunos ejemplos, apoyado en proyecciones de fotografías de la comida, las danzas y la música de la región que Álvaro Carrillo, quien –aseguró– supo  representar esta «mezcla o hermandad de culturas», no sólo mediante su genealogía, sino también en su música, en composiciones que tienen arraigo local, nacional, pero también internacional.

«En la chilena, Álvaro Carrillo tiene la lengua de la región a su disposición y mediante coplas la describe: los espacios, los pueblos, las personas. Dice cómo somos en la Costa Chica. En sus chilenas hace un reconocimiento de cómo somos y estamos integrados en la Costa. Él no habla de que somos multiculturales, de somos diversos, él simplemente menciona lo que está viendo», explica.

Antes, Añorve Zapata había reproducido el poema «Canto a Costa Chica», de Álvaro Carrillo, como ejemplo de que en esos versos supo concitar los elementos constitutivos de la identidad afroindia de la región y de sus habitantes, quienes han convivido y conviven cotidianamente con sus chilenas y sus boleros, asumiéndomolos como propios, como parte del ser costeño.

También dijo que la copla –la forma que comunmente se utiliza en la chilena– es una forma poética tradicional popular que ha servido de vehículo para darle continuidad a las músicas derivadas de la época colonial, producto del comercio entre Europa, África y América, y citó a Antonio García de León: «Esta belleza de la simplicidad en las coplas contribuyó fuertemente a su permanencia y a que se fijaran casi como formas básicas de pensamiento en el alma popular, acomodándose solamente a los ritmos locales, a las respiraciones dialectales y a los géneros más diversos, naturalizándose sin perder su sentido y belleza originales. Una de las características más relevantes de la copla y de otras tradiciones sería, como lo anota Margir Frenk, “…la tenaz conservación de temas, formas, textos a través de los siglos”».

Otra forma musical que dio a conocer a escala internacional y que hasta la fecha siguen interpretando y actualizando cantantes de distintos tonos es el bolero; luego, apoyado en el investigador Pablo Dueñas, afirmó: «En este género, Álvaro hizo una escuela, hizo algo diferente como bolerista, crea una forma de hacer el bolero, le da sentido a este modo de ser del criollo, de la gente nuestra y suya, y que todos lo asumimos como propio. Y a pesar de que es un patrimonio de nosotros, los afroindios de la Costa Chica, y de todo el país, esa condición de negro-indio, de afroindio, no se le reconoce, y vemos cómo en las fotos que hay de él todavía se le blanquea, como era costumbre en la radio y televisión de su tiempo. La escuela de Álvaro Carrillo dejó como sus mejores alumnos en el bolero a Armando Manzanero y a Indalecio Ramírez».

Temas como Luz de luna y Chilena de Pinotepa se escucharon para ilustrar y deleitar a los presentes; además, Añorve Zapata afirmó que la obra del también llamado Negro de la Costa incluye además poesía, aunque ésta es menos conocida.

Para cerrar su participación dijo: «Somos afroindios, gente de mezcla. Álvaro Carrillo trascendió esa herencia, como músico y compositor, y llegó a ser grande siendo como nosotros, de un pueblito de la Costa Chica».

 

Del ser de Álvaro Carrillo al ser de costachiquenses contemporáneos en Acapulco

 

Al momento de las preguntas y comentarios se apreció cómo la narración de la vida y obra de Álvaro Carrillo hizo eco en los asistentes, que escucharon por más de una hora al conferencista. Algunos tomaron el micrófono y expresaron lo interesante que les había sido la conferencia y, sobre todo, lo agradecidas que estaban porque sus árboles genealógicos, así como sus experiencias de vida, también estaban permeadas de estas mezclas entre mixtecos, amuzgos, afromexicanos y nahuas, entre otras, lo cual se les hizo patente ante lo que habían escuchado, ayudándolos a entender pasajes y circunstancias de sus vidas.

Entonces pudieron hablar abiertamente de cómo el no poder indagar muchas veces sobre estas raíces y mezclas, por desconocimiento, vergüenza o miedo a ser rechazados, les había negado la posibilidad de reconocerse como resultado de esta diversidad y encontrar en ella algo valioso.

Por su parte, algunas integrantes de la Asociación de Mujeres Indígenas y Afromexicanas Radicadas en Acapulco (AMIARA, AC), organizadoras de esta conferencia, expresaron que escuchar todas estos comentarios les demostraba que el objetivo de esta conferencia se había cumplido: «Reflexionar sobre nosotros mismos, sobre nuestra identidad, a través de la persona y obra de Álvaro Carrillo».

En la organización de estas actividades intervinieron el grupo de Gestores Ciudadanos Gral. Emiliano Zapata de Cuajinicuilapa y la Universidad Americana Acapulco.

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