S U P L E M E N T O

Número 72. Año 2. 4 de febrero de 2019. Cuajinicuilapa de Santamaría, Gro.

Suplemento de antropofagia cultural, etnicitaria para afroindios y
no-afroindios de Guerrero y de Oaxaca, y de todo el universo oscuro.

LOS ASIENTOS PORTUGUESES

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Gonzalo Aguirre Beltrán

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El asiento con Reynel cesó poco después de este incidente. Mas ¿cuáles fueron en realidad las causas que motivaron la rescisión del contrato? Todo hace pensar que fueron los acontecimientos, que por esos días tenían como escenario las fuentes africanas, los que dieron al traste con este primer gran asiento. En efecto, después de la derrota de la Armada Invencible en 1588, los holandeses vieron abiertos los mares para disputar a Portugal sus florones coloniales. En 1599 una flota de 73 navíos equipada por el infatigable enemigo de España, Balthazar de Moucheron y por el mercader de Rotterdam, Pierre van der Hagen, atacó y arrebató a los portugueses la isla de São Thomé, lugar donde el asentista Gómez Reynel tomaba sus cargazones de esclavos. Quedando como único lugar en donde podían ser extraídos negros la gran factoría de São Paulo de Loanda, pero ésta se encontraba en manos de contratadores enemistados con Reynel. La factoría de Cabo Verde había venido a menos y en el área que antiguamente abarcaba su jurisdicción se habían establecido aventureros franceses, holandeses e ingleses que competían con los portugueses en la obtención de esclavos. El único punto de donde podían extraerse grandes cargazones de esclavos era Angola, lugar que se encontraba fuera de la contratación del asentista.

 

Contratadores de Angola

 

La factoría de São Paulo de Loanda, fundada en 1575 por Pablo Díaz de Novaes, se desarrolló rápidamente y adquirió un auge inusitado a partir de la pérdida de São Thomé y del establecimiento de los negreros de los países del mar del norte en Cabo Verde y las cercanías de São Jorge da Mina. Mientras de 1575 a 1591 la exportación anual de la factoría fue de 1 000 a 1 500 negros anuales, a partir de 1600 lo fue de 8 a 10 000. Su importancia puede medirse en el hecho de que para 1597 el papa Clemente VIII la hizo residencia de la diócesis de Mbaza, que abarcaba el Congo, Angola y la Benguela.

 

Rodríguez Coutinho

 

Por el año de 1600 era contratador de Loanda el propio gobernador de la provincia, Juan Rodríguez Coutinho, hijo de Loppo de Souza, gobernador de Mina. En los documentos portugueses, el contratador aparece con el nombre de Joâo Roiz Coutinho y se dice que tenía prerrogativas para dar dos hábitos de Cristo, cinco foros de Caballeros Hidalgos y treinta Mozos de Cámara, a más de ilimitada libertad en las disposiciones de su gobernación y facultad para nombrar sucesor a su hermano Gonzalo Váez Coutinho. Con Coutinho se ajustó el nuevo asiento el 13 de mayo de 1601, por el cual Coutinho se obligaba a navegar el mismo número de esclavos que el asentista anterior y en condiciones semejantes. El pago anual fue de 170 000 ducados y los 2 000 negros que Su Majestad tenía derecho a determinar a dónde habían de ser conducidos quedaron repartidos en el contrato en la siguiente forma: 600 a la Española, Cuba y Puerto Rico; 200 a Honduras; 700 a la Nueva España y 500 a Santa Marta, Río de a Hacha, Cumaná y Venezuela, en cada año. Entre las capitulaciones había una que obligaba a los capitanes de la trata a no sacar negros españoles casados si no era en compañía de sus mujeres e hijos.

El asiento de Rodríguez Coutinho no corrió con buenos vientos. Desde luego, el hecho de que la factoría de Angola estuviese abajo de la línea de navegación ecuatorial era ya una dificultad que entrañaba una más larga navegación y por tanto un mayor porcentaje de muertes que había de ser compensado con un porcentaje mayor de los esclavos que era permitido navegar sin registro. Hubo, por otra parte, de sostener largos pleitos judiciales con el anterior asentista que reclamaba el derecho de utilizar las licencias no empleadas y por las cuales había cubierto derechos. Según declaraciones de Coutinho, la parte contraria no solamente había navegado los negros que le habían sido concedidos, sino aún más, fijando en 21 200 los que introdujo Reynel durante el tiempo que corrió con su contrato. Mayores dificultades tuvo para pagar las anualidades elevadas del asiento, ya que el producto de la venta de las licencias y de los esclavos no siempre llegaban a tiempo. La Real Hacienda, para asegurar sus intereses, tomó para sí los dineros dirigidos al asentista, no dejándole sino una pequeña suma, 24 000 ducados, sólo suficiente para las más estrictas necesidades de la administración. Convirtióse así al asentista en un mero director del contrato, bajo el control gubernamental. La muerte de Joâo, acaecida en Kissama por julio de 1603, cuando se encontraba embarcado en la quijotesca aventura de la conquista de las inexistentes minas de Kambambe, dio fin a este convenio.

 

Váez de Coutinho

 

El asiento ajustado con el gobernador de Angola debía durar hasta 1609, mas con motivo de su fallecimiento celebróse otro con su hermano, Gonzalo Váez Coutinho, que había quedado como administrador de los bienes, rentas y derechos del difunto negrero. Váez Coutinho se obligó el 8 de mayo de 1605, a navegar negros de los reinos de Angola para las Indias por el tiempo que faltaba a su hermano; pero sólo había de cubrir al Tesoro Real, 160 000 ducados anuales.

Gonzalo Váez Coutinho dio a los capitanes negreros mayores facilidades para la extracción de negros angoleños. Para alentar a los navegantes a pasar la línea ecuatorial les concedió un 15% de esclavos para compensar las defunciones. Obtuvo además del rey que los capitanes negreros pasaran directamente del África a las Indias, donde habían de manifestar el número de esclavos que pretendían introducir, sin registrarlos en la Casa de Contratación.

Las dificultades económicas de Váez Coutinho en la administración de la herencia intestada del hermano, no fueron menores que las que éste había sufrido. No obstante los menores derechos que cubrían a la Corona, el año de 1609, el de la terminación del contrato, lo sorprendió en completa bancarrota. Muchos factores intervinieron en ello, pero sin duda de los más importantes fue la saturación de los mercados coloniales que había abaratado considerablemente la mercancía de ébano. En efecto, después de Gómez Reynel, el precio de los negros comenzó a descender en forma apreciable. Los esclavos que antes de la era de los grandes asientos llegaban a venderse en los puertos de entrada hasta en 500 pesos, eran para entonces vendidos en sólo 300. El asiento, con la introducción masiva de negros a un ritmo regular había hecho descender el precio de los esclavos. Desde entonces los negros fueron calificados como de excelente calidad y de edad joven; única forma de lograr su colocación en un mercado pletórico. Mientras en la época que precedió al monopolio asentista los negros entraban a las Indias eran en ocasiones defectuosos y algunos de edad avanzada para el rudo trabajo esclavista, los introducidos por los asentistas portugueses, en la generalidad de los casos, nunca pasaban de los 25 años y todos ellos eran negros en la plenitud de su vigor.

La mayoría de los esclavos de este asiento y de los dos que le precedieron fueron conducidos a México; Por carta de los factores de Cartagena sabemos que aquella tierra se encontraba saturada de ébano, que su transporte al Perú estaba lleno de dificultades y que el único lugar que por estos años podía absorber cantidades de negros era el mercado de la Nueva España.

 

Casa de Contratación

 

Fenecido que hubo el asiento con Váez Coutinho, obtuvo el siguiente un individuo de nombre Agustín Coello, hombre de paja que representaba a un comerciante portugués preso en Lisboa por fraude; pero apenas nacido se anuló sin que al parecer hubiera comenzado a ejecutarse. Entonces el Comercio de Sevilla, siempre temeroso de la competencia de los lusitanos, intentó un imposible retorno a la antigua práctica de venta de licencias sin monopolio y obligado registro de la mercancía de ébano en el puerto andaluz, de donde habían de partir los buques negreros. El antiguo comercio de licencias había muerto, sin embargo, y el número de estas licencias, a pesar de los esfuerzos de los sevillanos, que pudieron colocarse en el mercado, fue insignificante. La Casa de Contratación había obtenido del rey la orden indispensable para que el registro volviera a practicarse como antes, pero contra ello representaron en favor de los tratantes el Conde de Villanova y Mendo de Mota, quienes expusieron la imposibilidad que había de cumplir el ordenamiento, dada la lejanía de las factorías angoleñas. El decreto al fin fue abolido no obstante las protestas del comercio sevillano que hizo saber la enorme discriminación que había sufrido, para la fecha, el comercio de la madre patria con sus posesiones, debido exclusivamente al contrabando. En Cartagena y Venezuela, se dijo, constantemente se encuentran más de 15 navíos flamencos e ingleses dedicados al comercio clandestino bajo la tolerancia de las autoridades coloniales. Durante este periodo de dudas, que duró de 1609 a 1614, los negros siguieron entrando en las Indias en número considerable; pero todos ellos al favor del contrabando y en grave mengua de las rentas del Tesoro Real. Ésta había ordenado a uno de los oficiales de la Casa de Contratación, don Alonso de Molina Cano, que se encargara de la administración de la provisión de negros; pero su fracaso forzó al Consejo de Indias a retornar a la práctica de los asientos.

 

Fernández d’Elvas

 

Los infortunios de los primeros asentistas no asustaron a los tratantes, lo que hace pensar que no fueron tan grandes. Los amos y señores de la trata no obraron en su comercio con toda la buena fe que el gobierno español hubiera deseado y al lado de los beneficios que lograban obtener por la venta de licencias y la introducción legal de negros, siempre derivaban ocultas ventajas el tráfico clandestino de esclavos y demás mercancías; hecho del que tenía noticia cierta, según hemos visto, el comercio monopolizador de Sevilla, pero que, impotente para remediar la situación, puso esta vez y cuantas veces se le presentó la oportunidad, toda su influencia para obstaculizar el buen curso de los asientos.

Antonio Rodríguez de Elvas, que en los documentos portugueses aparece con el nombre de Antonio Fernández d’Elvas, rico mercader de Lisboa y contratador de Cabo Verde, primero, y de Angola, después, había obtenido ya, en 1609, la concesión del monopolio; la intervención del Consulado de Sevilla hizo que el contrato fuera arbitrariamente anulado; al fracasar esta corporación en sus intentos por monopolizar esta clase de comercio se ajustó con el mercader aludido el nuevo asiento. Celebróse éste el 27 de septiembre de 1615 por 115 000 ducados anuales, por los ocho que había de durar. Obligóse el asentista a introducir 5 000 negros cada año como máxima cantidad, pero nunca menos de 3 500 vivos. Cartagena y Veracruz fueron en este asiento los únicos puntos habilitados para la introducción. Fernández d’Elvas logró una ventaja en este contrato, que no habían gozado sus predecesores, a saber: el derecho de internación. Antes de él los asentistas y capitanes negreros depositaban la mercancía humana en las factorías de los puertos de entrada donde permanecía almacenada, refrescándose del largo viaje, y en espera de que los comerciantes de tierra adentro bajaran a comprarlos. El permiso de llevar negros a los mercados del interior facilitó a Fernández d’Elvas la venta de sus negros y, a la vez, el contrabando de toda clase de mercancías que pudo llevar y colocar directamente en las minas y grandes centros urbanos, recogiendo en cambio metales preciosos que eran introducidos después en Europa, sin pasar por los canales de la Casa de Contratación. Para llenar este comercio la máquina administrativa de la trata de esclavos creó empleados que recibieron el nombre de Encomenderos de Negros, quienes eran encargados de las transacciones en el interior, quedando los factores al cuidado de los establecimientos costaneros. En la Nueva España había encomenderos de negros en las ciudades de México y Puebla de los Ángeles, y se tiene noticia de que los primeros incursionaban hasta las minas de Zacatecas y Durango.

El asentista obtuvo además del rey la gracia de exención de toda clase de impuestos sobre las mercancías que sacara de España o de las Indias, para bastimento y pertrecho de los navíos de esclavos. Logró también por cédula del 2 de septiembre de 1622, que en las causas de los negros no intervinieran ni el virrey ni la Real Audiencia de México, privilegio que conservaron los asentistas que le sucedieron en el goce del monopolio, quienes consiguieron amplia confirmación del ordenamiento anterior el 5 de noviembre de 1635, fecha en que el soberano español mandó que las referidas causas de  arribadas de negros se remitieran inmediatamente al Consejo de Indias, sin que las autoridades coloniales pudieran conocer de ellas en primera instancia ni por vía de apelación.

El asiento de Fernández d’Elvas cesó por su muerte, acaecida en 1622; durante el tiempo que duró su contrato fueron introducidos en las Indias 29 574 negros por la vía legal, según consta en los libros de la Casa de Contratación.

En este asiento, como en los anteriores, el rey se reservó un número determinado de licencias, que, en el caso fueron 1 000, para concederlas a quien por bien tuviere. Diego de Pereira, el 21 de enero de 1617 obtuvo estos negros y para 1620 ya los había introducido por Cartagena y Veracruz.

 

Rodríguez Lamego

 

La muerte del asentista principal permitió a la Casa de Contratación encargarse nuevamente de la provisión de negros. Verificó contratos, llamados avenzas, con negociantes en negros para que los condujeran a las Indias, pero seguramente tales aveniencias no dieron resultado práctico alguno, pues el 1o de abril de 1623 celebróse un nuevo asiento en Manuel Rodríguez Lamego, que en sus capitulaciones fue semejante a los antecedentes. Sólo el monto del pago anual parece más elevado, 120 000 ducados cada año, de los ocho que había de durar. Por una retrotracción de tiempo, que también se hizo en los asientos anteriores, el contrato empezó a correr desde el 1o de mayo de 1622 y terminó el 30 de abril de 1630. El contrato con Lamego transcurrió sin incidente de importancia; el comercio de negros había madurado y la corriente de mercancía humana era fácil. Respecto de nuestro país, sólo encontramos de notable la acusación que hizo el asentista ante el rey y la complicidad del virrey de la Nueva España con el contrabando de negros y demás mercancías que verificaba Manuel Solís, negrero establecido en México.

Los navíos negreros, que durante el asiento con Gómez Reynel transportaban por lo común de 180 a 200 negros, habían aumentado considerablemente en porte, cargando en sus amplios vientres hasta 900 piezas de negros; éste fue el número que traía un navío procedente de Angola que naufragó a la vista de Cartagena, de los cuales sólo se salvaron treinta.

 

Ángel ySossa

 

Fenecido el asiento anterior, se ajustó otro el 25 de septiembre de 1631, con Melchor Gómez Ángel y Cristóbal Méndez de Sossa, quienes se comprometieron a navegar 2 500 negros cada año, durante los ocho que había de durar su contrato, y que comenzaron a contarse a partir del 1o de marzo del referido año, hasta el último de febrero de 1639. Antes de que se ajustara el asiento que antecede, el hermano del rey, don Fernando, arzobispo de Toledo, había obtenido la gracia de 1 500 licencias. El Consejo de Indias celebró capitulación con un genovés, Nicolás de Salvago, para navegar estos que, por primera vez, reciben el nombre de piezas de Indias, término que veremos usado posteriormente de manera corriente. Tal parece haber sido el motivo de la mutilación en el número de negros que sufrió el asiento que venimos reseñando.

Gómez Ángel y Mendez de Sossa llegaron al final de su contrato cuando sus coterráneos, cansados de la dominación española tan prolongada, daban muestras de rebelión; ésta ocurrió en 1640, es decir, cuando legalmente había terminado el asiento que transcurrió por los cauces normales, o sea, con su cauda de contrabandos, en ocasiones puestos al descubierto por algún celoso funcionario. El 28 de febrero de 1637 se remataron en Veracruz 103 negros descaminados en 42 230 pesos, tomados de navíos que los traían excediendo su registro. Los últimos años del asiento, sin embargo, fueron para la Corona de suma desconfianza y temor por los actos de los portugueses, y poco antes de la fecha en que debía fenecer el convenio el rey ordenó a las autoridades coloniales, incluidas las de la Nueva España, dieran por perdidos y aplicaran a la Real Hacienda los buques portugueses que se hallaban navegando pasado el tiempo señalado en el asiento, explicando que tal ordenamiento era para evitar los fraudes y daños que cada día intentaban hacer los portugueses a este género de hacienda, llevando embarcaciones de negros a las colonias para meterlos ocultamente en ellas.

Con este contrato termina la serie de asientos concedidos a comerciantes portugueses. El año de 1640 marca además el fin de la hegemonía lusitana en el comercio de negros que, en sus manos, había alcanzado un alto grado de desarrollo. El periodo que abarca los años de 1580 a 1640 fue el de mayor auge en la historia del comercio de negros portugueses a las posesiones españolas de las Indias. La máquina administrativa había alcanzado tal perfección que, aunque el nombre de los asentistas variaba, la estructura permanecía la misma, y hasta los empleados, factores y encomenderos, en uno y otro asiento, frecuentemente eran los mismos. En 1628 era encomendero de negros en México el capitán Sebastián Vaz de Acevedo, quien en 1638 seguía en su encargo, sirviendo uno y otro año a diferentes asentistas. Esta organización permitió a los portugueses que su comercio no se derrumbara verticalmente y que, a pesar de sus dificultades con España, durante los años siguientes a la separación de las dos monarquías, continuara el comercio clandestino.

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