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POSTALES DE AÑO NUEVO Y DÍA DE REYES

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–Todos los años lo mismo –le dijo Luis a Raquel mientras habrían sus regalos de Reyes –, nunca me traen los que pido. ¿Para qué hacer entonces la carta?

–Te has de haber portado mal; mejor esos cochecitos que nada.

–Ajá... y tú, ¿qué, pediste? ¿Esa cocinita bien chafa?

–No. Pero también me he portado mal, y por eso me trajeron estos trastecitos feos.

 

***

 

Los calzones rojos en el piso, de ésos que se ponen a Fin de Año para la prosperidad. Despertó en ese callejón, oliendo a orines y basura. Hizo todo lo que se hace en la última hora de año viejo, cuando se zampaba las uvas antes de las doce campanadas. Todos sus deseos desde el primer día tirados a la mierda. Apenas alcanzó a arreglarse la falda y la blusa, sus zapatillas no las encontró; sus medias rotas. Y un dolor terrible de cabeza.

 

***

Era de esos hombres llamados solitarios, quizá taciturnos, algunos dirían románticos, o quizá un poeta. Era un hombre solitario, con la mirada triste, la ropa sucia, vieja; delgado, extremadamente delgado. Sus vecinos dijeron no conocerlo mucho, no hablaba, era un buen vecino, de esos que no se meten con nadie. Silencioso y solitario dirían otros. Cuando llegó la policía por el cuerpo, en la mesa sólo había un plato con cena de año nuevo, una copa de vino y el cadáver del hombre, que murió asfixiado al tratar de pasarse una solitaria uva.

 

***

–¿Cuánto falta, Balta?

–No sé, Mel, pregúntale a Gas.

–Tampoco tengo idea, hace rato que se me terminó la pila y no pude checar bien el GPS.

 

***

–Pa', este año sí vendrán los Reyes Magos.

–Ya te dije, hijo, somos una república, no una monarquía. Deja de estar molestando.

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