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LENGUA Y AUTOADSCRIPCIÓN, FUNDAMENTALES PARA CONTABILIZAR A LA POBLACIÓN INDÍGENA: CDI E INALI

Especialistas en el tema afro. [Foto: Nadia Alvarado]

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Si bien la inclusión de la población afrodescendiente en los censos de los países de América Latina tiene en este momento la atención de organizaciones sociales y de académicos, esto no significa que el conteo de la población indígena haya quedado relegado; por el contrario, con el paso del tiempo ha derivado en la implementación de estudios y metodologías que permitan mejorar la captación de esta población, resultado obtenido tanto por las instituciones del Estado encargadas de realizar estos conteos y de algunos académicos, así como de la lucha de los movimientos indígenas por ser escuchados en estos procesos. 

Un ejemplo de esta interrelación se pudo presenciar durante el panel «Hacia el censo 2020, avances y retos», el cual fue parte de la conferencia «Entre la identidad y la clasificación: desigualdad racial en las Américas», realizada del 18 al 20 de junio del presente año en la ciudad de México, donde expertos en el tema reflexionaron sobre las implicaciones prácticas que tienen la identificación y generación de esos datos estadísticos, particularmente en el caso de la población indígena.

 

Es importante incluir factores como migración y disciminación en los censos: expertos

 

«En México hay una larga tradición sobre la identificación de la población indígena, donde la lengua ha sido un elemento fundamental. En el 2000 se agregó la autoadscripción. El conteo de esta población es imprescindible para generar políticas públicas y programas de apoyo en su beneficio; por ello es importante afinar las preguntas que se realicen en futuros conteos, y considerar factores como la migración y discriminación, entre otros», coincidieron Julieta Salazar y Guillermo Bali, de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (Cdi), así como Fidencio Briceño Chel, coordinador del Catálogo de lenguas indígenas nacionales que el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali) publicó en el 2008 .

Briceño Chel, quien fuera director del Inali en 2006, informó: «México se caracteriza por contar con una gran diversidad lingüística, que lo sitúa entre las diez naciones del mundo con mayor número de lenguas originarias y en América Latina. También es el país que cuenta con el mayor número de hablantes en lenguas indígenas. Este perfil poblacional plantea retos al Estado y sus instituciones, y uno de ellos es cómo contabilizarlos. Esta diversidad en México se concentra en esas 364 variantes lingüísticas, provenientes de las 68 agrupaciones lingüísticas, que están así denominadas en el Catálogo de lenguas indígenas nacionales y que tiene que ver con los datos de las once familias linguísticas que hay en México».

Señaló que este catálogo «tuvo como base la auto denominación lingüística, cómo los hablantes nombran a sus lenguas con las que se comunican, y responder a la pregunta Cuántas lenguas indígenas hay en México. El resultado fue 364 y, a partir de la autodenominación, se observa que hay lenguas tan expandidas como el náhuatl, que tiene 30 variantes lingüísticas; entonces, otras como el zapoteco o diidxazá, el mixteco, o tu´ un Savi, son de las lenguas con mayor diversidad lingüística en México y que no se pueden comparar con una lengua como el maayat´an (maya) que, en los tres estados de la Península de Yucatán es una sola lengua en la que nosotros nos podemos entender. Eso conlleva diferentes maneras de acercarnos a esta enorme diversidad que en México ya se reconoce, a partir de la Ley general de derechos lingüísticos de los pueblos indígenas que existe en México desde el 2003».

Una de las propuestas que han hecho en varias reuniones es –según dijo–: «Es que las preguntas para identificar a esta población puedan ser hechas en las lenguas indígenas, si bien una de las políticas que está instaurando el Inali a partir de este año es la institucionalización de las lenguas indígenas, y eso implica que dichas lenguas sean usadas en absolutamente todos los ámbitos de comunicación posibles, tanto formales como informales, tanto escritos como orales. Para este año hemos sugerido la lengua maayat´an porque es la que menos dificultades tiene para ser identificada… hay muchísima producción escrita… es la lengua que se usa en muchos ámbitos: hay prensa en maya, noticieros en radio, en televisión. Es la lengua más difundida, y que, precisamente por eso, también decíamos que los medios de comunicación nos pueden ayudar para empezar a impactar sobre el censo 2020, y empezar a hacerlo ya en esta lengua y el próximo año hacerlo con otra».

Luego, este experto se refirió a algunas consideraciones que se deben tener en cuenta sobre los cambios que están influyendo en la transmisión de las lenguas: «La población hablante de lengua indígena la vemos más hacia las edades que van de 20 años hacia arriba, y la niñez no está hablando ya la lengua indígena. Una razón es que  ingresan más pronto a la escuela, y otra es que los padres ya no están en las comunidades, la migración ha cambiado también los roles: es la escuela quien enseña la lengua, y está enseñando el español, salvo en algunos casos en donde las lenguas indígenas están presentes en los programas de educación bilingüe, pero no donde siempre la lengua es el componente más importante. Entonces, ¿cómo censar eso? También, una de las observaciones que hemos hecho es que seguimos hablando de dialecto, mientras en el catálogo tenemos el término de variante, ¿Cómo hacer coincidir lo que se está produciendo desde las instituciones?, ¿cómo aplicarlo al uso para este censo 2020?».

Finalmente, Fidencio Briceño dijo que «la perspectiva del pluralismo lingüístico en México también habría que tomarla en cuenta y ver que hay comunidades e individuos que no hablan una única lengua indígena. En el caso de Chiapas hay comunidades como Las Margaritas donde hablan cinco lenguas. En comunidades mayas, por ejemplo como Calakmul, en Campeche, aparte de que hablan maya, hay población chol que está ahí desde hace más o menos 15 años; entonces, hablan maya, chol… ahora empiezan a hablar tojolabal y tzeltal y tzotzil. Aparte, hablan inglés y francés por el turismo. Entonces, mínimo hablan cuatro o cinco lenguas. Eso es otro hecho que hay que tomarlo en cuenta. México es un país plurilingüe, y eso debe quedar reflejado».

Salazar y Bali expusieron que «a partir de los datos generados por el censo 2010 del Inegi, utilizan el concepto de hogares, que es cuando el jefe de familia habla una lengua indígena, se suman todos los miembros del hogar. Entonces, es un concepto intermedio entre autoadscripción y lengua y ha permitido avances muy importantes en los resultados, logrando una captación constante de hablantes, y eso permite aplicarlo a las políticas públicas. El asunto es más difícil en el caso de auto adscripción, porque en el 2010 eran 15.7 millones de personas autoadscritas como indígenas; sin embargo, en el 2015 dio un salto a  25 millones. Entonces, ahí en esa pregunta de auto adscripción. Todavía habría que trabajar más, por ejemplo, hacer una segunda pregunta: ¿A qué pueblo pertenece? Creemos que se reduciría mucho esta población y estaríamos más cerca de identificar y atender mediante políticas públicas al sujeto que debemos de atender, porque seguramente hay mucha gente que se autoadscribe indígena, pero tal vez por una afinidad de muchas cosas. No sabemos».

Al mismo tiempo, consideraron que «la autoadscripción por pueblo permitiría identificar a aquellos pueblos cuya lengua está en peligro de extinción por haber disminuido su población. Para estos pueblos es muy importante la autoadscripción. Por ejemplo, si encontramos 135 hablantes de una lengua, podemos estimar 440 por autoadscripción por pueblo; esto es importante para el país y hacia el próximo censo 2020».

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