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RASPOBIA BOHEMIA

(Para el Gordo Castañeda, que no sabía decir «Rapsodia bohemia» y me prestaba sus discos de Queen en la secu)

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Finalmente este fin de semana vi ‘Rapsodia bohemia. La vida de Freddie Mercury’ (como la subtitularon los genios de la distribuidora, no fuera a pensar el pendejo público que se trataba de algo esotérico, para empezar nadie sabe qué es una rapsodia, y bohemio suena a cerveza y algo sobre borrachos).

El asunto es que me abstuve de leer cualquier crítica antes de verla, tan sólo los estados del feis y los tuits donde a todo mundo le encantó y los encabezados de las noticias que decían que la crítica le tundió durísimo. Sólo vi los cortos y la cosa prometía: buena producción y los desplantes de Rami Malek (el ojón Mr. Robot en persona) que con todo y bigotazo y dientazos daba el changazo para imaginar a un redivivo Alfredito Mercurio en todo su esplendor.

A pesar del cuelgue y de los dimes y diretes entre Roger Taylor y Brian May en contra de Sacha Baron Cohen, por fin se hizo la película sobre uno de los cuatro mejores cantantes que ha dado el rock (junto con Robert Plant, Ian Gillan y Robert Halford), que además fue un genio compositor en un grupo que llegó a la altura de los mismísimos Beatles, y se desbarró en el livin’ la vida loca de la onda gay cuando serlo era algo que se veía pero se juzgaba en silencio, hasta que le cayó el chahuistle del sidral, pero con todo y eso no se arrepintió de nada y siguió cantando y componiendo hasta el mero final de sus días. Con una historia así para hacer una película, no había motivo de pensar que algo podría salir mal.

Pero pues nones, como dijo Tom Jones. Para empezar, al parecer Bryan Singer ya perdió el buen brazo con el que empezó su carrera (chingao: hizo ‘The Usual Suspects’ –“¡Keyser Zöse, Keyser Zöse!”- y el piloto de ‘Dr. House’) y creyó que estaba haciendo otro episodio de los X-Men (si es que esta es verdaderamente la versión que él visualizó desde un principio porque lo corrieron casi terminando el rodaje): vámonos rapidito con eso del trazo de los personajes y el desarrollo de la trama porque lo mero bueno son las escenas de acción con explosiones a tutiplén (en este caso, muchas tomas en concierto y gente extasiada adorando a la Reina Asesina), con una batalla final más larga que la cuaresma (los Cuatro Fantásticos contra el monstruo de las 72,000 cabezas del estadio de Wembley el día del Live Aid), batalla recreada con detallismo enfermizo, que por lo demás hemos visto miles de veces gratis por YouTube.

Y no me voy a poner tiquismiquis con eso de las “licencias” de tiempo y de situaciones ni los “factual errors” que cualquier fan de Queen que se respete detectó y tomó nota mental con “ay, no mamen” como subrayado. Porque a final de cuentas es una película, no un documental, y los guionistas y el director se pueden tomar ciertas libertades para hacer que funcione la historia, pero la cosa aquí es que no hay historia porque no hay conflicto, porque tampoco hay desarrollo de personajes. Puro cliché y del más burdo. Como película de superhéroes, ya les dije.

En serio, por momentos la película se convirtió en una especie de “Mujer, casos de la vida real”, ya en el colmo del delirio con la escena en la que Freddie les va a pedir perdón a los otros tipos del grupo, que es de verdadera risa loca (de veras, de risa loca).

Y no es que la producción y la reconstrucción histórica estén mal, ni que las actuaciones no sean decentes, pero para mi gusto Rami Malek quedó a deber, quizás está todavía chavo y en los cortos se veía muy bien, pero ya en la pantalla se vio acartonado y poco natural. Hagan de cuenta como si tuviera que interpretar a un bailarín de ballet pero en lugar de eso le salió un jugador de futbol americano (oquéi, oquéi, exagero un poquito pero no mucho).

Es decir, estaban tan obsesionados en replicar cada gesto y cada movimiento de Freddie Mercury en concierto que se olvidaron de que estaban contando la vida de una persona que sí existió y que debió tener unos demonios internos bien cabrones que lo hicieron componer canciones tan memorables, como también lo hicieron perderse en el desenfreno y la lujuria, porque Freddie Mercury debió ser un demonio caído del cielo con una voz de ángel. O al revés, pero creo que me entienden.

Por ahí escuché que se trata de “una película quedabién”; es decir, no se quiso molestar a nadie: ni a la familia de Freddie ni a Disney (que son los dueños de la disquera de Queen) ni a la censura ni al público complaciente que corea y saca los celulares en todos los conciertos aunque los grupos toquen como la mierda porque qué bonito es casi todo y ya nomás estamos para vivir de la nostalgia y de las canciones por Spotify.

Para que no digan que soy un amargado, les recomiendo que vean el documental “The Freddie Mercury Story: Who Wants to Live Forever?” (https://youtu.be/J714HA2CPUM), que parece programa de Paty Chapoy de aquellos de “La historia detrás del mito” con todo y dramatizaciones, pero por lo menos es fiel a los hechos y las fechas y el actor que la hace de Freddie sí se parece y actúa mucho mejor.

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