OPINIóN #941

La sangre corre por las calles de Acapulco. Habían pasado escasos minutos de que se había realizado, el pasado miércoles 24, el foro regional sobre el tercer informe político del gobernador Héctor Astudillo Flores, cuando el locutor y productor Gabriel Soriano Kuri fue asesinado en la glorieta de Puerto Marqués a tiros de 9 mm. Gabriel regresaba de atender la transmisión del informe. Según la Fiscalía se debió a un incidente vial.

Sin embargo, los familiares, cuando menos, desconfían de la explicación oficial, porque es sabido que los grupos delincuenciales usan este tipo de pretexto para realizar sus acciones criminales. Además, se agrega que en el lugar, en el momento del hecho, no había policías ni militares, cuando en la glorieta de Puerto Marqués siempre hay vigilancia policiaca o militar. Todo hace pensar, entonces, que el acto fue un ataque directo.

El problema de la educación es esencialmente político, y si esto es así, el análisis de la cuestión pedagógica implica poner en el centro a los principales sujetos intervinientes del proceso educativo: los maestros, los alumnos y aquello que posibilita la relación compartida de enseñanza y aprendizaje, esto es, los contenidos de aprendizaje. Sólo de esta forma se puede comprender mejor el sentido de la praxis pedagógica, en la que los fundamentos teóricos de la práctica se expliquen en el proceso concreto de la construcción del saber, no como un hecho consumado, sino como un movimiento dinámico en el cual, tanto la teoría como la práctica se rehacen a sí mismas. Es decir, la praxis pedagógica se entiende –como diría Paulo Freire– como el actuar humano-social que transforma la realidad: hacer de la realidad dada, la realidad humana. Es acción y reflexión.

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