Información

SE SIGUEN CHINGANDO EL DINERO EN NUESTRO NOMBRE, DE LOS AFROMEXICANOS

Pabellón Cultural Artesanal. Simulación. [Foto: E. Añorve]

A+
A-

Dice uno con el que hablo en la cancha municipal de Cuajinicuilapa que el diputado federal concluyente Arturo Álvarez Angli ya se iba sin justificar los ocho millones y medio del proyecto, pero que como no ganaron la elección, tuvo que regresar a este pueblo a realizar el festival que nos están recetando desde el viernes 26 de octubre de 2018 para justificar ese dinero… si no, se los iban a cobrar con creces.

Como hizo su copartidario Constantino García Cisneros, ahora del PVEM, quien también está ejecutando obras que debió ejecutar hace meses.

Pero nos la volvieron a aplicar; es decir, nos la aplicaron de nuevo: se gastaron ocho y medio millones de pesos en tres días en Cuajinicuilapa en un infumable «Festival de la cultura y tradiciones afromexicanas». Un grupo denominado Somos Mexicanos y Somos Lectores fue el ejecutor de esos melones. Ocho y medio. Cuando menos en el papel.

El presidente de esta asociación es licenciado y se llama Ignacio Vázquez López, según la página web de la misma. En esa misma página se encuentran los datos de contacto con ellos: Priv. Álvaro Obregón 47ª, Santiago Tepectipac, Totolac, C. P. 90163, Tlaxcala. (246) 462 4170 y (246) 757 6476.

Esta asociación promueve actividades relacionadas con la lectura. «Ser una asociación líder en fomento y promoción de la lectura. Incultar el hábito de la lectura en sectores vulnerables. Motivar a la población a la descubrir los beneficios de la lectura como pilar fundamental de la sociedad», son su objetivos. Sus valores son la honestidad, la calidad, el compromiso, la lealtad, la democracia y la creatividad. Dicen.

Nada qué ver con la cultura afromexicana. Nada que ver con las tradiciones afromexicanas. Ni por error.

Ya hace menos de seis meses, del 29 de abril al 5 de mayo, nos habían recetado lo mismo: chingarse varios millones con el pretexto de promover la cultura de los afromexicanos, en un tal «Encuentro Afromexicano 2018».

En esas fechas, las autoridades de la Secretaría de Cultura federal tuvieron el descaro de asegurar que «La iniciativa del Encuentro Afromexicano se suma a la resolución emitida en el año 2014 por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, que proclamó el Decenio Internacional para los Afrodescendientes (2015-2024), donde afirma la importancia de la plena participación libre y en igualdad de condiciones de las y los afrodescendientes en todos los aspectos de la vida política, económica, social y cultural de los países de las Américas».

Si no fuera real, sería de risa: …la importancia de la plena participación libre y en igualdad de condiciones de las y los afrodescendientes en todos los aspectos de la vida política, económica, social y cultural. ¿Y cuándo consultaron a las comunidades que dicen que beneficiaron siquiera? Si el jodido «encuentro» lo diseñaron los funcionarios y algunos vivales, excluyendo a la gente, dejando fuera a los tales afromexicanos de la Costa Chica.

Por eso los escenarios donde realizan sus actividades están vacíos. Y a veces los salva la presencia de escuelas y grupos, como ocurrió el sábado 27, cuando acudió un grupo de jóvenes de Cruz Roja, quienes fueron llevados a tomar un taller de no sé qué. Fuera de ello, es el vacío. Pero, ¿a quién le importa? Se trata de justificar solamente esos dineros.

En el llamado pabellón de artesanías afromexicanas, por ejemplo, ni siquiera alcanzaron a llenar los locales que habilitaron. Tampoco hay allí artesanos afromexicanos. Tampoco va la gente, sino uno que otro curioso. Es que no invitaron con antes, ni anunciaron por bocina a tiempo, comentan algunas personas. Los artesanos son de Ometepec, y, uno que otro, de Cuaji.

Antes, un par de preguntas: ¿Por qué estos festivales no los ejecutan desde los gobiernos estatales y municipales y tienen que ser instituciones privadas o civiles quienes lo hagan, en cuya organización las autoridades aparecen como sus cómplices? ¿Por qué los ejecutan organizaciones ‘patito’, que ni siquiera tienen como objetivos el tema afromexicano, como es el caso de Ayudando por la Vida, A. C., de Somos Mexicanos y Somos Lectores, A. C. y de la Fundacion AYABS?

Recuerdo a Mauricio Leyva, secretario de Cultura del estado, quejándose amargamente porque en el festival de agosto del 2017 se gastaron ocho millones de pesos. Ya ni la Secretaría de Cultura tiene ese presupuesto al año, decía. Pero se apaciguaba, porque estos proyectos están «cabildeados» con su jefe, el gobernador Astudillo Flores, y tenía que ir a inaugurar los festivales de marras.

Parece que la ruta de ese dinero viene desde la Cámara de Diputados federal, donde se aprueban los rubros y los montos; en este caso, a través de la figura de quien fuera diputado, el verde-ecologista Álvarez Angli. Se involucra, además, a la Secretaría de Cultura federal y, por supuesto, a la del estado, así como a los gobiernos municipales donde ejecutan esos proyectos. Obviamente se contó con la complicidad de Héctor Astudillo.

Los funcionarios locales se utilizan y están a disposición de las dizque asociaciones de la sociedad civil como las mencionadas para operar los programas del proyecto y con otras locales, quienes operan en corto y con los participantes locales algunas actividades. Pero no quieren soltar el dinero, como lo hace la gente de México Negro, A. C., quien opera en Cuaji estas actividades.

Vinieron unos muchachos a presentar un espectáculo que fusiona el baile de los diablos con el hip-hop; le pagaron 500 pesos a cada uno, pero no les dieron para el pasaje ni el hospedaje… u, hospedaje sí, pero no en un hotel, sino en una casa particular. Hay que hacer ahorros, pues; si no, ¿con qué marmaja se van a quedar los organizadores locales?

Pero no sólo el tal pabellón de artesanías está sin visitantes, ni tampoco las sillas y mesas que habilitaron en las afueras del museo para los talleres; también la plaza cívica –donde presentan cantantes, grupos musicales, de teatro, etc.–, no se mira nutrida de gente. Algunas presentaciones se han prestado hasta a burla de los muchachos.

Es que traen espectáculos que no le interesan a la gente –comentan algunos vecinos–, sino que la mayoría de los que traen no son atractivos, no llaman la atención. Y no es que sean malos, acotan, sino que están en otra sintonía, son para otros públicos.

Incluso, tampoco interesan mucho los llamados creadores locales, sobre todo porque insisten en traer a varios ya muy vistos, y hasta enfadan, puro lo mismo, se quejan, como algunos corridistas.

Hace unos meses, en el museo de las culturas afromexicanas organizaron un dizque encuentro de consulta de los afromexicanos, etcétera –recuerda un hombre–, y él les dijo que eran los mismos diez o quince de siempre, que nunca invitaban a la gente del pueblo, y les preguntó que dónde estaban las 20 organizaciones que mencionan en la convocatoria. Y le respondieron que habían invitado por bocina, pero que la gente es apática. Y les dijo que ése es su trabajo: involucrar a la gente que dicen que representan. Lo mismo ahora, les reclamó que nomás se gastaran el dinero a lo pendejo. Andaban buscando gente para que fuera a ponerse a la exposición de artesanías…

Cierto: entre los organizadores de estas actividades todavía andan funcionarios del gobierno municipal pasado, o presuntos promotores culturales de Acapulco, y dizque activistas que dicen defender los derechos de los afromexicanos. Algo tendrá que ver con la ‘chuleta’, creo.

El 12 de octubre también realizaron un «encuentro» de afromexicanos y funcionarios estatales y locales y presuntos embajadores africanos en Juchitán, donde, se calcula, «invirtieron» dos melones de pesos. Y entre toda esa fauna llegó alguien llamado Soh Tuma Ayaba, «embajador plenipotenciario de la Paz y la Amistad de la Gubernatura Nacional Indígena de México para Países Africanos y Afrodescendientes y además es príncipe del Noroeste de Camerún».

Es obvio que allí también se cocinó alguna transa… cocinada con pretexto de la aformexicano, y con recursos destinados a los afromexicanos. Lo cierto es que Rojas Benito, de Asuntos Indígenas y Afromexicanos, los felicitó por estar dándole color a los negros, al hacerlos visibles con su lucha. Bueno, no dijo eso del color, pero, ¿a quién le importa lo que allí se diga y haga?

Y si creen que ya se acabó el tema afromexicano en este año, no se hagan ilusiones, porque ya amenazaron que ahora sigue Azoyú.

«Lo bueno es que ahora lo hicieron en la plaza cívica –dice un maestro–, y allí cualquiera que pasa se queda a ver por curiosidad, no que el pasado lo hicieron en el salón de usos múltiples de la feria, a la orilla de pueblo, tal vez por eso no fue nadie».

COMPARTIR:

EnTwitter EnFacebook EnGoogle+
anterior | INDICE
ver cartón

Ediciones anteriores

Close