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Matar a nadie:

PARA NO OLVIDAR A LOS PERIODISTAS ASESINADOS Y DESAPARECIDOS

Colectivo Reporteras en guardia. [Foto: Hercilia Castro]

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La idea de un colectivo de reporteras que narraran la impunidad y dolor en que viven los familiares de los periodistas asesinados y desaparecidos desde Chihuahua hasta Guerrero, desde Campeche hasta la Ciudad de México, surge hace meses con el nombre de Reporteras en Guardia.

El resultado de recuperar la memoria fue el colectivo de Reporteras en Guardia, integrado por 140 mujeres, con el objetivo de no dejar en el olvido a los periodistas caídos. Porque el periodismo en 2018 se ha vuelto un trabajo de alto riesgo. Tan sólo en este sexenio, el saldo fue de 66 periodistas asesinados, incluido Gabriel Soriano Kuri, ejecutado en Acapulco el 24 de octubre.

En el Museo Memoria y Tolerancia, ubicado sobre avenida Reforma, nos reunimos unas 40 periodistas para testimoniar los estragos de la violencia en la que se trabaja en los estados de la República.

Al frente del foro, Dunia Rodríguez, Laura Castellanos, Vania Pigeonutt, Cinthya Valdez, Camelia Muñoz dan el anuncio de la página Mataranadie.com, haciendo énfasis en que las historias de los colegas asesinados y desaparecidos deben seguir contándose desde la parte humana.

Los estados más representativos en cuanto a incidencia de crímenes contra periodistas estuvieron con la representación de sus reporteras, como son Tamaulipas, Coahuila, Chihuahua, Sinaloa, Veracruz y Guerrero.

 

«Hacer periodismo en este infierno que se ha convertido la patria»

 

La vida no ha sido fácil para Cinthya Valdez, periodista de Sinaloa cofundadora del portal La Pared, especializado en temas de seguridad nacional y narcotráfico, y compañera de Javier Valdez, pues ha recibido amenazas, motivo por el cual fue acogida por el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas. Ahora vive desplazada en la Ciudad de México.

«Mi nombre es Cinthya Valdez, soy periodista desplazada de Sinaloa», dice en la entrada de su discurso, en el que también expresa sentirse honrada de participar en el colectivo Reporteras en Guardia.

Asegura que el mayor valor del periodista es la verdad y la honradez, además de que debe promover la unidad, y en el caso de las periodistas adquiere mayor relevancia por los diversos roles que se adquieren, desde ser madres de familia, hasta la del trabajo periodístico.

La relevancia de ser mujer periodista, considera, no se valora, ya que a pesar de existir leyes, en la vida real no se aplican, se transgreden. «Vivimos todavía la consecuencia de las políticas neoliberales que han hecho la concentración de los medios, la inestabilidad laboral, cierre de medios, despidos masivos, agresiones y amenazas en el ejercicio del oficio periodístico, y las violaciones a derechos humanos», explica.

Pero el desplazamiento interno es una de las consecuencias por la violencia, lo cual invisibiliza a las personas en una gran crisis humanitaria, que en números conservadores de las organizaciones sociales, son unas 300 mil personas que han sufrido el desplazo, tanto en comunidades como en las ciudades.

Sin embargo, para el Estado mexicano, lejos de legislar o tomar acciones, el problema del desplazamiento interno no existe.

Valdez señala en su ponencia que desde 2017, en que se incrementan las agresiones a periodistas, muchos comunicadores tuvieron que poner tierra de por medio, convirtiéndose en desplazados.

«No es nuevo en México, que decenas de reporteros y reporteras salgan de sus regiones debido al acoso que sufren, incluso el acoso de atentados por parte del gobierno, incluso por poderes fácticos como es el narcotráfico que es su mejor aliado», señaló.

Valdez señala que en su búsqueda por sentirse segura, comenzó el colectivo Periodistas por la Paz México, y al menos, son 70 casos de periodistas desplazados forzadamente, según un mapeo del mecanismo de protección, y 20 residen con sus familias en la capital mexicana. «Los demás, viven anónimos repartidos en la geografía mexicana; y muchos se mantienen reporteando aun en sus regiones, reporteando desde una trinchera precarizada. Y no por eso es menos importante», sostiene.

«Un celular, una computadora portátil, una cuenta de Facebook o Twitter, o un portal de internet son las herramientas esenciales para no desfallecer en este intento macabro de seguir haciendo periodismo desde este infierno en el que se nos convirtió la patria», dice.

Nara que en ese intento de hacer periodismo se arrastra a veces a la pareja, a los hijos, por caminos insospechados. «En mi caso, desde hace un año, he visto crecer a mis hijas en la distancia del resto de mi familia», dice casi llorando.

«Y ahora que encuentro mi propia voz a través de Periodistas por la Paz, que aglutina periodistas y colegas que han sufrido lo mismo, tanto como aquellos que se han solidarizado con nosotros en el tiempo, veo que hace falta construir una red de género en donde la mujer pueda desarrollar sus capacidades profesionales. Las instituciones de protección y atención a víctimas, carecen de programas para colocar a los desplazados a una vida civil y productiva», dice.

Señala que por eso para su asociación es necesario que el texto legal para la protección de personas defensoras de derechos humanos y periodistas, no contiene ningún plan de retorno para los defensores y periodistas.

«Lo cierto es que los periodistas y personas defensoras han tenido que sacar a sus hijos de las escuelas, y al llegar a otra ciudad no tienen acceso, por las trabas burocráticas y pierden así todo el ciclo escolar», dice.

Las reporteras y reporteros presentes en el foro coinciden con la violencia sistematizada, se reconocen como víctimas y se enchina la piel ante el video que pasan de todos los colegas asesinados y desaparecidos, 176 en lo que son 12 años. Algunos casos, ya vienen arrastrados desde el sexenio de Vicente Fox Quezada, pero siguen en la impunidad.

 

65 periodistas asesinados con EPN… 66 con Gabriel Soriano

 

El jueves 25 nos levantamos con el horror, los testimonios de las reporteras de cómo han tenido que salir exiliadas se quedan siempre cortos, no se escribe el futuro porque aún no se tiene acceso a la videncia. El miércoles asesinaban en Acapulco a Gabriel Soriano Kuri, productor, locutor, investigador, periodista cultural activo en el tema de las tribus urbanas.

A las reporteras guerrerenses fuera de casa la noticia nos llegó como cubetada de agua fría. Rosalba Ramírez Hernández, reportera del segundero lo afirma diciendo que es irónico estar en un foro denunciando los ataques al gremio, mientras en el estado del «orden y paz» asesinan a Gabriel.

A mí me queda la duda, me paraliza el saber la noticia, le pregunto a Roberto Ramírez si es verdad, y sí. Todo lo que resta de la noche del miércoles que el gobernador Héctor Astudillo Flores dio su informe, y acribillan a Gabriel, no dejamos de comentarlo por teléfono, en las redes sociales, en el WhatsApp, haciendo comunicados, sumándonos a exigir lo que no llega: justicia. Y aun sin valor para decirle a Javier Soriano que duele mucho lo de su hijo, porque no creo que existan palabras para quitarle su pena, y sin embargo le abrazo a mi compañero con el pensamiento.

El jueves de madrugada nos levantamos a protestar, con un frío que cala los huesos muy al estilo de la Ciudad de México, llegando a las afueras de Palacio Nacional para extender la lona de «El saldo de EPN: 65 crímenes contra periodistas».

Se arreglan como un mosaico las fotos de los y las periodistas asesinados y desaparecidos. La periodista Laura Castellanos recordó a Peña Nieto que su sexenio ha sido igual de sangriento que el de Felipe Calderón Hinojosa, pues en números, iban 65 comunicadores, y con el asesinato de Soriano Kuri, 66.

 Guerrero, Oaxaca, Veracruz, Tamaulipas y Sinaloa se colocan con más casos que siguen en la impunidad.

Castellanos destacó que en el último reporte sobre violaciones a la libertad de expresión realizado por la ONU, no se alude al crimen organizado, sino a que los ataques vienen principalmente de agentes del Estado.

Los medios aliados como Aristegui Noticias, Perú Informa, La Plaza Diario, La Jornada, Huffington Post, Acustika TV y otros, reportan la protesta de las periodistas que narramos los perfiles de los compañeros desaparecidos. Ahora se pretende que nadie olvide. La meta es ésa. Llegar a la justicia ya parece utopía.

En la explanada del Zócalo se dan las entrevistas. Las norteñas y sureñas fueron las que más acudieron al llamado del colectivo Reporteras en Guardia. Pero los que entrevistan, como Luis Pérez, reportero del Huffington Post, también ha llegado a la Ciudad Monstruo para quedarse, desde Baja California. El trabajo periodístico también se paga mal allá y como todos los reporteros, se redacta para diversos medios, que a veces, no responden ni a las demandas laborales.

Patricia Mayorga, compañera de Miroslava Breach, corresponsal de La Jornada en Chihuahua asesinada en marzo de 2017, llega corriendo a la protesta y nos acompaña en el desayuno. Vino desde Perú al encuentro y también, como muchos, forma parte de la lista de periodistas exiliados.

Mayra Cisneros, de Tamaulipas, también platica su experiencia. Fue acogida por el programa de protección y pronto se irá a Europa; aún no sabe o no le definen a qué país. Lucía Lagunes, directora de CIMAC, súper contenta, se siente, a pesar del terror mexicano causado por la guerra contra el narcotráfico, la empatía y solidaridad que nace entre las mujeres cuando hay peligro y miedo.

Lagunes logra que Mayorga y Cisneros también sepan por qué es una delicia comer la torta de chilaquiles verdes, el suave encanto del bolillo relleno de tortilla. Reímos, nos tomamos la selfi, conscientes de que regresaremos a trabajar a los estados más peligrosos para los reporteros, en el país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo: México.

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