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LA MÚSICA EN EL ESTRIDENTISMO

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Las vanguardias europeas comparten una misma urgencia: “descubrir nuevas posibilidades expresivas y el rechazo de la estética simbolista decadente, desajustada con la circunstancia social que se vivía” (Verani, p. 9). En los principios del siglo XX comienzan a surgir, a partir de la influencia que dejan las vanguardias europeas, diferentes corrientes artísticas en Hispanoamérica. Estas corrientes se caracterizaron por ser movimientos disconformes con las artes impuestas desde siglos atrás y lo que buscaban era reinventar las artes.

En diciembre de 1921 surgió en México el movimiento estridentista cuyo propósito era renovar la poesía y la literatura mexicana de la forma más escandalosa posible. Este movimiento buscaba “aliar la creación estética con la revolución” (Schwartz, p. 187), puesto que los estridentistas estaban motivados a partir de la Revolución Mexicana de 1910 y la Revolución rusa de 1917.

El movimiento estridentista constó de cuatro manifiestos. El primero manifiesto titulado Actual núm. 1. lo escribió Manuel Maples Arce y lo “lanzó al aire” en diciembre de 1921 tras pegarlo en las paredes de Puebla. Este manifiesto, influenciado por el futurismo1, inaugura el movimiento con catorce principios donde Maples Arce2 expone lo que es el estridentismo y sus ideales para combatir con las formas pasadas. Sin embargo, para Alatorre -citado por Evodio Escalante- los ideales que propone Maples Arce no son para “renovar” o “enriquecer” a la literatura mexicana, sino que “su actitud es exclusivamente destructora, negativa, erizada de caos y de puro negativismo…” (Elevación y caída del Estridentismo, p. 14).

Para los siguientes tres manifiestos, el estridentismo comenzó a tener más representantes, por lo cual el tono y los ideales cambiaron un poco: ya no eran manifiestos agresivos; pero, seguían en contra de lo académico e instauraron el término “ideológico”. Sus representantes fueron Manuel Maples Arce, German List Arzubide, Salvador Gallardo, Guillermo Rubio, Adolfo Ávila Sánchez, Aldeguldo Martínez, entre otros. A estos estridentistas, Carlos Monsiváis -citado por Evodio Escalante- los considera: “Discípulos incoherentes de Marinetti y Tzara, sus poemas, ruidos, disparatados, cursis, libraron sus combates en los terrenos del simple arreglo tipográfico y nunca superaron el nivel del entretenimiento infantil” (Escalante, p. 15).

A partir del último manifiesto, titulado “Movimiento estridentista núm. 4”3, el movimiento se instauró en Jalapa, donde el gobernador de Veracruz, Heriberto Jara, les proporcionó su apoyo para financiar sus actividades y publicaciones en revistas (como Horizonte, Irradiador, etc.) Sin embargo, un año después, llegó el fin del gobernante Jara, con lo cual también vino el fin del movimiento estridentista. “¡Con lo que pasó a la historia como el único movimiento vanguardista en América Latina que contó con apoyo militar!” (Schwarts, p. 189). No obstante, Evodio Escalante toma un punto demasiado importante en su libro Elevación y caída del estridentismo al decir que “la literatura y la política no se pueden fundir” porque la política propicia un régimen autoritario. Es un sistema que tiene que seguirse tal cual lo dictan los gobernantes. En cambio, la literatura busca ser libre, no pretende seguir esquemas ni ritmos ni tradiciones. No obstante, eso es lo que hacen las vanguardias, imponerse. Cada manifiesto vanguardista busca romper con las tradiciones, pero imponiendo sus propias ideas4. La literatura, la poesía, la pintura, las artes en general deben ser libres, pero siguiendo los ideales vanguardistas. En tal caso, ¿se libera o se condena (más bruscamente) a las artes? El mismo manifiesto estridentista niega a las personas que no forman parte del movimiento: “A los que no estén con nosotros se los comerán los zopilotes. El estridentismo es el almacén de donde se surte todo el mundo.  Ser estridentista es ser hombre. Sólo los eunucos están con nosotros.”5

El estridentismo se caracterizó por ser un movimiento que evocaba el presente, a pesar de tener varias referencias e influencias al futurismo, los estridentistas “se abren al presentismo de la nueva realidad que surge con los procesos revolucionarios que están transformando de manera compleja al país…” (Escalante, p. 47). Es decir, los estridentistas se enfocan en el presente, buscan ser actuales y con ello buscan “el arte nuevo, juvenil, entusiasta y palpitante”6, el arte verdadero, el arte estridentista:

“De aquí que exaltemos el tematismo sugerente de las máquinas. No hay que olvidarlo, UN AUTOMÓVIL EN CARRETERA ES MÁS BELLO QUE LA VICTORIA DE SAMOTRACIA y, ante la gloriosa cruz de un aeroplano, los pegasos tiene que descender vergonzantes a los pesebres burocráticos.” (Manifiesto Estridentista núm. 3)

Como su nombre los define, los estridentistas buscaban ser eso: estridentes, ¿y qué es más estridente que una ciudad? La ciudad moderna, aquella ciudad en movimiento que abraza lo sonoro y las emociones, la velocidad y la energía, la tecnología7: la nueva metrópolis. Maples Arce, en su poema Vrbe. Súper poema bolchevique en 5 cantos (1924), utiliza la temática urbana: “las temáticas de la nueva metrópolis y de la revolución social, mediante un lenguaje telegráfico y especializado, de exaltación de la máquina y de los nuevos medios de comunicación”; de igual forma List Arzubide utiliza la temática urbana en su poema Esquina (1923). Con esta implementación de lo revolucionario, el estridentismo -cómo se mencionó al principio del trabajo- buscaba aliar la creación estética con la revolución, lo cual posibilita una relación entre la vanguardia artística tradicionalmente elitista y la vanguardia político-social.

Dicha esta temática urbana y tecnológica impuesta por el movimiento estridentista, introduciré la importancia que tuvo la música, enfocándome en el jazz, en Latinoamérica durante los años 20’s y de qué forma se vincula con el Estridentismo.

Durante los años veinte, el grupo estridentista se reunía frecuentemente en un café, al que apodaron “Café de Nadie”. Hay dos versiones sobre el porqué del nombre, una dada por List Arzubide, en su libro “El movimiento estridentista”, donde cuenta que:

Fue Maples Arce quien descubrió el café una noche de llovizna. En el establecimiento no había nadie. Pasó a otra pieza, donde sólo halló una cafetera que hervía. Se sirvió, regresó a su mesa y se tomó el café. Como nadie vino a cobrar le pagó a nadie y dejó una propina a una camarera que nunca vio. Y así fue y así regresó otras noches al café donde nunca encontró a nadie.

Otra, es del mismo Maples Arce, quién lo narra sin el humor e imaginación que “caracterizaba” a los estridentistas: “Cuenta que en esa época él y Arqueles Vela paseaban por las calles del barrio de la Roma y entraron al Café Europa, que Arqueles bautizó con el nombre de Café de Nadie, tema de uno de sus libros”.

El Café de Nadie fue de gran relevancia para el movimiento, pues es ahí donde surge la idea de la Revista Irradiador y la creación del segundo manifiesto, se juntan ideas y presentaciones sobre literatura, artes visuales y música. En el Café de Nadie se realiza la primera exposición estridentista presentando el ensayo “Jazz-XY”8 de Manuel Maples Arce el 12 de abril de 1924.

El jazz es considerado como mayor representante de la música moderna del siglo XX. Arnaud en su libro Los grandes creadores del jazz caracteriza a este nuevo género musical como moderno por tener un “carácter definitivo, no reproducible e imposible de captar o fijar por medio de la simple notación musical.” (p. 17). El jazz tuvo varias críticas en las que lo tacharon de ser decadente, vulgar, ruido, sonidos estridentes, grosero y perverso (hasta diabólico), característico de la gente loca9, y un sinfín de adjetivos. Sin embargo, también es alabado al declararlo electrizante, vitalidad, modernidad, fuerza, novedad…

Para los estridentistas, como relata Roberto Rivelino García en su libro, el jazz “representaba el dinamismo y la frescura del siglo XX”. Tenían un mayor acercamiento porque ambos habían sido criticados por las autoridades académicas por ser considerados como una “amenaza cultural” con respecto al verdadero arte. El jazz era el cambio de siglo puesto en música como el estridentismo lo fue para la literatura y la poesía. Eran la ruptura de convenciones de la música clásica y la ruptura del ritmo y “la irrupción de imágenes y palabras que no eran incluidas en el vocabulario poético tradicional”.

En el ensayo “El jazz y el estridentismo”, el autor propone un análisis comparativo entre el jazz y el estridentismo al contrastar el valor del ritmo (el autor emplea esta comparación a partir de la innovadora síncopa10: “acentuación del tiempo débil prolongado al siguiente”, y la sensibilidad que producen en los escuchas/lectores:

La síncopa de ese género se equipara en el poema estridentista con la ruptura del ritmo y la irrupción de imágenes y palabras que no eran incluidas en el vocabulario poético tradicional en la década de 1920. Por eso encontramos en Actual 1: “Al fin, los tranvías han sido redimidos del directorio de prosaicos, en que prestigiosamente los había valorizado la burguesía venturada con hijas casaderas por años de retardarismo sucesivo e intransigencia melancólica, de archivos cronológicos.” (García, p. 193)

Sin embargo, se ha llegado a considerar al estridentismo como un movimiento que no hizo cambio alguno en la poesía, no hubo trascendencia ni cambió la tradición. Fue un movimiento que perdió toda credibilidad y fuerza, hasta los propios estridentistas, en algún punto, negaron su propio movimiento. Vicente Quirarte considera que “el estridentismo no pasó del periodo heroico, donde es aventura; más aún, sus mejores logros se manifestaron en una actitud neodadaísta de rechazo absoluto, de afirmación carnavalesca”, también señala que “los gestos de los estridentistas son con mucho más recordables que sus textos”.

Los estridentistas buscaron renovar el lenguaje a partir del avant-garde, siguiendo una libertad de la forma y el significado, como bien lo plantean en el Manifiesto Estridentista núm. 3: “La poesía, poesía de verdad, sin descripciones, anécdotas ni perspectivas, esto es, poesía pura, sucesión de imágenes equivalentes, orquestalmente sistematizadas que sugieran fenómenos ideológicos de estados emotivos”; utilizaron sus propias palabras para describir el ambiente que los rodeaba en la ciudad moderna y le otorgaban a los objetos tecnológicos un gran prestigio en su poesía; es decir, los estridentistas instauraron una poesía antipoética.

Al igual que el estridentismo, el jazz buscó formas de instaurar su propio ritmo. Esta nueva oportunidad de crear nueva música y no seguir con las influencias europeas y estadounidenses (en el caso del jazz), a partir de una restauración en el mundo artístico aprobado por las academias. Por ejemplo, a principios del siglo XX, el compositor y teórico musical Arnold Schönberg instaura la Escuela musical vienesa, cuyo propósito, como dice Schönberg citado por Liscian-Petrini, es crear a un verdadero músico: “El verdadero músico escribe lo nuevo e insólito de un nuevo complejo sonoro únicamente por una razón: porque tiene que expresar lo nuevo y lo inaudito que le mueve interiormente…” (Tierra en blanco…, p. 56). Schönberg logró cambiar la forma de ver el mundo musical a partir de comprender al mundo desde un ángulo diferente, no al tratar de cambiarlo completamente. De igual forma, John Cage, compositor estadounidense, en los años cincuenta, busca implementar una nueva corriente musical denominada “Música experimental”, cuyo propósito era “defender la estética de la nueva música norteamericana que rompió su cordón umbilical con la tradición estructural europea” (Mora, p. 169)11, busca liberarse y rebelarse de la academia musical.

A pesar de que el movimiento se considera un puro “capricho infantil”, el movimiento estridentista no fue en vano; a pesar de no lograr romper con la tradición poética ni lograr imponer su propia antipoética en la cotidianidad, impusieron un poco de desordenen en otras corrientes artísticas. El estridentismo pierde su total fuerza y se desintegra en 1927; sin embargo, con respecto a la música, el estridentismo le otorga la osadía para rebelarse contra la forma y las reglas. Sin embargo, si el jazz -y la música en general- pudo ramificarse cual árbol y crear corrientes musicales como lo fue la música experimental o, en el caso del jazz que en pleno siglo XXI tiene un sinfín de subgéneros (como el Swing, el Swing Jazz, el Smooth Jazz, etc), ¿por qué el estridentismo no trascendió poéticamente? Porque pudo haber dejado herencia artística con lo que respecta a su lucha e imposición, pero no se ven poemas donde se trate de versificar un telégrafo o un radio. El estridentismo, al fin de cuentas no fue tan estridente como se buscaba que fuera.

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