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VIOLENCIA SIN LÍMITES EN LA SIERRA

Ataque en la Sierra. Zona de guerra. [Foto: Trinchera]

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La calle principal tapizada de cartuchos percutidos reflejaba la magnitud de la balacera ocurrida la mañana del 5 de septiembre en La Laguna, municipio de Eduardo Neri. Un policía muerto, cinco heridos, varios vehículos y la base de la Policía Estatal Rural agujereados por decenas de balas de distintos calibres, fueron los resultados del ataque.

Esa mañana, los habitantes de ese pueblo ubicado camino a la Sierra, en el corredor de Xochipala a Filo de Caballos, se despertaron bajo el fuego de metralla. Los primeros balazos comenzaron como a las siete de la mañana y las ráfagas continuaron durante casi una hora.

Como La Laguna, al menos otros tres pueblos, Puentecillos, El Ranchito y Carrizal también se vieron hostilizados ese día por una célula del mismo grupo armado, sin que en estos lugares hubiera mayores consecuencias. Sus habitantes sólo vivieron durante casi ocho horas con el temor de ser el blanco de una bala perdida.

Lo que se vivió ese 5 de septiembre en esos pueblos de los municipios de Eduardo Neri y Leonardo Bravo deriva de una rivalidad que mantienen hace por lo menos un año pobladores del municipio de Heliodoro Castillo (Tlacotepec) y la gente de los pueblos del corredor de Xochipala a Filo de Caballos.

Testimonios cruzados entre ambos frentes indican que los de Tlacotepec, cabecera de Heliodoro Castillo, apoyados por el grupo criminal de Juan Castillo Gámez, El Teniente, y la Policía Comunitaria de ese municipio, quieren controlar el corredor de Xochipala a Filo de Caballos asentados a orillas de la carretera Casa Verde-Tlacotepec, debido a que aquí, otro grupo criminal, el encabezado por Isaac Navarrete Celis, El Señor de la I, y la Policía Ciudadana de Leonardo Bravo y Eduardo Neri, les impiden el paso en su territorio, en donde, además, se han cometido delitos en contra de la gente de aquel municipio cuando bajan o regresan a sus pueblos de Chilpancingo.

La guerra ha sido fratricida. El 9 de junio, un enfrentamiento en la comunidad de Corralitos, municipio de Leonardo Bravo, ubicado a unos 10 o 15 minutos de Filo de Caballos, en la carretera rumbo a Tlacotepec, dejó cuatro muertos, entre ellos, el comisario municipal, así como tres casas incendiadas y dos atacadas a balazos.

Dos días después, el 11 de junio, otro enfrentamiento en El Ranchito, entre Corralitos y Filo de Caballos, dejó un muerto; y en el lugar fueron halladas dos camionetas clonadas, con características similares a las patrullas de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

La confrontación pareciera que cuenta con la complecencia de las autoridades federales y estatales, al menos eso se evidencia cuando las fuerzas federales y estatales llegan varias horas después de los ataques o enfrentamientos para imponer el orden, aun cuando los llamados de auxilio de la gente comienzan desde que se sienten bajo el fuego cruzado.

La mañana del 5 de septiembre, la gente de la Laguna solicitó auxilio a través del teléfono de emergencias 911 desde los primeros disparos. La Laguna se encuentra máximo a una hora de Chilpancingo, y la balacera duró aproximadamente ese tiempo. Pero después, los agresores se dieron tiempo de trasladarse a Xochipala, en donde incendiaron cuatro vehículos compactos y una urvan del servicio de transporte que cubre la ruta Chilpancingo-Filo de Caballos. Los militares y policías estatales llegaron a La Laguna después de las once de la mañana, según la gente de la localidad.

Además, el 22 de junio la Policía Comunitaria de General Heliodoro Castillo (Tlacotepec) había emplazado a los gobiernos federal y estatal para que garantizaran la seguridad en el corredor de Xochipala a Filo de Caballos, en donde debido a la violencia e inseguridad no pueden pasar por esa zona hacia Tlacotepec las urvan del transporte público, las pipas de gasolina, los camiones de gas doméstico y las camionetas que surten de productos básicos a esa cabecera municipal y a los pueblos vecinos.

Los gobiernos federal y estatal ignoraron el llamado y las consecuencias no se hicieron esperar. En los 15 días previos al 5 de septiembre, fueron secuestradas siete personas de Tlacotepec cuando pasaban por ese corredor, denunciaron los vecinos de esa cabecera municipal.

El secuestro más reciente ocurrió el 4 de septiembre en contra de un maestro de Tlacotepec, a quien le pidieron un millón de pesos por su libertad, y fue lo que originó que los civiles armados de aquel municipio entraran la mañana del miércoles 5 de septiembre a La Laguna, para intentar controlar la zona, pero fueron repelidos por elementos de la Policía Estatal Rural y la Estatal de la Secretaría de Seguridad Pública.

Pobladores de Tlacotepec denunciaron que desde los primeros  incidentes de violencia ocurridos el 9 y 11 de junio en Corralitos y El Ranchito, cerca de Filo de Caballos, los maestros, los médicos, las combis del servicio público y los vehículos que llevan mercancía a los pueblos del  municipio de Heliodoro Castillo no han podido pasar por el corredor de Xochipala a Filo de Caballos por la inseguridad.

Un integrante de la Policía Comunitaria de Heliodoro Castillo, denunció que la situación se complicó en los últimos 15 días, cuando comenzaron a secuestrar a maestros y a comerciantes en esa zona.

Argumentó que «esto fue lo que colmó la situación» y que la gente de ese municipio se armó e incursionó la mañana del 5 de septiembre en La Laguna, porque los gobiernos federal y estatal no solamente ignoraron el llamado para que atendieran el problema de inseguridad en ese tramo carretero, sino que apoyaba a estos pueblos de Xochipala a Filo de Caballos con 200 policías rurales.

«Por eso les metimos a la gente, porque ya van siete secuestros en 15 días, y ayer le pidieron un millón de pesos a un profesor de Tlacotepec, y todavía tienen secuestradas a dos personas», denunció.

La fuente informó que de los siete secuestrados, dos son profesores de Tlacotepec y cinco son comerciantes.

Los civiles armados de Tlacotepec intentaron entrar a Filo de Caballos por la carretera que llega de Casa Verde y pasa por Xochipala, así como por Corralitos por la carretera que viene de Tlacotepec.

El 6 de septiembre, el gobernador Héctor Astudillo Flores declaró en Acapulco que la situación en los pueblos de la Sierra se había «normalizado», porque ya hay presencia de la Policía Estatal y el Ejército y dijo que espera que así siga.

Sin embargo, al día siguiente, la coordinación de la Policía Ciudadana de  Leonardo Bravo y Eduardo Neri, informó que a pesar de la presencia del Ejército y la Policía Estatal la situación no se había normalizado, porque las escuelas de al menos 18 pueblos de esos dos municipios se encuentran cerradas debido a que los maestros se niegan a ir a sus labores por temor a la violencia.

En efecto, a raíz de la violencia que resurgió el 5 de septiembre en los pueblos del corredor de Xochipala a Filo de Caballos, maestros de las escuelas de unos 18 pueblos de los municipios de Leonardo Bravo y Eduardo Neri, suspendieron sus actividades y las escuelas se encontraban cerradas, según los pobladores de la zona.

También, parte del personal médico del Hospital Básico Comunitario de Filo de Caballos dejó de asistir a sus labores por temor a la violencia, en tanto que las empresas distribuidoras de productos suspendieron sus actividades.

Y es que el día de los ataques, al menos dos vehículos de los que fueron incendiados en el tramo Casa Verde-Xochipala eran de maestros que se dirigían a las escuelas Coronel Robles y Vicente Guerrero de la zona 011, según el oficio 016 enviado por el supervisor al secretario de Educación José Luis González de la Vega Otero, en el que le informa que mientras no se normalice la situación, los maestros «no subirán a sus centros de trabajo y que sólo se estarán presentando a firmar su hora de entrada y de salida a la supervisión para que no se vean afectados en sus salarios».

En el escrito el funcionario de la SEG informa al secretario de Educación que el miércoles «fueron despojados de sus pertenencias (auto, celular y dinero) dos compañeros que iban rumbo a la escuela, este hecho se suscitó antes de llegar a Xochipala», dice el escrito. También reporta que «la mayoría de los maestros fueron atemorizados por personas encapuchadas que salieron de la maleza».

A su vez la coordinación de la Policía Ciudadana, informó que son más de 50 escuelas cerradas de nivel preescolar, primaria, secundaria y telebachillerato de unas 18 comunidades de los municipios de Leonardo Bravo y Eduardo Neri desde el miércoles pasado cuando detonó la violencia en La Laguna, municipio de Eduardo Neri, así como en Puentecillas, El Ranchito y Carrizal, del municipio de Leonardo Bravo.

La coordinación de la recién creada Policía Ciudadana que tiene su base en Los Morros y Filo de Caballos, dijo que los maestros han advertido que mientras no haya garantías de seguridad no volverán a sus centros de trabajo, porque la presencia de los militares y Policías Estatales no será permanente en los pueblos, porque en cuanto se «calman las cosas en apariencia», las fuerzas federales y estatales abandonan la zona y los grupos armados vuelven a irrumpir en los pueblos.

Asimismo, habitantes de Filo de Caballos, informaron que el día de los hechos, personal médico del Hospital Básico Comunitario de esa población, viajaba en la combi de la ruta Chilpancingo-Filo de Caballos que fue incendiada en el tramo de Casa Verde a Xochipala.

Contaron que el personal médico fue obligado a bajar de la unidad junto con el resto de los pasajeros y después le prendieron fuego e hicieron varios disparos. Los pasajeros y los trabajadores del hospital, entre éstos, enfermeras con uniformes corrieron a esconderse en una casa vecina, hasta donde un grupo de civiles armados llegó preguntando que quién de los que estaban allí escondidos eran enfermeras.

Explicaron que el resto de los pasajeros respondieron que nadie, en tanto que otro grupo escondió para proteger a las trabajadoras con uniforme para salvarlas de que se la llevaran por la fuerza, porque, suponen, que entre los agresores alguien iba herido y necesitaban la atención médica.

Por eso, según los pobladores, más de la mitad del personal del Hospital de Filo de Caballos dejó de asistir a su centro de trabajo desde el miércoles y las actividades han disminuido 50 por ciento.

El personal de este hospital atiende a habitantes de más de 100 pueblos de los municipios de Heliodoro Castillo, Leonardo Bravo, Eduardo Neri y Chilpancingo. Y en tiempo de paz está abierto las 24 horas todos los días del año, contó uno de los pobladores.

Ese hospital presta atención médica de segundo nivel, medicina general, urgencia y servicios a la comunidad y que atiende a la población de los cuatro municipios con una plantilla de 60 trabajadores, de los cuales 14 son médicos generales, tres especialistas, dos ginecólogos y un pediatra, además 19 enfermeras, y el resto es personal administrativo.

Por la falta de atención, los pacientes tienen que trasladarse en vehículos particulares al Hospital General Raymundo Abarca Alarcón de Chilpancingo para recibir atención médica.

Asimismo, por la violencia que resurgió la semana pasada, las empresas distribuidoras de productos dejaron de surtir las tiendas de todos los pueblos de la zona y han anunciado que reanudarán sus actividades hasta que haya certeza de seguridad.

En estas condiciones la vida en los pueblos de la Sierra no puede ser «normal». La violencia sigue latente.

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