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Autodefensa de Tlacotepec:

LA GENTE SE ORGANIZA ANTE LA OMISIÓN DEL GOBIERNO

Tlacotepec. Respuesta ciudadana. [Foto José Luis de la Cruz]

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La voz le temblaba y agitaba la mano derecha con evidente rabia. Con la izquierda apretaba el micrófono. Después de segundos pensando en lo que iba a decir, gritó: «Tú me conoces perfectamente y no me voy a esconder. Tú sabes quién soy y no me andes poniendo paleros, ni le hables a mi hijo, ni le hables a mi primo hermano, Mario Moreno. Yo soy de una sola pieza».

El coordinador de la Policía Comunitaria de General Heliodoro Castillo, Humberto Moreno Catalán, hablaba en medio de la explanada del palacio municipal de Tlacotepec ante cientos de hombres armados y civiles dispersos en las calles adyacentes a la plaza. Su discurso lo dirigía al gobernador Héctor Astudillo Flores, como si lo tuviera frente a él.

Le advirtió: «De aquí para delante ya no respondo: si se tiene que hacer algo, se va a hacer. Por mi gente hasta la muerte. Tú como gobernador y primera autoridad del estado haznos llegar esta paz y la tranquilidad que tanto anhelamos y tanto necesitamos».

Humberto Moreno fue la voz, ese 22 de junio, de uno de los dos grupos de la Sierra del Filo Mayor que se diputan a punta de metralla el territorio, y con quien según dijo ese mismo día, el gobernador hizo compromisos al inicio de su gobierno y que no cumplió.

El líder de la autodefensa en Tlacotepec recordó que cuando comenzaba el gobierno de Héctor Astudillo se reunió con él en Casa Guerrero y le preguntó que cual era su prioridad para Heliodoro Castillo (el municipio) y el mandatario le respondió que la seguridad y el bienestar de su gente. «Y hoy no te exijo; te pido, te suplico, respuestas para esta gente», reclamó Humberto.

Y es que la Sierra ahora arde. El 9 de junio un grupo criminal de por lo menos 600 hombres dividido en tres células pretendió tomar a punta de bala el corredor desde Xochipala, municipio de Eduardo Neri, hasta Filo de Caballos, municipio de Leonardo Bravo. El saldo fue de tres muertos en Corralitos, entre ellos, el comisario municipal, Antonio Cruz Maldonado. Además, incendiaron dos vehículos y tres casas.

En otra comunidad cercana, Las Palmas, los sicarios incendiaron un camión de volteo y sometieron a golpes a 10 personas, entre éstas, tres niños de 9, 11 y 12 años de edad.

Los vecinos de estos pueblos acusaron de estos hechos a integrantes de un grupo delictivo de Tlacotepec que encabeza Juan Castillo Gómez, El Teniente.

Sin embargo, el coordinador de la Policía Comunitaria de Tlacotepec, acusó a otro grupo delictivo que, aseguró, opera en Filo de Caballos. No lo identificó, pero los medios de comunicación han dado cuenta de que quien opera en esta zona es el Cártel del Sur, que dirige Isaac Navarrete Celis, El Señor de la I.

En medio de esta guerra por el control del territorio, la Policía Comunitaria de General Heliodoro Castillo, que encabeza Humberto Moreno Catalán, emplazó el 22 de junio al gobernador Astudillo Flores a que garantice la seguridad en el corredor de Xochipala a Filo de Caballos, en donde desde hace dos meses no pueden pasar hacia Tlacotepec el servicio de transporte público, los vehículos de las empresas que les surten de gasolina, gas doméstico y las que les surten de productos básicos a la cabecera municipal y a los pueblos vecinos que son 64 comunidades, 216 anexos.

En Tlacotepec, los vecinos se dicen preocupados por la injerencia de la delincuencia organizada en una nueva policía ciudadana que integraron los pueblos de los municipios de Leonardo Bravo y Eduardo Neri, «ya que nuestros transportistas y comerciantes han sufrido asaltos, robo de vehículos y mercancías, así como asesinatos y cobro de cuotas e intimidación a todos los maestros, doctores y pobladores que van a la capital a hacer sus diligencias», dijo Moreno Catalán.

Frente a ese problema, el pronunciamiento de la Policía Comunitaria General Heliodoro Castillo, hacia la nueva Policía Ciudadana de Leonardo Bravo y Eduardo Neri es que les dé libre tránsito y que paren las cuotas a transportistas y comerciantes, así como los robos y asesinatos de pobladores de General Heliodoro Castillo.

También les ofreció su disposición a coordinarse, «siempre y cuando se deslinden de la delincuencia organizada».

Pero Moreno Catalán, advirtió: «La Policía Comunitaria de General Heliodoro Castillo, en coordinación con la policía comunitaria Tecampanera de Teloloapan, y el Movimiento Apaxtlense  Adrián Castrejón, coordinaremos una incursión armada en el corredor Xochipala-Filo de Caballos, si continúan los robos, extorsiones y asesinatos de nuestros pobladores».

Advirtió: «Podrán vernos muertos, pero nunca rendidos o humillados». Y luego demandó al gobernador Astudillo Flores que voltee sus ojos a Heliodoro Castillo «y a la pinche masacre que le están dando con la privación de los alimentos, de sus doctores, de sus maestros. Ya estamos hasta la madre de tanta vejación que han hecho con nuestro municipio».

Siguió: «Hemos soportado hasta este momento y hemos pedido a nuestra gente que se abstenga de tomar las armas e ir a pelear. Pero en ti, Héctor Antonio Astudillo, está la solución».

Pero el gobernador Astudillo no la tiene fácil. A raíz de la violencia ocurrida el 9 de junio en el corredor de Xochipala-Filo de Caballos, y el 11 en el tramo de Filo de Caballos a Corralitos, en donde hubo un enfrentamiento de integrantes de los dos grupos delictivos que se disputan la zona, con saldo de un muerto y el hallazgo de dos camionetas clonadas de la Secretaría de la Defensa Nacional, unos 18 pueblos de Leonardo Bravo y Eduardo Neri, conformaron otro grupo de autodefensa, éste denominado Policía Ciudadana de Autodefensa.

A ésta lanzó la advertencia el coordinador de la comunitaria de Tlacotepec el 22 de junio, en el sentido de que si no cesan los delitos en el trayecto de Xochipala a Filo de Caballos, realizaran una incursión armada con sus aliados de Teloloapan y Apaxtla de Castrejón, lo que implica una invasión a su territorio, con un saldo impredecible de víctimas.

Al respecto, la coordinación de la Policía Ciudadana de Eduardo Neri y Leonardo Bravo, Crescencio Pacheco González, aceptó el llamado de la Policía Comunitaria de Heliodoro Castillo, para coordinarse y trabajar por la seguridad en la zona, a fin de evitar una confrontación entre ambos grupos.

Este 25 de junio dijo: «Todos tenemos responsabilidad y obligación de poner lo que está de nuestra parte para que se restablezca la seguridad y la paz en la zona», y añadió que de su parte no van «a caer en una provocación».

Pacheco González declaró que ellos, los de Eduardo Neri y Leonardo Bravo, están abiertos al diálogo o reunión «que ellos nos inviten» y pidió a su contraparte que pongan el día y la hora, «para reunirnos y buscar el bienestar de nuestra sociedad civil».

Pero también pidió al gobernador Astudillo Flores que los llame a una mesa de diálogo y se pongan a trabajar en beneficio de la ciudadanía.

Pero en realidad, ése es el problema: pareciera que en el gobierno del estado no hay disposición ni voluntad para que se pacifique la zona; por el contrario, se nota el interés de que crezca el conflicto.

Así se ha visto, por ejemplo, cuando se han dado los enfrentamientos. La Policía Estatal y el Ejército llegan varias horas, a veces días después de la confrontación y hasta que uno de los dos grupos cesa en sus hostilidades.

Durante la violencia del 9 y 11 de junio en el corredor Xochipala-Filo de Caballos, las autoridades sólo fueron a levantar los muertos y en seguida se retiraron, como dando oportunidad a nuevos enfrentamientos. El Ejército y la Policía Estatal regresaron 10 días después cuando en la zona ya se vivía una tensa calma.

El operativo fue anunciado con mucha algarabía por el gobierno del estado, pero sólo duró del 20 al 23 de junio. La Unión de Comisarios de la Serra denunció que para el sábado 23 de junio ya no había militares ni policías. Habían dejado libre la zona para nuevas confrontaciones de los grupos en pugna.

Es inexplicable el marcado interés de los gobiernos estatal y federal para que la zona amapolera, la Sierra del Filo Mayor, se convierta en una zona de guerra, mientras los campesinos que nada tienen que ver en la disputa sufren las consecuencias, viven una pobreza ahora por la drástica disminución del precio de la amapola, de lo que viven, y también sin los apoyos gubernamentales.

En estas circunstancias, han comenzado a verse pueblos fantasmas. Las familias han comenzado a abandonar todo: casas, animales, bienes, tierras.

Hay quien se pregunta si será eso lo que buscan los gobiernos federal y estatal en una zona pobre, pero abundante en recursos maderables, minerales y agua.

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