OPINIóN #922

El proceso electoral ha sido una buena «oportunidad» para el crimen organizado. Aprovecha su fuerza, la cual se mueve en la oscuridad, el anonimato, la sorpresa y hasta la admiración social, para dar golpes a las instituciones republicanas. Este accionar criminal no exime a las autoridades ni las perdona por su irresponsabilidad en el combate al crimen organizado, porque éste busca las mejores condiciones para hacer de su actividad criminal un negocio que le dé muy buenas ganancias en breve tiempo…

¿Cómo pensar que no iban a encontrar eco las palabras de AMLO en un país con setenta millones viviendo en pobreza extrema? ¿Cómo no escuchar su llamado si la miseria del pueblo contrasta con la opulencia insultante de la élite que detenta el poder político y económico?

Pese a todas las evidencias de una clase política corrupta que se ha enriquecido a la sombra del poder público y de una élite del capital financiero que también ha sido beneficiaría desde las altas esferas públicas, los defensores ortodoxos del sistema defienden con denuedo la política económica.

El de Nestora Salgado es un caso extraordinario cuya complejidad logró meter en un brete a la justicia mexicana, la electoral incluida, especialmente ahora que los intereses de uno y otro lado del espectro político mantienen posturas infranqueables.

Nestora lideró un fenómeno popular de rebelión contra los embates del crimen organizado que amenazaban la forma de vida de la pacífica comunidad de Olinalá..

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