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Príncipe Joan Louis Bingna, de Camerún:

DONDE LA GENTE NO TIENE SEGURIDAD, TIENE MIEDO

Joan Louis Bingna. Similitudes. [Foto: Hercilia Castro]

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El príncipe Joan Louis Bingna, de la etnia Bantú, de Camerún, se abre paso y se impone entre los asistentes. Alto, negro, con atuendo típico y turbante, se detiene a saludar y abrazar a los que le piden una selfi. Camina otros tres metros que, con sus largas piernas, es como si diera un paso. Otra vez le saludan. En la salita donde los hoteleros de Ixtapa organizan el evento, casi no hay gente, algo común. A nadie le gusta hablar de derechos humanos, de la paz, ni la palabra guerra.

Poco a poco llegan los reporteros, que también ignoran de qué tratará la ponencia de un negro que se dice ser príncipe de Camerún y que da una conferencia con quién sabe qué tema.

Sergio y Silvia, organizadores del evento, critican que no hay demasiados asistentes porque no se trata de un baile popular, de una estrella de rock, y porque, no son temas de interés para todos en Zihuatanejo.

Antes de la ponencia de Jean Louis Bingna, Silvia le pide de favor que le pongan la banda a la nueva representante del festival de las orquídeas, que se llevará a cabo en noviembre.

Bingna espera paciente su turno para hablar de la cultura negra de su pueblo, las costumbres, la brujería y la similitud del gobierno de Camerún con México, pues los gobernantes de ese país africano hacen reformas a cada rato, reformas para beneficio de unos cuantos.

Como embajador de paz, viene a hablar de su tierra, de negros, de brujería, del colonialismo y la guerra.

Explica el origen de Camerún, llamado así porque en los 1200, los navegantes portugueses en los meses de julio y septiembre pasaban por lo que es actualmente Guinea Ecuatorial, donde se abría el mar y se juntaba con un río y salían los camarones más grandes que se conocieran.

Con el tiempo y el paso de los portugueses, franceses, alemanes e ingleses deformaron la palabra de camarón a Camerún. Sin embargo, Bingna resalta que en su continente existían reinos organizados.

«Tuvo sus gobiernos muy bien organizados, entonces cuando los alemanes entraron dicen: “¿Qué vamos a hacer?”. Entonces entran en un intercambio comercial. Dicen: “Nosotros vamos a llevar la materia manufacturada y ustedes nos dan la materia prima” ».

Bingna hace el recuento de que los cinco reinos que existían en Camerún firman ese convenio; es entonces, cuando los alemanes aprovechan y deciden imponer un gobierno colonialista.

El príncipe relata que cuando la segunda guerra mundial, Alemania pierde sus colonias africanas, incluido Egipto, por lo que Camerún se divide en dos, y posteriormente Francia y los ingleses son quienes ganan el botín africano.

«Camerún no es un solo reino; en Camerún cada región tiene su propio reino, y el gobierno federal se encarga de toda la diplomacia, de la relación internacional, la administración», explica.

La República de Camerún tiene reinos independientes, explica. «Yo soy descendiente del reino Bantú; los Bantú somos una etnia, pertenecientes a las 450 etnias que hay en el continente africano», refiere.

«Para mí es un honor estar con ustedes y hablar de amor y la paz; yo salí de mi continente, porque mi país tiene mucha sed de paz; no hay seguridad; como ustedes saben, el Continente Africano es de los más conflictivos, con muchas guerras, con mucha pobreza y carencia de casi todo», apunta.

Bingna subraya que en Camerún están luchando por lograr la libertad; sin embargo, no es fácil por las turbulencias políticas. «Es por eso que ese papel de la paz, de la igualdad, de la libertad, las llevo a todas las partes del mundo para demostrar a la gente que la paz no tiene precio, que sin la paz, la gente no puede tener tranquilidad. Sin la paz, no puede haber desarrollo. Sin la paz no hay seguridad. Y en donde la gente no tiene seguridad, tiene miedo».

Como víctima de la violencia, a Joan Louis le duele recordar que el terrorismo europeo, cuando llega a África, caza como animales a sus compatriotas y los esclavizan.

Adolecen con el grupo terrorista Boko Haram, liderado por Abubakar Shebau, que abarca desde Camerún, Chad, Nigeria, Mali, Gabón, Tunez y Niger.

Cuando se le pide su opinión sobre los actos del grupo terrorista contra civiles y donde el gobierno también ha participado en abusos contra su pueblo, es tajante y aclara que todo es financiado desde los gobiernos europeos.

«Lo que te puedo comentar es que todos los grupos armados en África son apoyados por los gobiernos europeos. ¿Por qué? Porque ellos quieren imponer a sus gobiernos y los tienen para que trabajen y ataquen», señala.

Bingna hace ejemplo de que, en el caso de Nigeria, ha tenido una situación difícil siempre, pero cuando asume el poder el cristiano Jonathan Bolli, quien es un católico fanático, el país comienza a tener una serie de conflictos religiosos, y hay quemas de iglesias entre musulmanas y católicas, lo que da paso, a Boko Haram, el grupo terrorista fundamentalista islámico.

«Tengo una foto que me mandaron del acta de la institución de corporación comercial del helicóptero de la armada francesa, que llevaba armas a Boko Haram; entonces, tenemos esa prueba, lo filmaron», asegura.

Bingna es duro y sostiene que los presidentes de su país, y de Nigeria no son más que los trabajadores de los gobiernos europeos y trasnacionales. «Tenemos a Guinea Ecuatorial, que es el único país en África que habla español; en el mes de diciembre tuvo un golpe de poder… gracias a Dios no se dio. ¿Por qué? Porque Guinea Ecuatorial es demasiado rica en petróleo».

Explica que en ese país de África Central, las empresas que explotan el petróleo son extranjeras, como de Estados Unidos, de Francia, pero el gobierno actual le quita el contrato a 15 empresas francesas y es cuando inicia el golpe de poder.

«Europa vive de África; todo lo que tienes de dinero en Europa, sale de África. Vamos a ver que en el caso de Muamar Gadafi, abiertamente, Francia y el gobierno de Obama deciden atacar Libia, porque Francia no tenía nada; en España la gente lloraba; en Grecia estaban en quiebra. Entonces, ellos se reúnen en la Unión Europea y dicen: “Qué vamos a hacer”. Pues atacar un país de África, porque necesitaban petróleo. Y atacan a Libia y presentan a Gadafi como si fuera un dictador, como si fuera un diablo. Pero los nacionalistas africanos saben que no es eso», ataja.

El príncipe señala que hay un discurso que retomó para uno de sus libros, que no fue publicado por los medios, donde Gadafi hizo un llamado a Obama para que no atacara su continente, que recordara que sus ancestros fueron esclavos; y él asesinaría a su gente al permitir la guerra. Pero la guerra se hizo.

Las lágrimas del príncipe se ruedan en una parte de la entrevista, sobre todo, cuando enfatiza el exterminio que sigue existiendo en un continente tan rico y multicultural como es África.

De su exilio, Jean Louis cuenta que antes de salir de Camerún, formaba parte, con 12 ministros más, de un movimiento por la democracia en ese país; pero en un sueño que tuvo, su madre le advirtió que sus amigos morirían y tiene que huir a cualquier país que no tuviera nexos con su patria.

«Le dije a mis amigos, pero unos dijeron que no, que apenas tenían trabajo; que ahí estaba su esposa, que esperaban un hijo. Al final, mataron a la mayoría», relata.

Para salir de Camerún, señala que su mejor amigo de la infancia fue quien le salvó la vida, pues le habían dado la misión desde el gobierno de ejecutarlo, pero por la amistad de años, lo salva.

En 2011, cuando ya era vigilado en su hogar por policías, llega la esposa de su amigo y la revisan de pies a cabeza para ver si no portaba un arma. Al final, el príncipe Bantú, del reino Bamoon, sale entre los policías como toda una dama, con bolsa y zapatillas, hasta llegar a la frontera de Nigeria, donde un hombre le esperaba y le guía de forma segura a su exilio.

Le causa gracia, después de varios años de exilio en México, decir que cuando era niño en la escuela le enseñaban inglés, francés y español, pero hizo el berrinche con su profesor diciéndole que no quería estudiar ese idioma porque nunca le serviría, y éste le respondió que se iba a arrepentir toda su vida.

«Jamás me imaginé que, en la vida, iba a necesitar español y cuando llego a México no entendía a los de migración. Mi profesor tenía razón: me arrepentí», ríe.

Para Jean Louis, hay tres negros muy importantes en la historia y de los que pronto escribirá: Vicente Guerrero, José María Morelos y Pavón, y Yanga. Los tres, libertadores mexicanos, refiere Bingnan.

Antes de terminar la ponencia del noble, organizada por los hoteleros de Ixtapa, se tensa la sala con la llegada de unos siete policías estatales que nos toman fotos a los asistentes y graban todo. Lo hacen para resguardar al príncipe, pues en su entrada a la entidad del orden y paz, fue asaltado y despojado de sus pertenencias por un grupo de jóvenes armados en el municipio de La Unión.

Deja como mensaje a los guerrerenses: «Mis hermanos y hermanas, sobre todo de aquí de Guerrero, la paz es un punto muy esencial.

«Nosotros, como seres humanos, necesitamos tener paz, porque sin la paz no puede haber desarrollo. Sin la paz no hay verdad. Sin la paz no hay trabajo, no hay nada. La violencia nunca arregla nada. Ya no debemos usar las armas para resolver algún problema; la gente que usa un arma para resolver algo no hace cosas apropiadas, porque lo primero que hace es atacar a la gente que no tiene nada. Entonces eso provoca miedo e inseguridad; no llega el turismo, no llega la gente. Ese lugar se queda pobre para toda la vida», explica.

La ponencia emociona a todos los asistentes, y hasta los reporteros más reticentes y críticos, piden turno para tomarse una foto con el noble de 1.94 de estatura, que, a sus 50 años, ha visto de cerca conflictos bélicos y genocidio, incluyendo su país.

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