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Hercilia Castro

Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía:

LA AMENAZA DE LA PRIVATIZACIÓN

Personal médico del INNN. Protesta inevitable. [Foto: Hercilia Castro]
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Vivir en hospitales puede forjar el espíritu o debilitarlo, según sea el caso. Es algo duro que sacrifica los cumpleaños, el Día de las Madres, los aniversarios luctuosos, festivales o días de asueto, más cuando se trata de una enfermedad crónica degenerativa o neurológica.

Los pacientes del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Doctor Manuel Velazco (INNN) lo saben; están ahí porque es uno de los mejores centros de atención de las enfermedades y trastornos del sistema nervioso.

A 54 años de su nacimiento, el INNN, cuya visión ha sido el desarrollo permanente de la enseñanza e investigación, diagnóstico, tratamiento y cuidado de personas con enfermedades del sistema nervioso, sufre el embate del neoliberalismo: sus servicios empiezan a minar de calidad, y médicos y pacientes son las víctimas. El personal médico tiene plena consciencia de la crisis por la que atraviesa este centro y aunque no quiera reclamar, pues no es común los médicos, ahora tienen que hacerlo.

El INNN atiende cada año a unas 11 mil personas, un gran porcentaje de ellas de escasos recursos. Para acceder a un centro como éste hay que vivir el viacrucis de la contrarreferencia en un hospital de segundo nivel; después, lograr la interconsulta para poder llegar a la consulta externa y tener un diagnóstico.

Unas pancartas reclaman desde las paredes de la torre médica que se den insumos al hospital, que se dé equipo, que no se roben el presupuesto destinado a medicamentos. En el edificio donde se ubica la cafetería, también. Las pancartas siguen hasta el edificio donde de consulta externa. Son pocas, pero muestran que hay un conflicto.

El frío de 13 grados centígrados, no apto para pieles costeñas, cala. Las consultas comienzan a las 10:00 de la mañana, pero uno debe llegar una o dos horas antes para cumplir el ritual de formarse para pagar la consulta de menos de 15 minutos.

En la sala de espera se aminora la frialdad por el cúmulo de enfermos y familiares que los acompañan. Hay de todo, jóvenes que esperan con ansia, algunos pacientes en sillas de ruedas con la mirada fija a la pared, desesperados por entrar y salir corriendo de ese lugar

Las enfermedades varían desde un joven de 20 años en silla de ruedas acompañado de su madre, hasta hijos cuidando a sus madres o padres cincuentones que no pueden moverse, perdidos, sin saber quiénes son, desolados, las manos y piernas flacas, enjutas por la falta de movimiento desde hace mucho.

Todos muestran dolor, ¿qué más hay en un hospital? Desesperanza. Esperanza. Angustia por recibir un mal diagnóstico. Esperar que la genética no te traicione y no se esté enfermo de una Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), Esclerosis Múltiple, Esclerosis Tuberosa, Parkinson, Alzheimer. Las dos primeras paralizan paulatinamente al enfermo hasta dejarlo incapacitado para siempre para llevar una vida normal. Todas, en diferente proporción son costosas de mantener y no hay en México los centros suficientes para atender a un paciente con problemas neurológicos.

Una chica de unos 27 años se abraza a su esposo, está embarazada, pero su pareja la detiene: no puede caminar por sí misma debido a la esclerosis múltiple. Ambos lloran de impotencia.

En el cubículo de toma de signos vitales, las enfermeras dicen estar de acuerdo con las protestas de sus compañeros, también, en que acompañarán a sus médicos y compañeros sindicalizados en la lucha que han iniciado desde este 9 de febrero, pues tampoco tienen material para trabajar.

Los internos acompañan al neurólogo en su consulta y a la vez toman su clase. El neurólogo les pide que hagan los cuestionamientos de rutina: cuántos años tiene el paciente, antecedentes clínicos, a qué edad comenzó las crisis, cómo son las convulsiones, ¿generalizadas?, ¿parciales?, ¿tónicas generalizadas?, ¿sensitivas?

Termina la consulta; el diagnóstico es favorable, no habrá cambio de medicamentos ni aumento de dosis, solamente los exámenes de rutina, que en laboratorio realicen los niveles séricos (análisis de laboratorio para ver el funcionamiento hepático y el nivel de toxicidad de los fármacos), pero esta vez se harán en laboratorio particular porque no hay reactivos.

Y es que los análisis de laboratorio, como toda cuestión sanitaria en este país, tiene precios elevados en laboratorios particulares. Un perfil hormonal ronda los siete mil pesos. Una tomografía, ni se diga. Los precios en laboratorios particulares no son para asalariados.

En las jardineras espero a la enfermera combativa, María Eugenia Palma, quien está sindicalizada y sabe de los problemas al interior del nosocomio. Desde noviembre de 2017 carecen de reactivos en el laboratorio y han cancelado citas. Me guía a las oficinas para que hable con el secretario general de la Sección 55 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Salud, Ignacio Romero Valdez.

El dirigente sindical señala que el instituto, al ser público, recibe pacientes de todo el país y los padecimientos más recurrentes son las hidrocefalias, eventos vasculares, enfermos de Parkinson, demencias, las esclerosis, entre otras.

«El hospital podría decirse es una escuela donde la investigación es muy importante; aparte de la atención que se le da a los pacientes, se hace mucha investigación de los padecimientos del sistema nervioso», dice.

Explica que el Nacional de Neurología y Neurocirugía cuenta con su bioterio (lugar físico donde se crían, mantienen y utilizan animales de laboratorio), y junto con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), constantemente están en investigación, al grado de que hay 63 investigadores, de los cuales 25 son SNI1 (Sistema Nacional de Investigadores), que es el máximo nivel. «Entonces, esas investigaciones, también están sufriendo la falta de recursos», añade.

Dice: «Es muy importante resaltar que el Instituto, su creación pues fue para ayudar a la población que tenía un padecimiento del sistema nervioso en general. Las demencias, como decía Maru, las demencias que son el segundo lugar de padecimientos a nivel nacional junto con las degenerativas, es importante resaltar que no es sólo su atención, sino también hay nuevas tendencias en aplicar las terapias, la investigación, nuevas medicinas que puedan ayudar en el padecimiento».

Cuenta que el doctor Camilo Ríos está desarrollando un polímero para reactivar la información que hay en la médula espinal cuando se sufre algún tipo de accidente y se imposibilita caminar, a fin de que al tener de nuevo a información, el paciente pueda volver a caminar.

«Tenemos esclerosis múltiple, Parkinson; todas las enfermedades que se pueden desarrollar, pues somos un instituto de primer nivel, a nivel nacional e internacional, porque hay médicos rotantes de Bolivia, de Chile, de Argentina; porque a nivel Latinoamérica somos el número uno en cuestiones neurológicas. Entonces es muy importante salvaguardar la institución y que siga siendo de tercer nivel y el número uno», subraya.

Pero el neoliberalismo, las reformas estructurales y la ineficacia han tocado al INNN. Lo sabe Maru, que ve cómo le posponen estudios a los pacientes o los mandan a comprar medicina a precios muchas veces inaccesibles. «Yo lo que estoy viendo es que los pacientes se quejan de que tienen que comprar un medicamento que deberíamos darles; los mandan a comprar en la noche, algo que puede ser tan básico. Y otra cosa: que los médicos también sufren, pero están imposibilitados, no se pueden unir a esta lucha y están enfocados en su paciente», expresa Maru.

De las irregularidades, Romero Valdez subraya que la farmacia que antes era del Instituto se subrogó a un solo proveedor y comenzaron a ver el desabasto de recursos, como guantes, medicinas. Todo comenzó desde el 30 de noviembre pasado, que se le dio el fallo a Phoenix Farmacéutica. A googlear esta empresa, nunca apareció.

«Entonces llega esta farmacéutica y qué sucede, que empieza a surtir material, el peor que se tenía; empiezan a decir que los medicamentos nos los pueden suplir por otros genéricos. Entonces le decimos: “No espérate, somos un tercer nivel de atención, y hay problemas neurológicos muy específicos que no aceptas un medicamento intercambiable porque el efecto no es el mismo”», dice.

Pero eso, a Luis Gerardo Arredondo Gazaman no le interesa, y ha estado con lo que llaman una política de precariedad.

Para diciembre la crisis llegó al piso de neurocirugía, solamente tuvieron tres pacientes operables; de 66 camas, solamente hubo tres, porque no había material quirúrgico. «No tenemos material ni equipo. Y la cereza del pastel es que laboratorio ha estado cerrado y eso ha afectado a los pacientes y a los trabajadores», denuncia.

«Sabemos que ahora las políticas son así: en su afán de reducir costos están buscando controles, que es lo que ellos llamaban. Nosotros siempre le dijimos, pero bueno, como en cualquier negocio también vas a perder, así que empieza a quitar esos controles que quieres», subraya Romero.

Para el 21 de febrero, médicos, enfermeras y personal se manifestaron con un plantón en la explanada; pero al no tener respuesta, tomaron la torre médica para ir en busca de Arredondo Gazaman y del director del Instituto, Miguel Celis.

Después de seis horas de protesta y haber prácticamente acorralado a Arredondo exigiendo una respuesta, los directivos aceptaron establecer mesas de trabajo para solucionar la falta de recursos, como el laboratorio, el quirófano y la farmacia.

Los hospitales enseñan cosas… los médicos, mejor dicho: que el seguir correctamente un tratamiento, tomar ininterrumpidamente las medicinas y una dieta estricta sin «excesos», puede ser benéfico a la larga. Cortar de tajo los medicamentos puede ser contraproducente en enfermedades que no tienen cura, como las neurológicas.

Maru me lleva a la salida. Pasamos por los pasillos que comunican con neuropsiquiatría, donde adolecen pacientes con trastornos mentales, con demencias, que difícilmente se controlarán.

Para algunos familiares de los pacientes, lo mismo que a éste, es difícil asimilar que sus parientes tendrán que estar sujetos a una serie de análisis que parecería inacabable, o que, en el caso de los cuadros psicóticos, deben estar contenidos y sedados para que no se hagan daño.

Mientras los pacientes esperan su consulta en la sala de espera, adentro, el personal sabe que tendrá que estar alerta de que no se privatice el servicio público del Instituto Nacional de Neurología y solamente sean atendidos aquellos que puedan pagar, excluyendo como siempre al que menos tiene.

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