Bala perdida #910

AFECTOS CARDADOS

Un “Prólogo” abre el abanico de veintiún diminutos paréntesis y dieciséis “Fortuitos” en los que yo me reconozco y en el que invitó al lector a hacer su propio reconocimiento, en las ardillas negras, en la rivera del río, en la evocación que nos trae y que a ella debemos, quienes nos recuperamos en estos poemas, quienes nos inventamos con ellos.

ACABO CON ELLAS O ELLAS ACABAN CONMIGO

Pedí una botella de tequila. Se me ocurrió que con las mujeres es lo mismo que con las botellas de tequila: o ellas acaban contigo o tú acabas con ellas. Seguí pensando en ese culito que tendrá que ensartarse de todos modos. Terminé con la botella, o ella conmigo, a esa hora ya daba igual. Pedí un taxi y me fui a dormir.

ESCRIBIR SOBRE TUS CANCIONES FAVORITAS...

Y andamos por la sala luminosa de nuestro primer hogar mientras la cola de un poema me deja triste, agotada y llorosa. Ya no hay marcha atrás. Los 29 años de mi vida se escapan.

ELOÍSA Y EL MURO

Eloísa me tomó la mano y comenzó a jalarme hacía adelante. Yo ya no sabía que estábamos haciendo en ese lugar. Qué pretendía Eloísa. Delante de nosotros un gran muro gris. Detrás del muro pensé. ¿Qué hay detrás? El muro era una presencia terrible. Monstruosa. Eloísa, medité. Eloísa y el muro. El muro estaba ahí presente. Eloísa también.

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