OPINIóN #906

Chilapa agua color de chile, agua achilada o río rojo en náhuatl, hoy se tiñe por la sangre que la impunidad y la extrema violencia arrastran. Aquella ciudad que durante la Guerra de Independencia fue una de las plazas más codiciadas, tanto por insurgentes, como realistas, hoy se disputa entre grupos de la delincuencia organizada, en medio de  retenes del ejército que son un testimonio vivo de la omisión, inoperancia y colusión de las autoridades.

Chilapa, cuyos habitantes originarios bajaron del cerro Chilapantépetl, un lugar de esta Montaña sagrada donde habitan los caballeros tigre que descienden de los cerros más altos para pelear ritualmente en el día de la Santa Cruz para que caiga la lluvia.

El estado de Guerrero está en graves problemas de gobernabilidad. La presencia del crimen organizado y las bandas delincuenciales impiden que las tareas propias de gobierno se cumplan a cabalidad y sí, por lo contrario, predomina la ley de la violencia y la inseguridad pública. La opinión de la mayoría de los ciudadanos se resume en la frase de que «no se ve para cuándo terminará la inseguridad».

Sin embargo, en este problema de por sí en extremo complejo y multicausal, la inacción de los funcionarios del gobierno, que se concreta en omisión e impunidad, coadyuva a que directamente se incremente y se transforme en un monstruo de muchas cabezas que, como lo dice la fantasía y la mitología, cuando se le corta una le aparecen más.

La vida es breve, frágil y contingente; por eso, ese pequeñísimo paréntesis que encierra nuestra fugaz presencia sobre la faz de la tierra, se llena de sueños, esperanzas, utopías y de imaginación que no tiene más límite que la voluntad de luchar con pasión por hacer realidad los proyectos a los que dedicamos nuestro tiempo y que, a veces, consumen nuestra vida; porque si algo habrá de trascendernos, son precisamente aquellas ideas que tengan algún significado en el contexto en el que vivimos.

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