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Hercilia Castro

PROMOTORES CULTURALES, OTROS OLVIDADOS DEL GOBIERNO

Blanca Mares. Vocación. [Foto: Hercilia Castro]
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Blanca Mares Díaz lleva 25 años haciendo teatro. Desde la preparatoria ya actuaba y dirigía sus propias obras. Resaltó con La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca. Ahora trabaja en la Casa de la Cultura y está convencida de que hacer teatro en esta década, «es picar piedra, piedra de río».

Esta es la primera vez que en una administración municipal trabaja con un salario, pero no se mantiene de ello; también es locutora de Radio Variedades. Esta tarde, adelanta la salida de sus alumnos; tiene que irse corriendo a otros compromisos, pero antes se toma un descanso mientras platicamos de su quehacer artístico.

Dice que tiene un proyecto teatral donde también participan profesores de la Casa de la Cultura. El proyecto es llevar la obra Grease, basada en el libreto original de la película y con la adaptación teatral que se llevó a cabo en la década de los ochenta con el grupo Timbiriche.

«Está como un proyecto para demostrar que los maestros de la Casa de la Cultura tenemos la capacidad de hacer un buen trabajo, y para mostrar nuestro trabajo y que vale la pena ser impulsado, como otros proyectos lo han sido. Lo que tratamos de hacer es que los jóvenes retomen la esencia de la película, pero sin descuidar que está adaptado a teatro. No se acosteñó, no se le hicieron modificaciones. Tratamos de ser fieles al libreto original de los setenta, cuando John Travolta y Olivia Newton John hicieron esta puesta en escena», explica.

Mares evita politizar, pero no niega la falta de apoyo de las instituciones del gobierno estatal a las artes: «Desgraciadamente, en Zihuatanejo falta difusión, pero me refiero al ámbito artístico, no cultural. Y también es cierto que nos hace falta apoyo, tanto de instituciones privadas como de instituciones públicas».

Para la artista escénica es necesario que haya apoyo y difusión al arte, a la cultura, pues ahora además de la apatía gubernamental, luchan contra los medios electrónicos. «Permanece apática (la sociedad), y, hay que decirlo, luchamos también contra los medios electrónicos que muchas veces nos dificultan la labor, como la internet, y sobre todo, los teléfonos inteligentes se han convertido en una barrera; incluso, lo vivimos aquí en los talleres: de repente su aparato telefónico; se los tengo que recoger para que se integren a la clase».

Pero no sólo Mares se queja de que hay un abandono a las cuestiones culturales. En Zihuatanejo han nacido colectivos de creadores, como Zancadilla Club, el cual es un cineclub que cada jueves proyecta en la Casa de la Cultura cine de arte.

Benjamín Armenta es claro cuando dice que no hay apoyo de la Secretaría de Cultura, pues en la última muestra de cine de género, en la página oficial estaba programado Zihuatanejo, pero al final suspendieron esa muestra cinematográfica.

Lo mismo sucede este 2018, no traerán ciclos de cine porque implica dinero; y los colectivos de arte no tienen la capacidad. Cuenta que en la última muestra, donde trajeron el ciclo de películas canadienses, la Cineteca Nacional les fue clara y les avisaron que en el colectivo Zancadilla sí confían, pero no en la Secretaría (de Cultura), ya que tiene un adeudo con ese organismo, por lo que están vetados.

Ahora las proyecciones que hacen corren como siempre, por cuenta y esfuerzo del equipo de Zancadilla.

Sofía Alvarado Cortés y Zulema Gelover son parte del colectivo Utrópica; ambas llevan años en el quehacer cultural, promoviendo y llevando a cabo talleres de todo tipo, sobre todo, literarios.

Apenas organizaron el taller de microficción Muerte Súbita, impartido por la escritora Yolanda de la Torre.

De la Torre no se congracia y es directa al decir que son los colectivos independientes quienes promueven la cultura, algo que es deber del Estado: «Yo veo que en Guerrero, a pesar de la falta de presupuesto, los colectivos, los artistas independientes, se mueven, se mueven por todos lados para generar cultura. Y yo creo que eso lo debe hacer el Estado, no como entidad, sino la Federación».

Señala que es una obligación doble del Estado, ya que Guerrero es un estado golpeado por la violencia como lo es Michoacán, Tamaulipas, u otro estado de la República. «No creo que sea sólo el cuento, a promover, sino cualquier forma, como la novela, la literatura, la pintura. Lo que hace falta aquí».

También alude a que hay más presupuesto para la guerra que para el rubro educación. «Ahora no se diga la cultura, vemos cómo se le quita a la ciencia, se le quita a la cultura y se le destina a la implementación de otras cosas que no ayudan a paliar la violencia que vivimos», lamenta.

«Y no podemos olvidar que la violencia que hay en varios estados de la República, afecta a nuestra juventud, nos quita seguridad a nuestro futuro; ¿qué joven quiere pensar en su futuro cuando su futuro es ser encañonado, sea por el crimen organizado, sea por la policía o fuego cruzado? ¿Qué joven puede aspirar? ¿Qué destino les estamos heredando a nuestros jóvenes», cuestiona.

Para ella, el arte inmuniza al creador. «Queda al menos inmunizado ante los embates del mundo, alguien que comparte arte, que genera arte, le está mostrando al otro que hay muchas otras formas de vivir lejos de la violencia y las matazones que nos abruman, y que una manera de hacer que colaboremos es que poquito a poquito hagamos sentir a la infancia que tiene esa seguridad», plantea.

Mientras da su taller, halaga a sus alumnos principiantes que comienzan a involucrarse en la magia del cuento, la microficción.

Asegura, que, en el cuento, se tiene el poder de crear otros mundos, y cada quién cambia su realidad. «Crear un cuento tiene el poder de crear otros mundos»,afirma.

Cristián Ambario, artista perfomancero, opina que los artistas de la localidad son tibios; no reclaman sus derechos y van con un modo suave para cubrir apariencias, vivir de la foto y esperar recursos.

Externa que es una estrategia del sistema el no dar educación ni cultura, el mantener a los ciudadanos adormecidos con el futbol y los programas de televisión. «No hay ganas de apoyar la cultura; no le interesa al gobierno. Y los jóvenes, ahora prefieren estar metidos en su celular que saber sus derechos».

En sus 10 años de trabajo como bibliotecario que tuvo en el ayuntamiento, no ha visto cambios. «Cada vez está peor la biblioteca municipal; no hay una continuación de programas, no hay personal capacitado. ¿Qué hacen? No hacen nada, todo va en detrimento», se queja.

Sin embargo, le enorgullece que como encargado del Paralibros de Conaculta, logró que otros promotores protestaran ante las omisiones de la Secretaría de Cultura, pues, al no pagarle varios meses de su labor, inició su protesta y posteriormente, otros encargados de Paralibros en la entidad lo siguieron. Sólo así, les pagaron.

Fuera del sistema, Ambario se dedica actualmente a la investigación y espera pronto publicar la primera sobre la visita del autor de Rayuela, Julio Cortázar, a Zihuatanejo en la década de los ochenta.

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