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La noticia comenzó a esparcirse desde las primeras horas del 1 de enero mediante las redes sociales. Se hablaba primero de jóvenes golpeados al salir de la feria de Navidad y Año Nuevo, de jóvenes levantados por hombres armados que actuaron en complicidad, o cuando menos frente a elementos de las policías y del Ejército mexicano que resguardan las instalaciones.

El chofer del camión urbano Base-Caleta toma su escapulario y lo besa; luego se persigna. Lo hace con los ojos cerrados, con fervor. Falta poco para las 3:00 de la tarde, y en la parada del Zócalo de Acapulco el sol cuece todo lo que toca. Es la primera vez que veo que un chofer se persigna. Antes había visto que fumaran mota, que chulearan a las chicas, que fueran echando pleito con el chofer de al lado, que fueran perreando con la música a todo. No que se persignaran… y menos en pleno día.

Con nueve casos, Ometepec se coloca entre los cinco municipios con mayor incidencia de mujeres asesinadas con violencia durante 2017 en el estado y en el primero en la Costa Chica, aunque en su recuento anual el periódico El Sur, concluyó que los municipios de Acapulco, Chilpancingo, Chilapa y Tlapa fueron donde ocurrieron los casos más numerosos, con 70, 18, 13 y cinco, respectivamente.

Glafiro Carreto es el hombre más envidiado de Carrizalillo. En su casa están a la venta más de dos mil litros de mezcal blanco que elaboró cuidadosamente. Sus vecinos son clientes exigentes, pues ellos también fueron mezcaleros. Buenos mezcaleros. Pero cuando llegó la minera canadiense Gold Corp y les propuso sacar oro de sus tierras a cambio de dinero, todos, excepto Glafiro, cambiaron la hechura del mezcal por el oro.

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