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Guerrero: el
periodismo amenazado

Reporteros de Guerrero se reunieron con el relator especial para la Libertad de Expresión de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), David Kaye, el 2 de diciembre, para exponerle los casos de agresión que han sufrido, sobre todo, este año. Durante el encuentro, en Chilpancingo, le entregaron un documento, firmado por representantes de las diferentes organizaciones y grupos del gremio, en el que describen el clima de hostigamiento que enfrentan por su labor informativa, así como las condiciones de inseguridad en las que desarrollan su trabajo. Por considerarlo de interés público, Trinchera reproduce el documento.
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Nunca como ahora la libertad de expresión había estado en peligro, ni los periodistas nos habíamos visto tan amenazados. En estos días, los periodistas trabajamos literalmente bajo fuego. Gobernantes, servidores públicos, grupos criminales y hasta sindicalistas, pareciera que nos tienen bajo la mira.

Tan sólo en este año, aquí en Guerrero se han perpetrado 32 agresiones en contra de 40 periodistas, la mayoría por parte de servidores públicos. El común denominador en todos los casos ha sido la impunidad, la protección y la complicidad de las autoridades con los agresores.

Frente a estos hechos, los periodistas no pedimos mecanismos ni medidas de protección; simplemente el cese de la impunidad y castigo a los culpables, para evitar que los agravios se repitan. En una palabra, que las autoridades cumplan con su resp onsabilidad de garantizar seguridad a toda la sociedad agraviada por la violencia; en esa medida, los periodistas ejerceremos de manera plena nuestra labor.

Pero la realidad dista mucho de un escenario así. El trabajo de los reporteros se desarrolla en condiciones de mucho riesgo. Guerrero es uno de los cuatro estados más peligrosos del país para ejercer el periodismo: el periodista hace su labor en medio de 29 grupos de civiles armados, entre bandas de delincuentes y autodefensas, de acuerdo a informes de Seguridad Pública. Pero paradójicamente, el 71.8 de las agresiones documentadas por organizaciones de periodistas en el estado, provienen de servidores públicos.

La estela de asesinatos contra los periodistas en Guerrero empezó durante el gobierno interino de Ángel Aguirre Rivero. El 23 de mayo de 1997  fue asesinado y después incinerado adentro de su automóvil el director del semanario 7 Días, Jesús Abel Bueno León.

En mayo de 2004, durante el periodo de gobierno de René Juárez Cisneros, el periodista Leodegario Aguilera Lucas, director de la revista mensual Mundo Político, fue sustraído, al parecer por policías judiciales, de su casa de Acapulco una madrugada y hasta la fecha no ha aparecido.

Y en lo que toca a las agresiones en contra de reporteros que cubren la nota diaria, empezaron en el 2006, durante el sexenio de Zeferino Torreblanca Galindo, periodo en el que también arreció la espiral de violencia de la delincuencia organizada que agobia a Guerrero hasta hoy, y que cada día se vuelve más sanguinaria.

El 10 de noviembre de ese año, apareció muerto en un cuarto de hotel al director del periódico El Despertar de la Costa, Misael Tamayo Hernández. «Según las autoridades a Tamayo Hernández le inyectaron una sobredosis de narcóticos, hasta paralizar su corazón » .

Durante ese gobierno, también fue asesinado el corresponsal de Televisa, Amado Ramírez Dillanes, el 7 de abril de 2007.

En Guerrero, de 1997 a 2017, han asesinado a 12 periodistas.

Es así, como a lo largo de esta última década, los reporteros desarrollan su trabajo en medio de un contexto de violencia extrema, en el que no existe ningún tipo de seguridad, debido a que hay zonas en las que la delincuencia opera a sus anchas sin que ninguno de los tres órdenes de gobierno haga algo al respecto.

Tan sólo en los dos años que lleva el gobierno del priísta Héctor Astudillo ya han asesinado a dos periodistas. En abril de 2016, mataron en Taxco al corresponsal de El Sol de Acapulco, Francisco Pacheco, y en marzo de este año, en Ciudad Altamirano, al corresponsal de El Universal en Tierra Caliente, Cecilio Pineda Birto. El gobierno no ha esclarecido ninguno de los crímenes.

En este año, también han agredido a 40 periodistas, siete de ellos por el crimen organizado y el resto por servidores públicos estatales y municipales.

El caso más reciente, es el del reportero del periódico El Sur, Zacarías Cervantes, a quien la noche del 15 de noviembre retuvieron unos siete individuos –uno de ellos armado– durantes 20 minutos, al momento de abordar su automóvil en el centro de Chilpancingo.

Como puede verse, el panorama luce bastante sombrío para el ejercicio periodístico, tanto como para el resto de la sociedad; se fue complicando sin que estuviéramos preparados para hacerle frente. Los ataques, cada vez más frecuentes y en mayor número, están dirigidos contra esos reporteros que tratan de iluminar las zonas oscuras que los grupos de poder no quieren que se descubran, los que con su trabajo tratan, en un gesto de idealismo, de transformar la realidad con sus denuncias, con sus investigaciones.

Como consecuencia, hay compañeros, como, por ejemplo, los que cubren actividades de nota roja o lo que hoy le llaman del crimen organizado, que han experimentado cambios de actitud personal que desestabiliza su trabajo diario y la relación con su familia.

Algunas organizaciones de defensa de derechos humanos de periodistas, han identificado a esto como un «estrés postraumático», dado que especialistas que tratan estas manifestaciones en la vida diaria de los reporteros, han concluido que la actividad en este tiempo de violencia generalizada ha minado la estabilidad psíquica de los trabajadores de los medios de comunicación.

La falta de sueño por despertar a medianoche acosado por la preocupación de encontrar solución a tanto problema que agolpa la mente, cambios de carácter con amigos y familiares, y ansiedades, son síntomas de que algo anda mal en la estabilidad emocional, que hoy llaman un mal psicosocial.

Por ello, aprovechamos para que se haga un llamado a los dueños de los medios de comunicación para que atiendan a sus trabajadores, para evitar que se agudice este padecimiento que lacera la estabilidad emocional. Y a los organismos de defensa de derechos humanos de los periodistas, que hagan un esfuerzo para que esto se atienda con médicos especialistas.

Pero la tarea informativa no puede detenerse porque la situación se ha tornado difícil; al contrario en momentos como los que estamos viviendo es cuando más se necesita el periodismo verdadero, como con mucho tino lo dijo Tomás Eloy.

El periodismo no parte de elegir un trabajo agradable, con reconocimiento social y bien remunerado, sino que es un compromiso con el bien común, con las causas justas de la sociedad. En otras palabras, es un compromiso que se asume desde lo más profundo de la conciencia social; y alguien tiene que hacerlo, porque sin periodismo no existe el estado de derecho ni la democracia.

Pero también queremos dejar claro que el no dejar pasar ni una agresión más, nos compromete con nuestra información, a construir un muro paralelo contra la impunidad. Entre más nos comprometamos con nuestro periodismo, profundicemos, gastemos suela; reportemos nuestros propios problemas como periodistas, se abrirá una nueva brecha.

Esperamos que su presencia en México no sea un asunto de trámite o anecdotario, y más bien contribuya para comenzar un nuevo camino donde se respete la libertad de expresión, el derecho a la información y el ejercicio periodístico. Esperamos que no se vayan sin que el Estado mexicano, a través de ustedes, escuche la voz de indignación, de enojo de los reporteros del país. En el año 2004 vino la relatoría a Chilpancingo, en el año 2010 vino a Acapulco; también se llevó a cabo una reunión como la de hoy, pero hasta la fecha no percibimos aquí ningún resultado.

También esperamos que a partir de ahora se conviertan en vigilantes permanentes de la actuación de las autoridades de México en relación al ejercicio periodístico. A los organismos de derechos humanos que ya trabajan el tema de las agresiones en contra de reporteros, les pedimos que profundicen en las acciones que implementen y que su acompañamiento sea palpable.

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