Martín Solares.

Los mejores criminales tienen algo de heroico, y los mejores héroes pueden ser unos canallas: Martín Solares

Por: Acapulco Noir

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Originario del Golfo de México, con una amplia trayectoria como editor, Martín Solares ha incursionado con éxito en el ensayo literario, la novela fantástica y el cuento infantil, pero tienen en su expediente un par de novelas habitadas por policías: Los minutos negros y No manden flores, por eso se convirtió en sujeto de este interrogatorio.

¿Cómo fue tu primer encuentro con la novela negra?

Fue cuando leí La Ilíada. No he encontrado nada más noir y lleno de elementos fantásticos, nada tan bello e inspirador como ese libro en el que hay decenas de crímenes en cada capítulo y en el que los dioses conviven con personajes mortales. La historia de una guerra planeada como una larga venganza, llena de vericuetos y giros novelescos, aunada a ese lenguaje sublime hizo que me preguntara qué había tomado hasta ese momento por literatura. Y me dediqué a leer.

¿Qué autor de novela negra consideras indispensable?

Rubem Fonseca.

¿De quéescritor has leído máslibros?

Durante años sólo leí obras completas: todo Chandler, todo Hammet, todo Rubem Fonseca, casi todo Henning Mankell, buena parte de Patricia Highsmith, e incluso de Agatha Christie.

¿Cuálte parece el mejor detective de todos los tiempos y por qué?

Creo que hay una evolución: de los más cerebrales (Dupin, Holmes, Poirot) a los más duros (Spade, Marlowe) y de allí a los que adoptan el punto de vista del criminal (Ripley, Lisbeth Salander).

De todos los criminales literarios conocidos, ¿cuál te parece el mejor construido?

Pedro Páramo tiene toda mi admiración: hecho de rencores y recuerdos, de ternura y saña. Pero también los gemelos Klaus y Lucas, de Agota Kristof: el modo como Kristof los presenta, desarrolla y desaparece ante nuestros ojos es de lo más talentoso que he leído. Los mejores criminales tienen algo de heroico, y los mejores héroes pueden ser unos canallas. Aquiles y Odiseo terminan por parecernos seres ruines, ambiciosos y vengativos, incapaces de perdonar, mientras que los aparentemente despiadados Héctor y Príamo terminan por ganarse nuestros corazones. Como escribió Linda Seeger, ambos, buenos y malos, están convencidos de que lo que ellos desean constituye el bien absoluto, y matarían por alcanzarlo. En una gran novela negra, el mal es relativo: el corazón humano es mucho más complejo y misterioso que una simple división entre buenos y malos.

¿Quédebe tener una novela negra para atraparte?

No estar diseñada como una ecuación a resolver, sino contar una historia sobre el mundo y sus habitantes, de la cual no tendremos todas las claves ni siquiera en el momento de encontrar al criminal. El mundo es complejo, misterioso, sazonado por coincidencias y sorpresas inesperadas, al grado que a veces es fácil creer en el destino. Leyendo novelas uno aprende a creer en la aventura, la intuición y la inspiración.

Si la novela negra fuera un automóvil, ¿qué modelo sería?

Un Jeep blindado y muy negro, 4 x 4, todo terreno.

Y si fuera una bebida…

Un whisky para los que respetan la tradición.

Una cachaza para el mejor policía de Brasil.

Un vodka gimlet para los detectives rudos con el corazón roto.

Un tequila para los que buscan la verdad en México.

Un cognac para los poderosos que van a morir.

Un buen vino tinto, fresco y afrutado, para quienes están frente al mar y buscan gozar de la vida.

Una ciudad…

Los Ángeles. Ciudad de México. Cualquier ciudad en el Golfo o en el Pacífico, pero siempre frente al mar. Si me dan a elegir: Tampico, Puerto Vallarta, La Paz, Ensenada, Los Cabos, Punta Mita.

Si tú fueras una novela negra, ¿cuál sería tu título?

Hombre que escribe en la noche.

Visiones nocturnas.

La trama llama tres veces.

¿Quéte motiva a escribir novela negra?

Creo que la novela policial es la resurrección de la novela de aventuras. Su última hija con vida. La única que se pregunta rabiosamente por la mentira y la verdad. La que apuesta más alto a una trama perfecta; la que exige una lógica implacable, en las historias e imágenes invocadas.

¿Cómo eliges el crimen que quieres contar?

Me eligen a mí, siempre: me visita un puñado de imágenes misteriosas, que no me abandonan durante semanas, y cuando menos lo espero ya estoy tratando de resolver su contenido a través de la escritura de una novela criminal.

En el caso de Los minutos negros tuve una pesadilla que me obsesionó durante mucho tiempo: en el sueño yo escuchaba una voz que me planteaba un enigma y la única manera de resolver el enigma fue escribir una novela diurna, sobre un misterio nocturno. Una novela que empieza en una playa y termina en la selva.

En No manden flores la pesadilla la aporto la realidad: ese coctel de corrupción e impunidad en el que todos buceamos. En la que termino ahora regresan las pesadillas.

¿Quépeso tiene el concepto de impunidad en tu obra?

El mismo que en el país: está presente en todas partes, aunque los políticos y los criminales se esfuercen porque no se encuentre visible en ninguna.

¿Dónde ocurren tus historias y cuáles el peso del lugar en ellas?

He ambientado Los minutos negros y No manden flores en el Golfo de México: La primera en la ciudad de mi infancia, la segunda a lo largo de todo el estado de Tamaulipas. La que concluyo ahora ocurre en la selva huasteca, y terminé una novela breve que sucede en Europa. Sólo escribo sobre ciudades que aparecen en mis sueños.

¿Crees en los finales felices?

Siempre, aunque a veces quienes disfrutan esos finales felices no son necesariamente los héroes, sino los criminales.

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